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¿Es útil el copyleft para un escritor autoeditor? (2ª parte)

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En la primera parte me extendí bastante, pero con el tiempo te das cuenta de que algunas cosas importantes quedaron en el tintero, y tampoco creo que esté de más insistir un poco en este tema donde existen en mi opinión demasiados prejuicios.

Para que se entienda el potencial del Copyleft tendré que dar un gran rodeo que permita destacar las diferencias estratégicas en el marketing de las editoriales tradicionales respecto a las estrategias asumibles en la autoedición. Ya anticipo que la clave de todo el asunto es Internet. Empecemos antes que nada matizando algunos conceptos.

¿Es autoedición todo aquello que lo parece?

La autoedición es una fórmula en la cual caben muchas variantes. Hay empresas como Lulú, Bubok, Google, que han puesto sus ojos en aquellos contenidos que por un motivo u otro sus autores no han logrado ser apadrinados por ninguna editorial, ni tienen trato alguno con el mundo tradicional de la distribución de obras culturales. Tal suerte ocurre rara vez ya que implica una apuesta de estos empresarios que viven de concentrar sus esfuerzos en un reducido número de obras y autores que resultan más prometedores para así intentar convertirlos de Best Sellers.

Por otra, parte está surgiendo un tipo de negocio muy distinto derivado del hecho de que las obras literarias pueden ser almacenadas en soporte digital y el abaratamiento de los soportes de Información hace que el coste de gestionar un enorme repositorio de contenidos electrónicos resulte ridículo. Igualmente, montar una infraestructura en la web para ofertar obras en un catálogo, es algo técnicamente sencillo y que no demanda grandes medios. Por todo ello la comercialización de obras literarias en soporte electrónico, ofreciendo incluso el servicio de impresión bajo demanda, es un negocio redondo.

El problema actualmente para los escritores noveles que se plantean usar este tipo de soluciones, es que la mayor parte de estos negocios funcionan ofertando el mismo margen comercial al que vende un solo libro que al que vende 100.000. Esto es así porque la inmensa mayoría de su oferta trabaja con autores que publican poco y mal. La mayor parte de los usuarios de estos nuevos canales de distribución basados en documentos digitales son autoconsumidores que desean ver su obra impresa para verla en sus manos o para regalar algún ejemplar. Es lo que muy acertadamente se está empezando a llamar ‘publicación de vanidad’ sobre la cual ya publiqué un artículo. Autoedición vs publicación de vanidad.

Por lo tanto, estos servicios cumplen una función interesante para este sector y para este tipo de usuarios, pero la oferta de las empresas que promueven estos servicios resulta engañosa porque por motivos de imagen de negocio dirigen su publicidad a los escritores autoeditores que tienen el sueño de poder llegar a vivir de ello algún día. Por ello hablan de royalties y hacen sentir a sus usuarios como si fueran candidatos a la fama, pero lo hacen gestionando el negocio con tanta opacidad que el autor que cede su obra en estos sitios jamás tendrá idea de los beneficios reales que su obra está generando debido a las contratas, y subcontratas de servicios que son gestionados de forma opaca y que no obstante repercutirán en el coste de los productos comercializados bajo un concepto mal detallado que calificaran genéricamente de gastos y que escapará a la consideración de los derechos de royalties. Tendremos gastos de producción, de gestión, de transporte, o de cualquier otra cosa, y lo que es peor se puede llegar a perder todo el control sobre los derechos de explotación de la obra si se opta por permitir que a su vez estas empresas se cedan derechos unas a otras con el pretexto de ampliar la cobertura de distribución que en la práctica solo supondrá figurar en catálogos cada vez más grandes sin que eso acreciente significativamente la visibilidad de la oferta de la obra. El compromiso promocional, de calidad, o de respeto de los derechos por parte de todas estas empresas de servicios integrales es muy deficiente. Los autores que ceden sus derechos simplemente actúan confiando en un sistema opaco y sin garantías. Es un mal sistema para escritores con vocación profesional. Para la publicación de vanidad en cambio son muy buenos sistemas.

Aquellos que deciden controlar cada una de las facetas del negocio de autoedición. Eso implica contratar uno mismo todos los servicios que necesite sin ceder un solo derecho de la obra a nadie y sin asumir gestiones opacas por parte de terceros. Publicidad, impresión, distribución minorista, entre otras, serán tareas de las que habrá que ocuparse de hacer o de gestionar uno mismo y si alguien cree que una persona no puede conseguir estos servicios a precios muy competitivos se equivoca.No son trabajos triviales, pero todo se aprende y no hace falta hacer grades inversiones económicas aunque eso se tendrá que compensar con esfuerzo personal.

Por los motivos ya expuestos,  me voy a centrar en las opciones de autopromoción para los autoeditores totalmente independientes como yo, porque el resto para mí no es verdadera autoedición.

Copyleft vs Copyright.

También me parece necesario aclarar estos conceptos y analizar sus repercusiones en Internet. El copyright habla de propiedad y la propiedad es algo que aplicado a un intangible se convierte en un mero truco del lenguaje. El copyright jamás dará problemas para obras de arte tales como esculturas o pinturas. Existe un soporte material íntimamente ligado a la obra que sirve de autentificación de la misma. Puedes hacer copias de un Picasso pero no serán un Picasso por bien hechas que estén. Para que existiera el problema tendrían que ser totalmente indistinguibles del original y existir la duda de la autenticidad.

El problema surge cuando hablamos de obras como la literatura, música, películas, o software donde lo que se comercializa son las copias. Estas están basadas en un trabajo original de un autor que reclama sus derechos, algunas veces cedidos o mediatizados por terceros, entrando ya en este tema la industria de los contenidos protegidos por copyright que lo desvirtúa todo el concepto de copyright porque acaso algún contenido no está basado o inspirado en obras anteriores?

Se puede llegar a casos surrealistas, como el reciente caso de la SGAE que pide 32.000 euros por los derechos de una adaptación de  Francisco Brines de la obra clásica ‘el alcalde de Zalamea’ de  Calderón de la Barca. Estudió derecho en Deusto, Valencia y Salamanca, y cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid. Está considerado uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. Fue profesor de español en la Universidad de Oxford, y en 1988 revisó y adaptó el texto de «El alcalde de Zalamea», y la SGAE reclama los derechos de las representaciones llevadas a cabo desde aquella fecha hace 21 años.

Hay que reconocer que la sostenibilidad de los autores necesitaba de la concesión de derechos a los autores sobre sus obras. Incluso hay que reconocer que el concepto extraño de Copyright (propiedad sobre un bien inmaterial) es algo que ha estado funcionando razonablemente bien durante mucho tiempo gracias a que el proceso de copiado era algo que no podían hacer los particulares. Solo la industria podía hacerlo y esas normas se inventaron para que solo las industrias autorizadas por la cesión de derechos pudieran beneficiarse de esas obras. De esta forma, se lograba premiar la productividad de los autores y todos contentos.

