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¿Quo vadis Pirate Bay?

Logo de Pirate Bay.

Logo de Pirate Bay.

Pirate Bay fue  noticia por ser condenada por una actividad perfectamente legal, el intercambio de contenidos sin ánimo de lucro, pero esto son luchas entre tiburones donde la carnaza son los autores de obras protegidas por copyright.

Hay muchas clases de tiburones, los más grandes son los gobiernos con sus leyes obsoletas, le siguen los lobbys de la propiedad intelectual, y últimamente ante la abundancia de comida aparecen un montón de nuevos tiburones de menor tamaño como Lulú, Pirate Bay, etc…

Defendí en su momento al tiburoncito Pirate Bay porque el tiburón grande que le pegó un buen bocado, atenta nada menos que contra el libre intercambio de contenidos sin ánimo de lucro, que es como decir atentar contra la libertad en Internet, pero ahora Pirate Bay va a jugar un nuevo juego y no sabemos cuál es, porque solo ha lanzado algunos breves comentarios.

Bajo una apariencia de mayor cobertura legal de los derechos del copyright podría esconderse una gestión fraudulenta de los mismos bajo condiciones de opacidad y de falta de control de los autores autoeditores sobre la distribución de sus obras, porque esto se está convirtiendo ya en el feo negocio de moda donde cada vez más gente quiere participar.

La compra de un negocio (Pirate Bay) que tiene problemas con la justicia vino acompañada de declaraciones muy ambiguas. Gaming Factory comentó «Nos gustaría introducir modelos en los que los proveedores de contenidos y los dueños de copyright sean pagados por los contenidos descargados del sitio».

¿Nuevos modelos de negocios? Los que hemos optado por fórmulas de autoedición debemos de estar alerta.

Lo único que me queda claro es que los negocios basados en compartir contenidos en Internet están surgiendo con una diversidad de modelos bajo una indefinición de derechos muy importante, y esto me recuerda el tema de Lulú. Aquí no hablamos de impresión bajo demanda, pero hay una idea que subyace detrás de todos estos modelos de negocio.

En Internet existe una gigantesca producción de contenidos que hasta ahora se difundían gratuitamente, pero muchas compañías se han dado cuenta de que pese al pequeño valor individual de cada una de estas innumerables obras que pululan por el océano de Internet, el valor global de todas ellas justifica salir a pescar en ese océano. El sistema consiste en poner un cebo atractivo para que los pequeños peces acudan y caigan en la red. El precio del almacenamiento de contenidos en formato electrónico es irrisorio así que no me extraña la proliferación de estas nuevas ofertas de negocio.

Esto podría conducir al desenfreno y a la duplicación de ofertas del mismo contenido alojado en una gran cantidad de sitios dedicados a este nuevo tipo de negocios y el caos puede ser brutal, porque el seguimiento adecuado de los beneficios generados por una obra ofrecida en un montón de sitios distintos bajo condiciones diferentes sería más complicada. Ya hay gente que incluso hace subcontratos con terceros para ampliar la oferta propia de distribución cediendo para ello los derechos de muchas obras bajo unas condiciones totalmente opacas para el autor que termina por perder toda noción de los innumerables negocios derivados de su obra.

Esta es la clave de todo el negocio. Arrebatar el control al autor que ni siquiera se da cuenta de ello. Creo que el autor no debe perder el control sobre su obra en ningún momento y no dejarse embaucar.

Desde que la compañía de software sueca Global Gaming Factory X (GGF) anunció la compra del portal sueco «The Pirate Bay», uno de los principales del mundo para intercambiar archivos por Internet, por 60 millones de coronas (5,5 millones de euros). Se han venido sucediendo una cascada de noticias y rumores.

Recordemos que desde hace dos años, The Pirate Bay venía trabajando en un proyecto destinado a competir con YouTube y con otros sitios de alojamiento de vídeos, llamado The Video Bay. Es una apuesta fuerte.

Pero ahora nos enteramos que la nueva Pirate Bay se plantea pagar a quien comparta archivos, de forma legal se entiende, porque si ya hubo problemas con el intercambio gratuito de contenidos protegidos por copyright esto otro ya sí que sería manifiestamente un delito importante. El pago se haría supuestamente gracias a lo que esta compañía pretende cobrar de las operadoras por aligerar el tráfico mediante descargas directas. No me queda claro.

