Es evidente que cualquier texto con mala ortografía produce una sensación desagradable en el lector. Yo admito no tener facilidad para escribir sin faltas de ortografía. De primera intención escribo siempre con faltas. Necesito repasar con bastante atención para limpiar de faltas mis escritos, pero creo que eso es algo bastante normal. La gente que achaca sistemáticamente las faltas de ortografía a la incultura, es gente que prejuzga con una ligereza considerable.

Va a parecer que solo sé hablar de mí mismo, pero tengo mucho que decir sobre este tema, aunque seguramente no me beneficiará mucho hablar de ello. Es más, puede que sirva para que una parte de los que lean esto se formen una imagen de mí que no corresponda con la realidad, pero pienso que es necesario hablar de esto, no ya por mí, sino por otros que podrían padecer situaciones parecidas a las que yo tuve que padecer de joven. Esto va a ser un alegato en toda regla sobre la dislexia y la disgrafia. Son palabras que no he querido poner en el título, porque yo no espero que la gente comprenda lo que significan. Me conformo con que al que comete faltas de ortografía se le conceda el beneficio de la duda respecto a su nivel cultural.

Personalmente el problema de mi dislexia infantil y juvenil lo considero superado casi completamente. Lo que pretendo es hacer comprender que no todos somos iguales, y que juzgar a otra persona por comparación con uno mismo suele llevar a engaño. En especial si se trata de juzgar capacidades mentales del tipo que sean, y en especial me preocupa la valoración que algunos hacen del tema de la ortografía.

Me parece bien fomentar el correcto uso del lenguaje y sus formas de expresión oral y escrita, pero de eso a considerar que la ortografía es vara de medir la cultura o la inteligencia de las personas hay un abismo. No tengo actualmente problemas, pero los tuve cuando era un joven estudiante, y no por falta de esfuerzo ni por tonto.

En mi caso siempre tuve que esforzarme un poco más que los demás para conseguir escribir sin faltas de ortografía. Mi madre me las hacía pasar canutas los veranos porque era de las que pensaba que la letra con sangre entra, y no toleraba que su hijo tuviera mala ortografía. Me machacó muchas vacaciones sin piedad, eso sí, con la mejor intención. Mientras los demás niños jugaban, yo hacía dictados durante varias horas, y otros ejercicios, todos los días en vacaciones.

No entiendo que exista gente se atreva a calificar la dislexia o la disgrafia de mera excusa, sin tener ni remota idea de en que consiste. La dislexia es algo que poco a poco se va superando, porque la mente humana tiene una alta capacidad de adaptarse y de aprender. Yo tuve una disgrafia muy fuerte a corta edad. Incluso en párvulos tenía escritura en espejo. Es algo superable, actualmente soy licenciado en ciencias biológicas y diplomado en Informática, y espero ser ahora escritor. Que no le extrañe a nadie si al firmar cometo alguna falta de ortografía en mi propio nombre. El trazo de la firma ha de ser rápido, y eso hace que de vez en cuando se pierda una letra por el camino porque para un disgráfico eso de escribir varias letras rápidamente de un tirón es complicado. La escritura de un disgráfico no es algo automatizado. Requiere un control superior al que realiza una persona que no tiene esa dificultad.

Si bien a nadie se le tacharía de inculto por confundir los colores, con la excusa del daltonismo, lo de la dislexia o disgrafia parece para algunos intransigentes que tiene categoría de excusa. Cuando yo hice la reválida te suspendían si tenías más de dos faltas de ortografía, y la situación no ha variado mucho. Ahora en la selectividad también se ponen muy rigurosos con ese tema.