No es ninguna casualidad que fuera Antonio de Nebrija, el creador de la célebre obra ‘Grammatica’ e impulsor de la imprenta en la Universidad de Salamanca a fines del siglo XV el que reclamara por primera vez tales derechos de copia.

Fueron leyes que regulaban la explotación industrial de contenidos. Sólo la industria era capaz de editar obras de literatura, de música,  o de cine, pero los avances tecnológicos han complicado la visión simplista del Copyright diseñadas a finales del siglo XV no solo para la defensa de los derechos de los autores, sino para ordenar el negocio de la venta de copias por parte de la industria.

Por ello el primer problema surgió la tecnología puso en manos de particulares la realización de copias de obras. Concretamente  cuando aparecieron las primeras cintas de casetes con música y la gente masivamente se dedicó a grabar obras musicales. En ese momento se pensó que no era práctico criminalizar a toda la sociedad por la realización de copias, y se optó por el concepto de canon que se aplicó igualmente a las fotocopiadoras a los reproductores de vídeo y últimamente se ha extendido a tantos medios de reproducción y almacenamiento de contenidos que se ha convertido en una especie que impuesto encubierto gestionado de forma muy opaca por un poderoso lobby que dice representar a los autores cuando en realidad representa más a la industria que a los autores, porque los autores de éxito son parte de la industria, pero no todos los autores son autores de éxito y estos últimos pintan muy poco en estas instituciones de gestión de derechos de autores.

Los que argumentan que estas leyes se pensaron para proteger a los autores y a la cultura en general, olvidan que en estos tiempos no hay plagio sin castigo. El plagio es un robo. Siempre se ha considerado así pero a diferencia de este siempre se ha considerado culturalmente aceptable el robo con asesinato. Quiero decir que, plagiar a un autor y superarle ampliamente, tiene incluso el premio del reconocimiento. El problema no es que Avellaneda plagiara el Quijote, sino que lo hiciera sin aportar ningún valor extra sobre la obra original. De hecho, el Quijote es una obra que satiriza magistralmente el género de novelas de caballería de aquella época incorporando para ello los tópicos oportunos, pero aportando una calidad literaria magistral. Hubo dos continuaciones del Quijote: Una fue compuesta y publicada en Tarragona en 1614 por Alonso Fernández de Avellaneda, y la segunda fue la del propio Miguel de Cervantes, publicada en Madrid en 1615. Ni ahora ni antes el plagio ha constituido una amenaza real para la cultura. Se trata de una práctica poco ética e indigna que delata con suma facilidad a los farsantes.

Para desgracia de la industria llegó Internet y todo atisbo de control sobre la distribución de contenidos empezó a diluirse como un azucarrillo. La industria y la política pusieron toda clase de barreras al campo del derecho de copia sin conseguir mermar el libre intercambio de información entre particulares sujeta a copyright, que por otra parte es legal y en base a eso se nos hace pagar un canon escandaloso.

Aclaración sobre mi particular punto de vista sobre los diferentes movimientos ideológicos en torno a la cultura:

Tengo que aclarar que yo defiendo el Copyleft para casos concretos por motivos prácticos como una opción interesante que los autores pueden voluntariamente elegir. No soy un ideólogo de la Cultura Libre, porque no deja de ser una ideología, y soy contrario a cualquier tipo de ideología. Para mí ideología es sinónimo de borreguismo. Hay muchas ideas interesantes en el concepto de Cultura Libre. La gente haría bien en leer libros sobre estos temas para despegarse un poco de conceptos un tanto anticuados. En esta ideología se pone de manifiesto el enorme despropósito del modelo cultural actual basado en el negocio, pero por encima de todo yo defiendo la libertad individual, y no se puede destruir un modelo sin construir otro que permita la sostenibilidad de los autores.

Pasar del modelo actual al modelo de Cultura Libre es algo que no va a ocurrir. Los nuevos tiempos y la sociedad de la información van a forzar importantes cambios de forma gradual pero profunda.  La ideología de la Cultura Libre está cargada de aciertos, pero se enfoca excesivamente en los consumidores de la cultura. Para mí el término Copyright es muy inadecuado. Eso lo comparto con la propuesta del modelo de Cultura Libre, pero La Cultura Libre aboga por la supresión total de derechos, y yo no. Yo creo que simplemente habría que hablar de derechos de explotación (actualmente desproporcionados) y moderarlos razonablemente.

Por otra parte entidades como la SGAE constituidas como poder fáctico al margen del control democrático son una auténtica vergüenza. Ni siquiera tienen un auténtico control interno por parte de sus socios, mucho menos por parte de la ciudadanía que tiene que ver como actuan con total prepotencia y desmedida avaricia recaudatoria.

¿Si se trata de hacer sostenible el trabajo de los autores creativos. porqué se promueve un modelo donde la mayoría de los autores apenas tienen para sobrevivir y unos pocos son multimillonarios? ¿Tiene eso algo que ver con la cultura? Los derechos de los autores deberían ser diseñados sin tener para nada en cuenta las pretensiones industriales que son las que más pesan actualmente en todo este tema, y que introducen una distorsión muy contraproducente para el propio desarrollo de la cultura.

Todo esto es solo una reflexión personal, si yo pretendiera que todo el mundo opinara como yo, sería ideología. Creo que cada cual debe tomar la ideas que le convenzan y aplicarlas de forma coerente a su propia filosofía de vida.

¿Cuál es la mejor estrategia de marketing para autoeditores?

Da igual cual sea el negocio en cuestión, la parte más difícil siempre es la venta, y las editoriales tradicionales solucionan este problema asumiendo entre otras esa responsabilidad a cambio de la cesión de derechos y a negociar unos royalties con los autores.

Por lo tanto, el mayor desafío para un autoeditor es llegar a su público, y darse a conocer, en una palabra el marketing, cuya principal herramienta es la publicidad, pero no la única. Cuando hablamos de publicidad ya estamos empleando palabras mayores porque sabemos que no es nada barata y generalmente un autoeditor ni sabe como hacerlo ni puede permitirse grandes inversiones.

Acabamos de ver que Internet es un medio que está suponiendo un debate entorno a los derechos de copia y distribución por la enorme facilidad con la cual los contenidos de todo tipo circulan en Internet y si nuestro medo para nuestra estrategia de marketing ha de ser Internet tendremos que tenerlo muy en cuenta.

¿Cuál es el escenario para el marketing del autoeditor?.