Habrá que estar muy atentos a la concreción de estos nuevos modelos de negocios. Aquí todo el mundo quiere sacar tajada haciendo una labor de intermediación que en mi opinión es prescindible. Un autor en Internet puede llegar directamente a su público y ofertar su obra en formato electrónico. La tentación de incluir una obra en un gran catálogo ha de ser meditada y yo recomiendo a los autores que no hagan experimentos con obras propias especialmente valiosas. Si quieren probar que tal funciona una determinada oferta de distribución de contenidos deberían empezar probando con alguna obrita menor, y evaluar el tipo de control que les ofrece ese sistema de distribución.

La situación de indefinición legal permite casi todo en estos momentos. Una oportunidad y una estafa son opciones totalmente distintas y muchas veces no se nos ofrece la suficiente información para distinguirlas. La autoedición debería implicar independencia y libertad, pero dentro de la actual lluvia de ofertas no hay mucho que merezca la pena, porque lo que realmente aporta valor son los contenidos. Salvo casos excepcionales los demás aportan muy poco. Un autoeditor debería ser muy consciente de ello y tomarse las cosas con calma. Los atajos que ofrecen algunos pueden echar por tierra el futuro productivo de una obra. Vender un libro no es como vender un objeto cualquiera.

En la industria alimentaria hizo falta alguna que otra intoxicación masiva para que las leyes se reforzaran ofreciendo más protección. Cuando compramos un alimento este viene con una serie de datos en la etiqueta que son parte de los requisitos con los que debe cumplir la compañía para poder ofertarlo al público. En el otro extremo las ofertas en Internet por la gestión de contenidos sujetos a copyright son algo en lo que cada cual está ofreciendo libremente lo que le da la gana, y si sobre la marcha lo ven necesario te cambian las condiciones pactadas inicialmente y simplemente te destrozan con total impunidad. Es lo que tiene asumir la falta de transparencia y la pérdida de control sobre los beneficios generados como algo normal.

Pirate Bay se limita a lanzar un globo sonda, y yo pregunto con bastante recelo. ¿Quo vadis Pirate Bay?

Los nostálgicos lamentos del lobby de la propiedad intelectual.

Ni siquiera los medios de comunicación supuestamente defensores de la libertad, están por la labor de defender nuestras libertades ciudadanas en lo referente a temas básicos de comunicación. ¿Acaso no tenemos derecho de prescindir de intermediarios para acceder a la información y a la cultura?

El Juzgado de lo Penal 4 de Pamplona ha absuelto a Javier M.B. del delito contra la propiedad intelectual del que fue acusado por haberse descargado de Internet 3.322 películas y un número indeterminado de piezas musicales. La sentencia considera probada que estas descargas se realizaron sin consentimiento de los titulares de los derechos de autor» pero para «uso particular» o «intercambio con otros internautas». La reacción de los medios de comunicación ante una sentencia favorable a los internautas no ha sido la misma que cuando se dio el caso contrario en que fueron condenados.

El cuarto poder ya no es lo que era.

El cuarto poder ya no es lo que era.

Los mindundis que sustentamos con nuestro trabajo todo el sistema productivo, somos en realidad carne de cañón para los poderosos lobbys de la propiedad intelectual que eligen palabras como piratería, y delito para calificar los lícitos intercambios de contenidos sin ánimo de lucro. Estos son enemigos del progreso por pura melancolía de tiempos mejores donde no tenían que competir en un mundo con la libertad de comunicación que tenemos ahora. Tiempos donde toda forma de comunicación podía ser mediatizada controlada y rentabilizada para los intereses económicos de unos pocos. La imprenta, la radio y la televisión tenían esas características que tanto añoran ahora estos nostálgicos.

Pero Internet no es fácilmente controlable. Internet para estos lobbies es un invento diabólico. Antes  la difusión de contenidos estaba siempre  limitada mediatizada, centralizada y funcionaba de modo unidireccional, pero con Internet  se permite una comunicación plena de todos con todos a escala global y sin intermediarios. El victimismo de estos intermediarios es comprensible. «¡O tempora, o mores!» (¡Oh tiempos!, ¡oh costumbres!.) Un victimismo sumamente agresivo, poderoso en grado de incontenible habida cuenta de los fuertes intereses económicos que controlan.

Los cambios sociales derivados de la aparición de Internet, son por pura lógica muy profundos. Ese victimismo tan irresponsablemente aireado por los medios de comunicación que son parte de ese poderoso lobby parece ignorar que no solo el acceso a la cultura, sino muchas cosas más están cambiando de forma irreversible gracias a Internet. Conozco varias asociaciones culturales sin ánimo de lucro que han desaparecido o lo están pasando muy mal, porque cosas que antes solo podían obtenerse desde el asociacionismo, ahora se pueden conseguir  rápidamente entrando en Internet y sin necesidad de afiliarte o comprometerte con nadie y sin pagar una cuota. Podemos hacer una montaña de un grano de arena y culpar a Internet de la destrucción del asociacionismo,  del cine y otras industrias poderosas, y también de muchas cosas más, o por el contrario tirar para delante y aceptar que hemos elegido darnos un sistema de comunicación global que se ha convertido en un bien social básico importantísimo y que no puede medirse en euros o dólares.