Para un disléxico o disgráfico con afán de superación y paciencia se pueden superar todas las dificultades. Las zonas del cerebro que normalmente se usan para aprender unas cosas se pueden usar para aprender otras. Todos sabemos que los niños pequeños de corta edad tienen una gran facilidad para aprender idiomas. Los aprenden con la misma facilidad que la lengua materna. Un adulto cuando necesita aprender un nuevo idioma también puede conseguirlo, pero necesitará mucho mayor esfuerzo. Eso no significa que el adulto sea más tonto que el niño. El niño usa una parte distinta de su cerebro que el adulto. Esto se ha comprobado mirando las zonas que se activan en el cerebro en cada caso.

La dislexia se puede definir como una discrepancia entre el potencial de aprendizaje y el nivel de rendimiento de un sujeto. En otras palabras un disléxico por el mero hecho de ser disléxico no tiene ningún límite a su nivel de aprendizaje. Por poner solo un ejemplo, para un disléxico o digrafico, la q,p,d,b son la misma cosa colocada de modo distinto y les cuesta distinguirlas.

Penalizar a un disléxico o a un disgráfico por su ortografía, es como poner una zancadilla a un cojo por el hecho de ser cojo.

La tolerancia con la ortografía se suele otorgar al que sabemos no le va a afectar nuestra opinión. Aquellos que por su estatus no necesitan demostrar nada, si se pueden permitir escribir como les dé la gana. ‘La parábola del náufrago’ tuve que leérmela porque era un trabajo de clase, y el señor Miguel de Libes, se permitió escribir todo el libro sin signos tipográficos de puntuación. Los sustituyó por las palabras coma, punto, punto y coma, etc. No fue fácil leer aquel libro. Otro ejemplo más reciente es un libro escrito en el lenguaje de los SMS.

http://www.laflecha.net/canales/curiosidades/200401281/

Escrito por el señor Phil Marso que ni siquiera es un defensor del teléfono móvil, pero es una cara conocida, y tiene el estatus de los que no tienen nada que demostrar, así que el editor encantado de tener algo que publicar de este ilustre señor, porque seguro que se vende.

Otros usan la K como signo de identidad, o como provocación graciosa, o como medio de disimular faltas mayores sin tener que esforzarse. Supongo que es una forma de ciscarse en las normas.

Sin embargo, hay gente que escribe con faltas pese a intentar no cometerlas, y que no tienen la intención de castigar a sus lectores. Yo confieso que me está costando mucho la disciplina de hacer de corrector ortográfico y de estilo de mis propios escritos. Es un suplicio infernal, pero también es cierto que con la práctica se va mejorando.

Los problemas con la expresión oral suelen gozar de mayor compresión que los problemas con la expresión escrita. Me refiero a que no solemos tachar de inculto a un gangoso o a un tartamudo por expresarse con dificultad. Entre otras cosas porque lo tienes delante cuando te habla y lo mismo no le sienta bien. Tener mala ortografía no implica necesariamente tener un bajo nivel cultural pero se admite como condición sospechosa. Precisamente por esa condición de sospechoso de incultura, el escritor ha de escribir bien y sin faltas, hay que asumirlo como una cuestión de auto imagen. En un escritor novel es muy importante no causar una mala impresión. Yo hago lo que puedo, pero no estoy dispuesto a gastarme un dineral en correctores profesionales. Como autoeditor, busco ser autosuficiente en el máximo número de temas porque si no, la cosa no funcionará. Mejor o peor yo mismo me estoy corrigiendo mi ortografía, y es una pesadez. Tampoco cometo tantas faltas cuando me esmero ¿Verdad?

Algunos intelectuales se han planteado ya reformar la ortografía.