El escenario será  Internet, y cualquier otra cosa que intente usar un autoeditor, me temo quedaría fuera del alcance de sus posibilidades técnicas y económicas.

En Internet solo tienes dos opciones para destacar. Técnicas SEO (Search Engine Optimization) (Optimización del posicionamiento en buscadores) y SEM (Search Engine Marketing) Está última se refiere a técnicas de marketing de pago que tienen su utilidad para campañas de corta duración en el tiempo,  por ejemplo podemos optar por contratar una campaña de Adwords de Google en un momento determinado lanzamiento editorial. Esto sería SEM. Elegir buenas palabras clave en un título de un artículo en nuestro Blog sería SEO.

Ambas son técnicas complementarias, pero el SEO se ha de convertir en una tarea sostenida en el tiempo que exigirá a los autoeditores un proceso de autoformación no necesariamente demasiado complicado. No se necesita alcanzar un nivel de experto para obtener buenos resultados. Un Blog con un contenido de calidad (se supone que sabes escribir bien) y un moderado dominio de la técnica SEO puede ser suficiente, aunque no deben esperarse resultados inmediatos. Dificilmente se puede ser autoeditor sin ser autopromotor.

Si eres autoeditor y estás de acuerdo en que Internet es la opción más adecuada para tu estrategia de marketing, creo que deberías plantearte la siguiente pregunta.

¿Se puede hacer marketing en Internet nadando a contra corriente en ese medio?

Todos sabemos lo que hay en Internet a nivel de intercambio de contenidos.Si no puedes con ellos, únete a ellos. Optar por criminalizar a los usuarios de Internet no es una actitud recomendable para un autoeditor, entre otros motivos porque con esa actitud yo me temo que estaremos defendiendo negocios de una industria que no es la industria del autoeditor.

Internet es un medio muy denso en información es  allí donde un autoeditor puede intentar destacar por sus propios medios con algo de trabajo consistente, paciencia y sin gastarse una fortuna en publicidad, pero tenemos que ser muy conscientes del océano de información tan enorme en el cual vamos a llevar nuestra estrategia de marketing.

La cosa es muy simple de entender, en Internet el trabajo de darse a conocer no es el de difusión masiva y centralizada de la información, sino que hay que ir construyendo redes de enlaces, o redes sociales, que permitan la transmisión de la información mediante mecanismos víricos. Ser localizado por buscadores implica el uso de técnicas SEO (posicionamiento en buscadores) las cuales llevan su tiempo. Las técnicas para destacar rápidamente en buscadores suelen ser penalizadas por los buscadores. Comprender como funciona todo esto lleva su tiempo, pero hay mucha información publicada y basta con localizarla y ponerla en práctica. A medida que conozcamos como funciona la autopromoción en Internet, nos daremos cuenta de que el Copyright es una barrera para este tipo de propagación de la información.

Las dudas que surgen sobre la idoneidad del Copyleft, son las derivadas de concepciones anticuadas del negocio de la distribución. Nos olvidamos que siempre el primer objetivo de un escritor novel va a ser llamar la atención y darse a conocer. Para una persona que ha logrado ese primer objetivo la obtención de beneficios es menos complicado de lo que parece.

La obtención de beneficios es posible porque lo que se ofrece bajo Copyleft es un documento electrónico y lo que se ofrece a cambio de un precio es algo distinto, la obra en formato impreso. En este sentido, usar el Copyleft es como cebar el agua con abundantes migas de pan antes de echar el anzuelo con algo mucho más apetecible que la miga de pan.

Para empezar la versión impresa siempre tendrá un valor muy especial para mucha gente, y también existe la posibilidad de incluir algún valor adicional. Por ejemplo un buen anexo, o una versión con ilustraciones, etc. En suma una diferencia con la versión electrónica gratuita que puede interesar a gente que ya te conoce gracias a ese marketing vírico tan barato y tan eficaz.

Un escenario promocional distinto para editores tradicionales y autoeditores.

Los autoeditores tenemos un tipo de negocio bastante diferente al de la industria tradicional. Todavía existe la creencia supersticiosa de que el Copyleft está asociado a la baja calidad o a la falta de profesionalidad y por otra parte  algunos todavía creen que la reserva de todos los derechos por parte de los autores es lo que garantiza poder sacar el mejor rendimiento a una obra.

No solo nuestro negocio es diferente al de la editoriales tradicionales, sino que estos con toda seguridad, se enfrentarán dentro de unos años a un proceso de profunda transformación. La digitalización de contenidos les afectará drásticamente en todas sus estrategias de negocio, y en los próximos años muchas editoriales tendrán que adaptarse o morir. Será un nuevo escenario en el cual tendrán que hacer uso de las nuevas tecnologías. Algunas han empezado ya el proceso. Tienen mucho miedo porque ahora tendrán que competir en un escenario nuevo donde las Nuevas tecnologías Web 2.0 (blogs, wikis, Second Life, Twiter, RSS, copyleft, podcast, vídeos, etc.) tendrán que formar parte su estrategia de comunicación cultural.

¿No es maravilloso? Resulta que en este nuevo escenario los autoeditores podremos movernos como pececillos en el agua. Los tiburones serán más lentos que nosotros y la versatilidad y adaptabilidad de los pequeños negocios editoriales crea un escenario temible para los grandes editores.

De hecho no se comprende que con el volumen de negocio tan enorme de las grandes editoriales, su presencia en la web 2.0 sea tan modesta. Es una buena noticia para los autoeditores, porque eso hace de Internet un medio doblemente interesante para nosotros y no meramente un resultado de un quiero y no puedo hacer cierto tipo de promoción de mi obra. Tenemos Internet, ¿necesitamos algo más?

Ilustrando dos filosofías distintas sobre el derecho de copia: Dos ministros de cultura con filosofías bien distinta:

Gilberto Gil: Nacido  el 26 de junio de 1942 en Brasil. Es cantante, compositor y, desde el 2003 hasta el 2008.  Cuando Luís Ignácio Lula da Silva asumió la presidencia de Brasil en enero de 2003, escogió a Gilberto Gil para ser Ministro de Cultura en su gobierno. Gilberto Gil es miembro del Partido Verde brasileño. Es conocido por su defensa del software libre, y por extensión, de la cultura libre.

Ángeles González-Sinde: Ha sido la guionista de varias series de televisión, y películas. Durante la gala de los Premios Goya 2009, como presidenta de la Academia del Cine, había realizado un discurso en contra de las descargas gratuitas de archivos, afirmando que ponían en peligro la supervivencia del cine español.  Nombrada Ministra de Cultura por Zapatero. La Asociación de Internautas pide insistentemente su dimisión por su pasado y porque su nombramiento va en contra de la  Ley 5/2006, de 10 de abril, de regulación de los conflictos de intereses de los miembros del Gobierno y de los Altos Cargos de la Administración General del Estado.