La cultura no está amenazada por Internet. Lo que está siendo amenazado son los negocios que se lucran traficando con bienes culturales protegidos por unos derechos de autor desmedidos (en Europa 70 años después de la muerte del autor) y que solo buscan acaparar los ingresos de ese comercio que empieza a resultar absurdo para estos tiempos porque necesitan  inventar best sellers y elevar a sus autores en los altares de la fama y convertirles en millonarios para así poder generar pingües beneficios a la poderosa industria que ignora todo lo demás..

Entre otras cosas leemos menos libros porque ahora también leemos en Internet. Si el libro en papel desapareciera (lo dudo mucho) lo haría porque surgiría un formato mejor. El libro electrónico tiene muy baja aceptación pero ya es percibido como una amenaza por los negocios editoriales tradicionales.

Es tamos viendo como estos poderosos lobbies atacan los derechos de los internautas porque con Internet no sol,o se beneficia la economía de los poderosos sino que ha surgido una alternativa que permite un inmenso beneficio cultural para los ciudadanitos de a pie, y para colmo es gratis. Me temo que  esta competencia desigual es pese a todo legítima y eso es lo que molesta.

Muchas veces para localizar la clave de un asunto basta con hacerse las preguntas adecuadas porque lo que ocurre con los temas que afectan a los negocios de contenidos protegidos por Copyright, es que mueven tal cantidad de dinero que de facto se convierten en un poder incontenible bajo el cual sucumben las voluntades de los políticos y la presunta imparcialidad de los medios de comunicación.

E.Dans con un gran ojo crítico y con razones de sobra se pregunta: ¿Dónde están los titulares?

A los medios de comunicación les dedico una gran boñiga por su servilismo a los poderes fácticos que tanto agobian a los ciudadanos, y les hago ver que la libertad que tanto reclaman para sí mismos nos la niegan a los demás con la parcialidad de sus portadas. Vergüenza debería de darles.

 

 

¿Eres un pirata?

¿Vamos a meter en la cárcel a todo el que tenga copias privadas de música películas, libros, etc.?

El tema de la legalización de la copia privada es algo que se instauró hace años en casi todos los países con distinto nombre, y ello se hizo por simple necesidad, para evitar meter en la cárcel a la mayoría de la gente que desde el ámbito doméstico y fuera del control de los intermediarios industriales de la cultura, hacen copias para su propio uso y disfrute. Todo ello sin ánimo de lucro y haciendo uso de los recursos técnicos de almacenamiento y reproducción de contenidos. Primero fueron las cintas de música, luego la grabación de películas en el vídeo, y ahora Internet, dispositivos tipo mp3, etc.

Para que tales prácticas sean consideradas ilícitas se ha determinado que deben concurrir una serie de circunstancias, que a nadie le interesa explicar. En lugar de ello se desinforma, se intoxica, se recurre a la interpretación arbitraria de la ley, y se mete indiscriminadamente a todo lo que perjudique a la industria en el saco de la piratería para atemorizar a toda la sociedad y doblegarla.

Mantero en la calle.

Mantero en la calle. ¿Tú condenarías a este hombre a dos años de cárcel y 3000 euros de multa?

 

En la imagen vemos a una persona cometiendo un acto claramente ilícito, pero solo unos pocos estarían de acuerdo en condenar a esa persona a dos años de cárcel y a 3000 euros de multa por una actividad que les deja unos quince euros al día. Ya sabemos quienes son los defensores de este tipo de castigos ejemplares que rara vez caen sobre los mayoristas del pirateo. Algo está fallando.

En Internet también se está usando el mismo sistema de condenar a los débiles como Pirate Bay y perdonar a los poderosos como Google con la diferencia de en estos casos ni siquiera existe ilicitud punible. En el saco de la piratería tenemos un totum revolutum, que viene a significar algo del tipo «si perjudica a la industria de distribución de obras, es ilegal». Pero eso es pura intoxicación  pagada  con nuestros impuestos.