Cita de ‘elpais.com’

«Gabriel García Márquez tiró hace 10 años, en el primer Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas (México), un «mensaje en una botella» sobre la necesidad de «jubilar la ortografía»: plantearse la desaparición de la hache, unificar las bes y las uves, jotas y ges… Esa botella reapareció ayer metafóricamente ante las costas colombianas de Medellín, en la presentación del XIII Congreso de la Asociación de las Academias de la Lengua Española y que, por contenido, lleva camino de convertirse en el más importante para el castellano de los últimos años.» http://www.elpais.com/articulo/cultura/academicos/preparan/nueva/Ortografia/…

También aquí podemos leer la defensa que hace García Marquez de la simplificación de la gramática.

http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm6.htm

Conste que yo no me identifico con las opiniones de García Marquez, porque creo que la ortografía está muy bien como está, y porque no creo que nadie deba intentar cambiar algo que simplemente cambia por sí mismo cuando la gente lo usa. La Real academia de la lengua en realidad no es autoridad de nada. Simplemente informa, y si intentara ir más allá se estaría extralimitando. Lo que en mi opinión no está bien, es otorgar a la ortografía un valor tal, que permita prejuzgar al escritor. Una estupidez bien escrita sigue siendo una estupidez, y un maravilloso pensamiento escrito con incorrección sigue siendo maravilloso. Difícilmente un gangoso o un tartamudo se convertirán en buenos oradores, pero sus palabras y sus pensamientos son igual de valiosos. La ortografía es el envoltorio y puedo admitir que tiene su importancia, y más aún en un libro, pero sin un contenido que merezca la pena …, ¿de que sirve?

El pensamiento se describe como una especie voz inaudible en nuestro interior, porque el soporte del pensamiento es el lenguaje hablado.

La calidad de un escritor es la calidad de su pensamiento y nadie comete faltas de ortografía cuando piensa.

Cuando en Internet alguien me reprende por mis faltas de ortografía en tono despectivo u ofensivo, haciendo gala de la peor educación posible, lo que hago es buscar lo que él ha escrito, le busco sus faltas de ortografía y le pongo a caldo, porque todavía no encontré a ningún listillo que no cometa faltas de ortografía. Generalmente la gente escribe rápido en Internet, y su nivel de atención a la ortografía es bastante bajo.

Es evidente que escribir un libro no es lo mismo. Se asume que un libro ha de venir con pocas faltas de ortografía, y es lógico. Es lo mínimo que me recen los lectores, pero yo he visto faltas de ortografía importantes en muchos libros Bestsellers, y tampoco hay que dramatizar, ni sobrevalorar una buena herramienta como la ortografía.

La sabiduría y la soberbia están totalmente reñidas, y el sabio necesariamente ha de ser humilde y tolerante. El que escribe debe poner mucho de su parte, porque lo que escribe va destinado a muchos, pero si el que lee no pone nada de suya, será difícil que asimile gran cosa, porque el sabio aprende incluso de necio, pero el necio no aprenderá ni siquiera del sabio.

Algunos disléxicos famosos fueron:

  • Winston Churchill: Considerable retraso escolar.
  • Albert Einstein: Mentalmente lento según sus profesores. No logró leer hasta lo nueve años.
  • Walt Disney:
  • Agatha Christie: Su familia la consideraba medio retrasada mental.
  • Thomas Edison: Sus profesores y su familia le consideraban un niño estúpido y torpe.

Estos y algunos otros en mayor o menor medida, también con problemas de dislexias o disgrafia son o fueron: Georges Bernard Shaw, Kipling, Hans Christian Andersen, Esther Freud, Agatha Christie, Ernest Hemingway, Pablo Ruiz Picasso, Vincent VanGogh, Leonardo Da Vinci, Mozart, General George S.Patton, Georges Washington, William Childs, Nelson Rockefeller, John F. Kennedy, Robert Kennedy, Eisenhower, Isaac Newton, James Lovelock, Charles Darwin, Galileo, Louis Pasteur,Alexander Graham Bell, Bill Gates, Richard Strauss, Henry Ford, Ronald Davis, Tom Cruise, Johny Deep, Harrison Ford, Marlon Brando, Salma Hayed, Robin Williams, Dustin Hoffman, Jack Nicholson, Fred Astaire, Harry Belafonte, Oliver Reed, Georges Lucas, Tarantino…

La dislexia es sin duda una desventaja, pero no es una desventaja absoluta. Para cierto tipo de problemas, parece que supone algún tipo de ventaja.