El caso es que en España el Cine español está muy mal valorado y la música en Brasil es sin lugar a dudas la señal de identidad más palpable de aquel país.  Brasil ha escapado al Copyright en la producción musical. La enorme cantidad de música brasileña usa mayoritariamente un modelo de hazlo todo tu mismo, que es muy similar a lo que en literatura llamaríamos autoedición, y  apenas se basa en el Copyright, porque el dinero se hace fundamentalmente en los conciertos en directo, así que los CDs pirateados cumplen la misión de mera propaganda. Pese al descomunal peso de la cultura musical brasileña apenas hay grandes discográficas.  En realidad donde más CDs venden los músicos brasileños, es en los eventos de conciertos. Algunos de estos artistas tienen fortunas impresionantes y aviones privados. Es un modelo distinto que funciona muy bien para el cual Internet no representa el menor problema. Todo lo contrario.

Conclusiones:

Alguien puede ver en mis planteamientos de apoyo al Copyleft una apuesta sin posibilidades. En algo tengo que coincidir. Sin duda se trata de una apuesta, pero algunos ni siquiera se han planteado probar con una pequeña obra, o con seudónimo para ver si ello les funciona. La editorial ‘Traficantes de sueños’ es una editorial que ha apostado con fuerza por esta vía. Una apuesta que cualquier editor se puede permitir. Con los autoeditores que critican el Copyleft me siento como si estos se quejaran por el ruido que produce la oportunidad de sus vidas golpeando ruidosamente en sus puertas. Creo que el miedo que tienen algunos autores es el de pensar que eso va a tener un coste en su imagen de escritor serio. Yo pienso que no, y me parece una opinión muy respetable. Pero si ese fuera el problema realmente ¿Para que demonios se inventaron los seudónimos? ¿Qué puedes perder? Si tienes dudas haz un experimento y usa un seudónimo. Muchos grandes escritores los usaron por un motivo u otro ¿Sabes quien era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto?

Marketing vírico implica usar todo el potencial de una red de comunicaciones. Difícilmente se puede renunciar a algo con ese potencial. La Ley de Metcalfe dice que el valor de una red de comunicaciones aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios del sistema. Estamos hablando de la enorme red de comunicaciones de Internet, y colgar un escaparate en plan web 1.0 para que todo el mundo lo visite y ofrecer tu obra desde un solo punto sería una limitación brutal. Las matemáticas son complicadas pero 100% fiables. No engañan. No se puede dudar de la eficiencia del marketing vírico. Otra cosa es que esté muy mal hecho, pero suponiendo que se realice medianamente bien tiene que funcionar, y si se hace mal, algo aprenderemos para ser más efectivos la próxima vez. El único inconveniente es que los resultados nunca son inmediatos, pero para obtener resultados inmediatos no existe otra forma más que optar por servicios profesionales y gastar mucho dinero. Algo muy arriesgado.

 

Gilberto Gil

¿Las licencias Creative Commons son tan buenas como parece?

Mucha gente usa alguna de las posibilidades que ofrecen las licencias Creative Commons, pero cuando tratamos de obras en formato electrónico digital tanto Creative Commons como otras licencias resultan tremendamente ambiguas en los temas en que se necesita afinar más. Es decir, en temas de usos y distribución relativos a Internet, y en temas de permiso de uso comercial.

Creative Commons

Creative Commons

La mayoría de la gente no se atreve a redactar su propia licencia ‘ad-hoc’ porque el desconocimiento de la legalidad vigente les hace temer el cometer alguna metedura de pata grave en la redacción del texto de la licencia, pero ¿acaso Creative Commons no está cometiendo graves errores en la redacción de sus licencias?

Por desgracia yo temo que sí.

Tengo claro que eso no ha impedido el uso masivo de estas licencias. Cuando algo se usa mucho, la confianza aumenta, pero si una licencia no sirve para delimitar los derechos de uso de una obra en Internet, ni para delimitar el tipo de uso comercial que se puede hacer de ella, simplemente a mí no me sirve.

Creative Commons dice que el término ‘No comercial’ significa que «No puede utilizar esta obra para fines comerciales.» pero eso es demasiado ambiguo. Licencias que desde hace mucho vienen usando esos términos han funcionado muy bien, pero esto se desarrolló así en la web 1.0 (páginas estáticas), y por ello funcionó correctamente. Me refiero al modelo inicial de la web donde el software libre y sus licencias han servido de inspiración a todo este movimiento de cultura libre y del Copyleft. Pero ahora estamos en la web 2.0 y la Creative Commons posiblemente ha quedado anticuada por inspirarse en modelos de licencias que ya tenían varios años de antigüedad y que venían del mundo del Software Libre. Concretamente está inspirada en la licencia GPL (General Public License) de la Free Software Foundation. A la Creative Commons en mi humilde opinión le ha faltado proyección de futuro.

Para intentar aclararlo un poco más continuemos analizando lo que está ocurriendo con el término ‘No comercial’ porque para intentar afinar la definición del término, se ha llegado a expresar el término ‘No comercial’ de esta otra forma «No se puede obtener ningún beneficio comercial». Pero … ¿Acaso esto resulta suficiente para una web 2.0? Si la licencia no aclara que tipo de uso se considera comercial y cual no, de poco servirá, porque en Internet existen actualmente muchos usos donde no es tan fácil separar lo comercial de lo no comercial. Esta es una característica que está muy ligada a la web 2.0. La ambigüedad del término ‘No comercial’ hará que al final sea el juez el que tenga que interpretar dicho término como mejor le parezca.

El propio Lawrence Lessig creador de la mismísima Creative Commons y profesor de derecho en la Universidad de Stanford, cree que la licencia No-comercial permite usar, por ejemplo, una foto en una página web que incluya anuncios alrededor. La pregunta es ¿opinará lo mismo un juez si un autor reclama sus derechos por violación de los términos de esa licencia? ¿Echaremos la culpa a Lawrence Lessig, o a la Creative Commons si algo falla?

Para ilustrar estas carencias de este tipo de licencias pondré un ejemplo: Existen unos manuales donde su autor ‘Joel Barrios Dueñas’  que usa un tipo de licencia ‘ad hoc’ en la cual el autor ha resaltado en negrita precisamente el texto diferencial que lo distingue de otras más conocidas como la Creative Commons enfatizando lo siguiente: «No puede utilizar esta obra para fines comerciales (incluyendo su publicación, a través de cualquier medio, por entidades con fines de lucro).»