La libertad de Internet, al igual que la libertad en la calle, ha de ser absoluta exceptuando los casos de delitos perfectamente tipificados en los cuales ha de perseguirse a los culpables y no a todo el que se mueva. Las medidas encaminadas a hacerse con el control de Internet son nefastas. Solo les falta sacar los tanques a la calle, porque en el mundo virtual de Internet ya están sacando los tanques para aplastar la libertad.

¿Qué recibimos los ciudadanos a cambio?

Lo que recibimos es una cultura limitada a las estrellas mediáticas que nadan en la abundancia porque han logrado hacer ganar cantidades ingentes de dinero a la poderosa industria de la distribución. Cada día estoy más orgulloso de ser escritor y autoeditor. No es que me moleste la idea de ganar dinero, pero me asquea la forma en que se aplasta la creatividad de toda una sociedad en nombre de esa cultura de pomposa presencia mediática. No tengo ningún problema con el hecho de que autores como J.K.Rowling de origen humilde en solo cinco años lograra una de las mayores fortunas de Inglaterra, pero si ella ganó eso, ¿cuánto hizo ganar a sus editores? Repito no tengo problema con los autores, sino con la industria, porque la forma que tienen de ganar dinero, es criminalizar y coaccionar a la sociedad.

La sostenibilidad de los autores se podría haber logrado de una forma que armonizara los intereses de toda la sociedad, y la de todos los autores y no solo premiando, a los de mayor éxito comercial. Una cosa es premiar el éxito comercial, algo que me parece lícito, y otra muy distinta decir que eso se hace en beneficio de la cultura. La sociedad general de autores española no representa a los autores sino a unos pocos autores. En realidad representa a la industria.

Si eres legal eres legal

En el incesante intento de criminalización de la sociedad nos cuelan campañas como esta:

Cuando pirateas música, un videojuego o te bajas una película de Internet, no sólo estás perjudicando al autor a los intérpretes y en general, a todos los que tienen los derechos de propiedad intelectual.

Hay muchísimas personas más a las que estás haciendo un gran daño. Piensa que en la cadena de creación, producción y distribución de un producto cultural no solo participan los creadores, también hay otras personas involucradas que pueden llegar a quedarse sin su trabajo.

El daño que hace la piratería va mucho más lejos de lo que tú te habías imaginado.

He de decir que en la cadena de creación, producción y distribución de obras, interviene muchísima gente que puede perder su trabajo, y lo mismo pasa con la cadena de creación, producción y distribución de productos alimenticios, pero ni una cosa ni otra tienen una relación directa con la cultura. La distribución de alimentos es mucho más necesaria que la distribución de la cultura porque esta última lo único que necesita para llegar al consumidor es que se le dé acceso a ella. La maravilla moderna de Internet no gusta a todos porque hay poderosos negocios que en una sociedad de la información están perdiendo su razón de ser. Si eres legal no intoxiques. La opinión pública no necesita ser aleccionada por los intereses de la industria.

 

Poniendo los puntos sobre las íes.

(Puedes leer primero este apartado y luego volver a releerlo visitando los enlaces propuestos que son bastantes)

Recientemente ya hablé sobre el Atentado a la cultura en el nombre de la cultura, y con ocasión del nombramiento de la ministra González Sinde me hice eco del  Clamor en la red, que tal hecho suscitó. Para entender los motivos de todo esto resulta interesante repasar la  Historia del libro y los derechos de autor en el Día Internacional del Libro, derechos que ya nacieron con una clara orientación de protección a la industria. Es decir, las leyes tuvieron un origen basado en intereses económicos . Así pues, nada debe sorprendernos si descubrimos que González-Sinde se estrena con ayudas al cine y bordea la incompatibilidad, y que  El juez del caso contra ‘The Pirate Bay’, está acusado de pertenecer a grupos pro derechos de autor. La injusticia de la sentencia contra Pirate Bay no solo se explica por sí sola, (no alojaban contenidos ilícitos) sino que explica la reacción del condenado. Peter Sunde: «Prefiero quemar todas mis pertenencias antes de pagar la indemnización que exigen a Pirate Bay». No es para menos, si se aplicara los mismos argumentos a los poderosos que a los débiles deberíamos aceptar que Google, es el nuevo Pirate Bay, y aplicarles en consecuencia el mismo castigo.

Si suprimimos los buscadores en Internet nos cargamos Internet. La libertad de terminar accediendo a un contenido ilícito es algo que molesta comprensiblemente a los perjudicados, pero ¿porque no se esfuerzan en lograr que los verdaderos piratas paguen sus fechorías en lugar de atacarnos a todos de forma indiscriminada? Ante este cúmulo de despropósitos La reacción de los internautas ha sido contundente, pero todo se queda en la protesta y en el pataleo, y puede que esto no baste. No basta porque el juego limpio brilla por su ausencia. La estrategia del miedo da buenos resultados, Comienzan a cerrar las páginas de enlaces P2P por temor a nuevas demandas.Es probable que a nivel doméstico la gente también se retraiga de hacer uso de la copia legal.