No tiene nada de extraño que un disléxico resuelva problemas que muchos otros no aciertan a resolver. Usan el cerebro de otra forma. Yo tenía a mis profesores desconcertados. Tenía malas notas pero cuando el profesor hacía alguna pregunta que se salía de lo normal, el que daba con la respuesta era yo, y más de una vez dejaba alucinado al profesor y al resto de los alumnos. Modestia aparte siempre he tenido una chispa especial para las preguntas difíciles. Me resultó muy útil en el examen de reválida de matemáticas. Me concedieron la gracia de presentarme al examen de reválida, pese al bajo nivel de mis notas y catearon a todos los de mi clase excepto a mí y a otro compañero (quizás también era disléxico). El problema era resolver una ecuación. Recuerdo que era una ecuación que se salía un poco de lo que nos habían enseñado. Había que darse cuenta que podía ser convertida en una ecuación de segundo grado. En la facultad de informática pusieron un problema que la gente tardó unos veinte minutos en resolver. Yo tarde dos minutos. En lugar de plantear un sistema de ecuaciones para cada nodo del circuito eléctrico (un cubo cuyas aristas eran resistencias idénticas) yo empecé a simplificar. Aplasté mentalmente el cubo, eliminé las resistencias que unían puntos con la misma diferencia de potencial y me quedó una cosa súper simple. El profesor y la clase alucinaron con mi forma de resolver el problema. Recuerdo un examen de física que cateó mucha gente. Pusieron un problema de una piedra que caía. La gente estaba acostumbrada a resolver problemas en clase con la bola cae, la bola rueda, la bola choca, y en el examen en lugar de bola pusieron una piedra. ¿Verdad que es gracioso? Pues esto pasó en un parcial segundo de la carrera de informática.

Una cualidad que creo nos caracteriza a los disléxicos y disgráficos, (no a todos claro), es nuestra tenacidad. Necesitamos esa tenacidad. Edison para inventar la bombilla, probó con cien filamentos antes de lograr uno que sirviera.

Personalmente me considero una persona más racional que emocional, y con alto sentido común, o por decirlo de otra forma, considero que no soy demasiado dado al autoengaño. Quizás mi afición a la ciencia ficción en su modalidad ‘hard’ tenga que ver con esto.

Actualmente la educación infantil durante los primeros años antes de aprender a leer, está muy orientada a prevenir la aparición de la dislexia y la disgrafia, y lo cierto es que es un sistema pedagógico muy efectivo. Antes de enseñar a leer y a escribir se les enseña a los críos a comparar unas cosas y otras. A situarse y a situar las cosas correctamente en el tiempo y en el espacio. Conceptos de derecha, izquierda, grande, mediano, pequeño, más grande, más pequeño, el más grande, el más pequeño, último, primero, etc. Con ello se ha logrado minimizar la aparición de fenómenos de la dislexia que se convierten en una carga extra durante un montón de años, aunque no para siempre. Parece que yo nací un poco antes de tiempo, estas cosas no se conocían.

Para terminar quisiera recomendar un librito de ortografía a todos los que como yo, carecen de la facilidad de escribir sin faltas, y que tienen algunas dudas. Es un librito que incide especialmente en esas faltas de ortografía que los correctores ortográficos integrados en los editores no detectan fácilmente. Por ejemplo el acento diacrítico y cosas así.

Es el libro de Santyago Moro. «Cómo escribir correctamente» http://www.lulu.com/content/1259980

Lo normal es que una persona con una ortografía no demasiado mala, y con ayuda de un corrector ortográfico integrado en su editor, evite cometer cierto tipo de faltas, y por el contrario tenga dudas con una serie de palabras que estos correctores ortográficos no detectan. Este libro tiene un enfoque muy práctico porque asume nociones básicas de puntuación y ortografía y se centra en el tipo de dudas que con más frecuencia su autor ha tropezado cuando ha tenido que corregir alguna novela, y yo lo recomiendo.