Es un matiz importante y diferente de los que contempla la Creative Commons. No hablamos solo de uso comercial, ni de obtención de beneficio comercial, sino de cualquier tipo de publicación por parte de entidades con ánimo de lucro. La diferencia es importante como luego veremos. Las obras a las que acabo de referirme  y la redacción de esta licencia las podéis ver aquí.

La Creative Commons  ha resultado muy útil a mucha gente, su uso se ha extendido mucho pero en mi humilde opinión ha quedado algo desfasada y su uso está empezando a tener consecuencias.

En mi opinión el daño ya está hecho porque la propia Google está beneficiándose de esta indefinición del término No-commercial para hacerse con un montón de contenidos copyleft. En mi opinión puede hacerlo sin miedo a consecuencias importantes y forrarse de una manera escandalosa, cuando quizás a algunos de los autores que licenciaron sus obras no les gustaría contribuir de esa forma al incremento del patrimonio de una compañía poderosa como Google a cambio de nada o casi nada. Un negocio redondo y muy importante con cargo al esfuerzo de mucha gente por culpa de una mala licencia.

¿Se imaginan las repercusiones económicas de introducir en la licencia Creative Commons el matiz que se le ha ocurrido introducir a Joel Barrios Dueñas? Para Google (entidad con ánimo de lucro) tal término le impediría totalmente hacerse con ese material. A mi modo de ver se trata de un descuido muy importante que no ha pasado desapercibido ni para Google ni para algunos autores como Joel Barrios Dueñas que están en su derecho de pedir en su licencia exactamente lo que les interese.

Con la licencia Creative Commons No-comercial, tal y como está redactada, yo temo que el resultado de una demanda podría terminar en una simple orden de retirada del material publicado, pero sin pago de indemnización alguna y sin derecho al pago de costas legales que serán muy cuantiosas. Algo tan insuficiente que un autor bien aconsejado optaría por no demandar, máxime cuando el propio creador de la licencia, Lawrence Lessig, ha declarado que la licencia No-comercial sí permite usos donde pueden generarse ingresos por publicidad.

Me parece muy significativo que la propia Creative Commons a estas alturas, haga una encuesta preguntando ¿Qué es No-Comercial? Esto es un signo inequívoco del grave problema de ambigüedad que está suponiendo el uso de este término.

Los que ofrecemos descargas de obras copyleft en alguna de nuestras páginas nos arriesgamos a que con el mismo tipo de licencia unos autores nos demanden la retirada inminente de los contenidos ofrecidos para libre descarga, y que otros con el mismo tipo de licencia nos escriban agradecidos por haber contribuido a la difusión de sus obras, y todo ello por los posibles errores de interpretación de estos términos ambiguos que vengo comentando.

La motivación para usar el copyleft puede ser muy variada. Si una persona solo busca difundir alguna idea a los cuatro vientos, solo buscará el máximo de difusión del contenido. Si lo que una persona busca es darse a conocer y hacer marketing viral mediante el uso adecuado de una licencia, exigirá reconocimiento, y le interesará recibir visitas en su web, pero no le interesará autorizar todo tipo de usos de su obra.

Ignoro cuáles son los errores que yo he cometido en la redacción de mi licencia LLC, pero si alguna vez tuviera que hacer valer mis derechos en un tribunal, el juez tendrá una idea clara de los usos que yo permito hacer tanto en materia de distribución de contenido digital, como en materia de permitir determinados beneficios comerciales, y sinceramente creo que eso es esencial. Algunas de mis obras se ofrecen bajo copyleft con el único propósito de autopromoción mediante el marketing viral en un medio Internet donde este tipo de marketing resulta esencial para poder tener buenos resultados. Mi licencia LLC (yo quise bautizarla) es un tipo de licencia totalmente distinta de la de Joel Barrios Dueñas y a pesar de ello ambos nos hemos visto obligados a redactar una licencia ad hoc específica acorde a nuestras necesidades.

Los matices lo son todo en una licencia, y cada cual sabe donde está aquello que le puede hacer más pupa a sus intereses. Creo que las licencias ‘ad hoc’ deberían usarse con más frecuencia. En mi opinión ninguna de las variantes Creative Commons resulta idónea para el tipo de uso promocional que podría interesar a un autoeditor. Ya hablé en su momento en este Blog de la utilidad de las licencias copyleft para los autoeditores, y sobre ello me quedan algunas cosas  que añadir pero será tema para otro Post.

PD (12-marzo-2009)

Al hilo de los temas suscitados en los comentarios, me gustaría hacer alguna reflexión más. (De paso corrijo el título).

Cuando se habla de licencias Copyleft, o licencias de libre distribución, hay toda una enorme cantidad de gente que te dice lo que es libre y lo que no lo es. ¿A quién le importa?Es una manía intentar etiquetarlo todo que tiene en este caso una clara función ideológica.

Los vendedores ideológicos de la Cultura Libre hacen daño al Copyleft. A mí me gusta la Cultura Libre pero no me gusta la forma en que se intenta vender, no todo ha de ser Cultura Libre porque eso no es libertad. Yo soy partidario del Copyleft desde hace mucho por muchas razones, pero soy totalmente contrario a cualquier tipo de movimiento ideológico. Ideología es igual a borreguismo. Que bonito es hablar de altruismo refiriéndose a uno mismo o a las personas que piensan igual que nosotros. ¿No hacen eso los curas? Pedazo de ego y ansia de reconocimiento es lo que se oculta demasiadas veces detrás de estas pretensiones de altruismo. Un ansia lícito, que conviene admitir. Mis motivos para licenciar en la forma que lo hago es algo que siempre dejo claro, no vaya a ser que alguien piense que lo hago por altruismo.

Creo que hay que ser siempre humildes y prudentes en todo aquello que se defiende. Está muy bien ser altruista pero no es lo mismo regalar a un pobre que a un monstruo como Google que se está apoderando de todo Internet, o a otros gigantes como Lulú, Amazón,  Microsoft, etc. que sacan mucho partido de contenidos que no son suyos, y que pueden llegar a condicionar el futuro de Internet. Un autor está en su derecho de decir a quien regala su obra y a quién no. Un autoeditor no necesita de todos estos tiburones. Creo que un autoeditor con algo de esfuerzo puede lograr funcionar con un nivel de independencia muy alto.

A los altruistas de Internet les remito para que lean este interesante Post : Sobre el voluntariado, trabajar gratis y la nueva sociedad de la desinformación. (Lo que antes se llamaba ser la puta y además pagar la cama.)

 

¿Por qué no son gratuitos los libros de texto?