Se está definiendo el marco jurídico de la sociedad de la información, al margen de la sociedad, y en contra de sus intereses para beneficio exclusivo de las grandes corporaciones con el beneplácito de la clase política. Regulación de Internet… ¿Qué está pasando? ¡Queremos respuestas.

Se les llena la boca hablando del derecho de los autores, pero la realidad es otra. Practicar el ‘top manta’ se castiga hasta con dos años de cárcel – En plena crisis de las discográficas, un colectivo pide la despenalización; el vendedor, dicen, paga por todos. El músico se apiada del ‘mantero’

Sabemos que los detractores de los avances tecnológicos no son un fenómeno reciente. Las discográficas y la industria del cine odian la tecnología desde 1887, lo realmente nuevo es la agresividad de estos enemigos y el aumento de poder de los mismos derivado precisamente de los enormes negocios globales y de las cifras de dinero que manejan. Me temo que las democracias estén cayendo progresivamente en manos de los intereses de grandes multinacionales y la cultura es una víctima más. Internet es un punto estratégico en la lucha por las libertades. La mínima cesión de libertad en Internet ante estos colosos del capitalismo global supone una auténtica derrota de la sociedad. Hay demasiado en juego para permanecer indiferentes.

 

Atentado a la cultura en el nombre de la cultura.

Los escritores deberíamos tener mucho cuidado con las medidas que se promueven supuestamente para favorecernos y para poder hacer sostenible nuestra actividad creativa, porque cada vez necesitamos de menos de intermediarios para llegar directamente a nuestro público y la industria de la distribución se siente muy amenazada.

Esta industria vive de los grandes éxitos comerciales de unos pocos autores, y solo le interesa defender los intereses de estos que ya superaron el problema de la sostenibilidad de su labor creativa. Otros que luchan por abrirse camino en el mundo editorial tenemos que ver como se usa nuestro nombre para defender los intereses de la industria de la distribución de obras culturales.

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Ángeles González Sinde (Euro vs. Copyright)

El énfasis actualmente no se está poniendo en la cultura sino en los beneficios derivados de la misma, y eso es tremendamente lesivo para la cultura. Tengo que decir que algunas veces he comprado alguna obra de enorme éxito comercial y luego me he preguntado como demonios ha llegado a tener éxito algo tan malísimo. No podemos subestimar el efecto del marketing y pensar que si una cosa se vende es porque es buena y si no se vende es porque es mala. Valorar la calidad cultural de una obra exclusivamente con criterios comerciales es algo que me parece correcto para una industria editorial, pero a la sociedad hay que ofrecerla algo más.

El Copyright usado abusivamente tiene un efecto perverso. Ya me pronuncie sobre el grave problema de las obras huérfanas causado por el Copyright. Nadie las usa porque suponen el riesgo de ser demandados y no hay forma de garantizar el contacto con todos los propietarios de los derechos intelectuales. El 98% del caudal cultural en España se pierde mucho antes de que expire su Copyright. Esto significa que se está legislando únicamente para ese 2% de obras de gran éxito que tanto interesa a la industria. ¿Acaso el otro 98% no es cultura?  En 2006 se propuso una enmienda a la Ley 23/2006, de 7 de julio, de reforma de la LPI, para permitir el libre uso de obras huérfanas, pero no prosperó. En EE.UU. el propietario de los derechos de propiedad intelectual debe pedir la prolongación del periodo de copyright, y si no tiene lugar ese trámite el libro pasa al dominio público. No solo nadie pierde con eso, sino que la sociedad gana acceso a ese contenido.

La Ministra de Cultura Ángeles González Sinde apoya la extensión del Copyright a 95 años

La vigente Ley de Propiedad Intelectual (LPI) data de 11 de noviembre de 1987.Los derechos de explotación de la obra duran toda la vida del autor y 70 años después de su muerte o declaración del fallecimiento. ¿Si con 70 años de copyright estamos perdiendo el 98% de las obras, cuantas se perderán con 95 años de Copyright?

Esta ministra no me representa, tienen intereses en la industria de distribución de obras culturales y pretende legislar favoreciendo su propio negocio. Más información aquí: El problema de ser juez y parte.

Yo me pregunto, la ley de incompatibilidad para que narices está. ¿Acaso no está legislando para su propio beneficio?

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