Nos quejamos mucho de la baja calidad de la televisión y de sus programas basura, pero nos olvidamos de que primero la radio y luego la televisión, sirvieron para aumenta el nivel cultural de la población, no tanto por su calidad, sino por su gratuidad. A la oferta gratuita de televisión y radio hay que sumar desde hace unos años la enorme variedad de servicios que se ofrecen gratuitamente en Internet, como el correo electrónico la Wikipedia, etc.

¿Por qué no son gratuitos los libros de texto?

¿Por qué no son gratuitos los libros de texto?

No cabe duda que Internet es una fuente de información colosal, pero los chavales aprenden como es lógico con arreglo a un programa educativo que entre otras cosas queda plasmado en una serie de libros de texto. La pregunta es: ¿Por qué no son gratuitos los libros de texto?

Se puede admitir que la impresión de un libro y su material tiene un cierto coste, pero el libro de texto, en la era de la sociedad de la información y de Internet, sigue circulando por los circuitos comerciales tradicionales rindiendo beneficios a editores y libreros a costa de un bien necesario que pagan los ciudadanos. Lo suyo es que este material fuera licenciado bajo licencia Copyleft y puesto a disposición en formato electrónico (por ejemplo PDF  ) y que su uso en forma impresa fuera opcional.La impresión bajo demanda de este material podría hacerse a nivel de centros, o los libreros podrían ofrecerlos ajustando el precio del mismo para poder competir con los precios de impresión baja demanda.

El día que se haga eso nos encontraremos con sorpresas tales como que algún texto fue traducido altruístamente al húngaro, al chino, al senegalés, o al finlandés, y que una pequeña comunidad de inmigrantes los usa para autoeducarse, quizás animado por estas iniciativas más gente se anime a ceder contenidos bajo Copyleft. Otros ofrecerían materiales complementarios con carácter no oficial. Por ejemplo actualizaciones, ejercicios resueltos, etc.

Yo comprendo que la gratuidad universal no sea aplicable a todas las cosas, ni siquiera a las necesidades básicas. Salud, comida, vivienda es lo mínimo a lo que debería tener derecho una persona. Las cosas que cuestan dinero no siempre puede costearlas el estado, pero lo cierto es que hay otras cosas que no costaría nada ofrecerlas gratis.

Editar los contenidos educativos en formato electrónico y cederlos a la sociedad gratuitamente es algo que deberían hacer todos los gobiernos.

En un artículo anterior también hice una pregunta rarita ¿Es útil el copyleft para un escritor autoeditor?.  En ese artículo comento un poco en que consiste el concepto, los pros y contras del uso de este tipo de licencias. Creo que en el caso de los libros de texto no debería existir ninguna duda. No todo tiene que ser negocio.

 

 

 

¿Es útil el copyleft para un escritor autoeditor?

copyleft

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Este no es un tema baladí y este artículo tampoco va a ser uno de tantos. Es largo y con multitud de referencias. Ponte cómodo antes de seguir.

El concepto copyleft.

El término copyleft surgió en el ámbito del software libre. La idea era simple, se trataba de compartir conocimiento pero evitando que el material, cedido para ser compartido por el mayor número de personas, pudiera ser apropiado indebidamente por otros, convirtiendo dicho material en un bien privativo para su propio lucro. La obra, «Copyleft», (manual de uso), me ha sido de utilidad a la hora de iniciar la confección de este artículo. La editorial es Traficantes de sueños. En esta editorial y en su página principal podemos leer lo siguiente: «Los textos de la editorial se publican con licencia Creative Commons y con copyleft.» Esta editorial tiene muchos libros en catálogo y todos se pueden bajar gratuitamente, e incluso se pueden redistribuir, pero también se pueden comprar en su versión impresa.

En concreto la licencia de esta valiosa obra,   Copyleft, llena de conocimiento, permite hacer obras derivadas siembre que se reconozca la autoría de la misma y se comparta bajo el mismo tipo de licencia. (Ojo: no todas las obras editadas por Traficantes de sueños tienen la misma licencia porque Creative Commons admite varias modalidades con distintas restricciones). Es un libro recomendable en el que ha participado varios autores. concretamente hay un capítulo contribuido por Emmanuel Rodríguez que trata del copyleft en el ámbito de la edición. Es una obra que en mi opinión no es totalmente neutral, ya que es pro culturalibre que se quiera o no es un tema puramente ideológico, pero incluso así es una obra muy seria, y aporta una cantidad de información enorme.

Este artículo es pro copyleft pero sin entrar en los jardines del activismo pro cultura libre. Yo estaría dispuesto a defender el conocimiento libre, pero la cultura libre es un concepto distinto y yo no iría tan lejos.

Para algunas personas el conocimiento debería ser siempre libre, porque todo conocimiento se sustenta sobre una descomunal base de contribuciones anteriores al mundo del conocimiento. Visto así y si hablamos de conocimiento, se trata de un argumento muy sólido que yo comparto, pero con el tiempo este concepto se ha intentado extender al mundo de la creación y del arte, donde tales argumentos son mucho menos consistentes dado que el valor de estas obras creativas reside fundamentalmente en lo que tengan de originales, es decir, que cuanto más se apartan del bagaje anterior, más valiosas son .En mi opinión meter todo, conocimiento y obras creativas, en el mismo saco, es un error. Lo que quiero tratar en este artículo, para que sea de interés para escritores autoeditores, es el tema de la rentabilidad del uso de las licencias copyleft. A pesar de ello creo obligado explicar un tema que algunas veces se intenta asimilar relación con el copyleft, pero que es independiente. Me refiero al concepto de cultura libre que es una filosofía que usa al copyleft como instrumento, pero hay que insistir en que el copyleft puede ser un instrumento válido no solo para los que defienden las filosofías de la cultura libre, sino también para los que no comparten estas ideas. El copyleft es un tipo de licencia y como tal es ideológicamente neutro.

El controvertido concepto de la cultura libre:

 

Libro viejo devorado por los ácaros.

Mi postura personal sobre esto, es que en este momento el concepto de cultura libre resulta mucho más utópico que el del conocimiento libre. La cultura libre no suele venir acompañada de una propuesta clara de sostenibilidad para los autores de obras creativas, y tiene su justificación y su origen en situaciones claramente indeseables para el mundo de la cultura. Yo me temo que continuará siendo un concepto polémico durante mucho tiempo.

Estamos usando leyes que se pensaron en una época donde el mundo de la información no tenía nada que ver con el actual, y donde el mal uso de un concepto como el de propiedad, referido a bienes inmateriales podría haber viciado todo el tema legal en favor de una industria de la distribución y no tanto en favor de la cultura. El extraordinario beneficio de los autores de éxito contrasta con las enormes dificultades de los modestos autores, y eso no es bueno para la cultura, pero sí lo es para la industria que premia a sus Bestsellers como auténticas gallinas de los huevos de oro.

Los usuarios de la cultura se ven además privados de acceder a obras que nadie ofrece porque podrían tener un propietario de los derechos desconocido. Son las llamadas obras huérfanas y la cantidad de bienes culturales que sucumben al limbo de la orfandad es enorme. Las obras impresas se mantienen en catálogo mucho tiempo y más allá de eso, se mantienen en los registros de la copia legal en las editoriales, o en los registros de la propiedad intelectual, y dispersas entre propietarios particulares. Las copias de las obras que caen en el olvido de la industria perduran como hibernadas en un montón de estanterías acumulando polvo y voraces ácaros que pacientemente se alimentan de ellas. La etapa de generación de beneficios de las obras literarias, si es que llegan a eso, se limitan con frecuencia a un corto período de tiempo,  y por ello cerca del 98% del total de las obras publicadas que tienen restringidos los derechos de reproducción y copia, no dan rendimiento económico para los editores y en muchos casos ni siquiera se sabe a quién pertenecen los derechos de explotación. Por eso nadie las edita por miedo a que alguien interponga una demanda legal. A final solo las disfrutarán los ácaros.

Solo expongo estas ideas para que se comprenda los motivos por los cuales hay un movimiento que es partidario de ciertos cambios legales. Una de las personas que intenta promover estos cambios es Lawrence Lessig. autor de  «Por una cultura libre». Que defiende estas ideas en las cuales no vamos a incidir, pero que yo resumiría con una de las frases de este autor. «Nos hemos preocupado tanto de proteger el instrumento de protección que hemos perdido de vista el valor que protegía».

Entre los clásicos de la literatura hubo ya algunos que defendieron este concepto tan controvertido hoy en día, nada menos que Lev Tolstoi, y Machado. Os dejo este enlace, precursores del copyleft, para que lo disfrutéis.

Copyleft vs copyright:

El copyleft no es lo opuesto a copyright. No podría serlo en modo alguno. Este es un tema que muchas veces se confunde con la lucha por los ciberderechos. El copyleft no debe ser contemplado como algo relacionado con el problema de la piratería y mucho menos pensar que la creación desaparecerá por culpa de esta lacra, o que sobrevivirá gracias al copyleft. Tales argumentos son en extremo tendenciosos y causan una profunda distorsión del concepto copyleft en la sociedad.

No vamos a incidir en el concepto de propiedad ni en las polémicas que se suscitan en algunos sectores de los defensores de la cultura libre pero hay que reconocer que quizás el término propiedad, no sea el más adecuado, ya que para permitir a los autores el retorno en forma de beneficios derivado de sus creaciones, bastaba hablar de derechos de explotación. Saber si algo que tiene valor ha de tener necesariamente dueño o no, es un debate en el que nos resulta inútil entrar ahora porque ahora se trata de orientar a un escritor autoeditor a tomar la decisión que más le beneficie al margen de las corrientes ideológicas. Por ello, dejando al margen las cuestiones semánticas del término propiedad, las connotaciones  ideológicas, y políticas, nos fijaremos en los aspectos prácticos y legales, y en este sentido, hay tres cosas importantes que no deben ser olvidadas:

  1. La propiedad intelectual responde a la ineludible necesidad de proteger la creación de obras como medio de vida para sus autores, y si se eliminara de nuestras leyes el concepto de propiedad intelectual, habría necesariamente que sustituirlo por otra cosa parecida.
  2. La propiedad intelectual, guste o no, es un concepto legal muy sólido contemplado actualmente en la legislación de muchos países.
  3. Tanto el copyright como el copyleft tienen cobertura legal y no son antagónicos.

Desde un punto de vista práctico, para los escritores autoeditores que solo pretendemos vivir de nuestro oficio, lo que nos interesa es saber que nos ofrece el copyleft con el fin de usar la fórmula más rentable para difundir nuestras obras y obtener la mejor remuneración posible por nuestro trabajo.

El uso de licencias en obras literarias:

El término copyleft es necesariamente ambiguo porque no concreta un tipo de licencia particular existiendo varias de ellas que entran en esta categoría. Normalmente, las editoriales aplican por defecto licencias mucho más restrictivas, por ejemplo:

Quedan rigurosamente prohibidos sin autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, o la distribución de ejemplares de la misma mediante alquiler o préstamo público.

Esto es lo que todos estamos acostumbrados a ver en la mayoría de los libros, pero fuera del negocio editorial tradicional puede haber circunstancias que aconsejen usar otro tipo de licencias mucho más permisivas englobadas genéricamente bajo el término copyleft.

En el ámbito de la edición, y en general en las obras que tienen la consideración de bienes culturales (obras gráficas, musicales, vídeo, literatura, etc.) se usa el término copyleft para indicar que el autor permite libremente la difusión de su obra porque así le interesa hacerlo. Se trata algo que solo le corresponde decidir al autor.

Según las leyes occidentales, y entre ellas la ley española de propiedad intelectual, un autor no solo será titular de los derechos morales de la obra, con reconocimiento inalienable de su autoría, sino que también será titular de los derechos de explotación de su obra. Por lo tanto, corresponde al autor establecer si su obra se difunde o no, y bajo que condiciones. En particular el autor puede estar interesado en reservarse para sí mismo los permisos exclusivos para copiarla, distribuirla, o hacer uso comercial de ella, o por el contrario puede conceder cierto tipo de permisos a terceros imponiendo ciertas condiciones.

Un creador puede elaborar una licencia ad hoc, para cubrir sus necesidades específicas, o usar algún tipo de licencia de uso común. La elaboración de una licencia ad hoc sin tener conocimientos jurídicos es un riesgo y por ello lo normal es usar alguno de los modelos de licencia ya en uso. En este sentido, las licencias Creative Commons no siendo el único modelo posible de licencias para edición de obras bajo copyleft, ofrecen una razonable flexibilidad al permitir una serie de variantes en función de los permisos que el autor desea conceder. La licencia Creative Commons está supuestamente adaptada a la legislación de más de 30 países.

Motivos por los cuales un autor de una obra literaria puede desear usar una licencia copyleft.

Yo en este momento ofrezco tres de mis obras bajo copyleft, y mantengo un servicio de descarga de libros copyleft, pero ¿por qué puede interesar a alguien ofrecer sus obras así? Puede haber más de un motivo para ello. Mientras tenga espacio en mi servidor  estaré encantado de ofrecer este servicio.

Las licencias de tipo copyleft lo que buscan es contribuir a difundir lo más ampliamente posible la obra eliminando restricciones de uso. Muchos autores se muestran temerosos de usar este tipo de licencias. Es normal ya que la inversión en trabajo de un escritor es grande, y temen que esas licencias conviertan su obra en trabajo regalado sin compensación económica. En otras palabras, temen no obtener un retorno de beneficios que compense el esfuerzo dedicado a su creación. Por el contrario, entre los que usan estas licencias hay dos tipos de autores. Los que solo buscan la difusión de la obra sin esperar nada a cambio por necesidad vocacional de compartir de forma altruista ciertas ideas con sus lectores, y aquellos que muy al contrario, piensan que la licencia copyleft es un instrumento que les reportará beneficios a medio o largo plazo, y por lo tanto la consideran como una forma de inversión en esfuerzo, frente a otro tipo de inversiones en dinero que quizás no pueden permitirse. En otras palabras usar la licencia copyleft lejos de obedecer a un impulso altruista, podría ser igualmente el resultado de una estrategia de promoción.

Para un escritor autoeditor novel, parece muy claro que a no ser que encuentre un  editor que quiera invertir en él, deberá hacerlo él mismo. Deberá hacerlo ya sea en dinero o en esfuerzo, porque su primer objetivo será salir del anonimato para darse a conocer, ya que mientras figure como un autor desconocido las posibilidades de comercialización de sus obras serán muy reducidas. Mientras no logre darse a conocer tendrá que limitarse a lo que él pueda vender directamente, que obviamente no será mucho.

No nos engañemos, las empresas que ofrecen vender obras de autores desconocidos tales como Lulú o Bubok, son negocios de larga cola. En septiembre de 2008 yo me mostré muy optimista con los negocios de larga cola aplicados al mundo de la cultura. Larga Cola. La otra forma de acceder a la cultura. Por desgracia las cosas no se están haciendo bien. Pero incluso aunque las cosas se estuvieran haciendo bien hay que tener en cuenta que el usuario de estos servicios debe asumir unas tareas muy duras para que su obra se convierta en un producto mínimamente comercial. Estas empresas no hacen prácticamente ningún esfuerzo promocional de consideración. Se limitan a incluir la obra en un gigantesco catálogo accesible por Internet y nada más. Dicen que venden, pero a eso yo no le llamo vender. No es una crítica, es lo que hay, se supone que el editor eres tú mismo y vender es lo más difícil de cualquier negocio. Nada se vende sólo por bueno que sea, y la tarea ingente que debe hacer el autoeditor para dar a conocer su obra, es incomparablemente superior a lo que ofrecen estas empresas como Lulú o Bubok. Si el autor no hace ese trabajo promocional, la obra apenas se venderá. En este punto es donde el copyleft tiene sentido como estrategia promocional para un autoeditor.

Creo que ya quedó claro que copyleft y altruismo no son términos necesariamente relacionados. De hecho, la experiencia relativa a los libros copyleft, muestra que las obras distribuidas bajo este tipo de licencias, lejos de disminuir las ventas, lo que ocurre es un aumento considerable de las mismas. Esto se debe al fuerte impacto publicitario que origina su masiva difusión como obra copyleft. La obra difundida en formato electrónico anima a una porción de los lectores a comprar la obra impresa en papel, porque todos sabemos que no es lo mismo leer un libro en el ordenador que leerlo impreso. Para empezar un libro te lo puedes llevar a cualquier parte, al metro, al tren, a la playa, lo puedes regalar, etc. Por decirlo de alguna manera en el copyleft se permite el disfrute de la obra bajo unas condiciones menos cómodas, que sirven para incentivar las ventas. Esto está perfectamente comprobado. Las obras copyleft no encuentran problemas de distribución y comercialización en las librerías por el hecho de ser copyleft. La dificultad puede ser encontrar un editor dispuesto a comercializar esas obras, pero tampoco es imposible. Para una persona que tenga clara su intención de usar la vía de la autoedición, el copyleft es algo que usado hábilmente y en las dosis adecuadas, puede facilitar esa salida del anonimato. Insistimos en que ese es un primer objetivo casi imprescindible para poder vender. La demostración de las posibilidades de ventas de obras bajo licencia copyleft quedan patente en la viabilidad de un negocio como el de la editorial Traficantes de sueños, que solo comercializa obras copyleft. Traficantes de sueños ya no es un caso aislado. Otras editoriales como Virus Editorial, Bellaterra, Acuarela, Ediciones Bajo Cero, Atrapasueños, El Viejo Topo, etc. se han ido sumando al mundo de la edición de obras copyleft. En el campo del periodismo tenemos a 20 Minutos que licencia toda su información bajo licencia Creative Commons. Destaco este artículo de 20 minutos que trata el tema del Copyleft. COPYRIGHT vs COPYLEFT: GUERRA ABIERTA.  Los principales defensores del copyleft, reunidos en Barcelona.

Miedos y reparos al uso del copyleft:

A pesar de lo dicho, el miedo al copyleft de los autores no está totalmente injustificado. De hecho, las obras que se editan bajo esta fórmula tienen, en mi humilde opinión, un techo en la generación de beneficios debido a la cesión de derechos reprográficos, es decir, las copisterías, instituciones educativas o de educación podrían hacer uso no comercial del material impreso. Yo veo muy interesante usar el copyleft para un autor que quiera vivir de su oficio de escritor, siempre que tenga claro que este tipo de licencias deben usarse para salir del anonimato. Podría incluso usarse un poco más allá de este objetivo, pero resulta evidente que para un autor consagrado,  nunca resultaría rentable económicamente, usar el copyleft, así que desde un punto de vista económico, siempre llegará un punto en el cual el éxito del autor haga desaconsejable el uso del copyleft. Alcanzar ese nivel de éxito supone a mi juicio trabajar con editoriales tradicionales que son las que de verdad saben invertir para lograr que la obra alcance su máximo nivel de ventas en un mercado global.

Sin embargo, el uso del copyleft por parte de un autor consagrado tampoco está claro que suponga un perjuicio económico, y la difusión de la obra si se vería favorecida cosa que a algún autor consagrado también le ha interesado. En este enlace Mis novelas gratis Alberto Vázquez Figueroa. Este autor explica los generosos motivos que le llevaron a ofrecer sus obras de esta forma no sin cierta amargura por la forma en que el negocio editorial trata a muchos escritores.

También la escritora Pilar Bellver ofrece gratis para descargar dos de sus novelas lésbicas de gran éxito. Tanto que estando agotada la edición en papel las reventas en Amazón alcanzan los 100 euros.

No quiero dar a entender que el copyleft sea una opción mágica y maravillosa. En mi opinión, las licencias copyleft actuales, no se pensaron para convertir una obra en un instrumento promocional para el autor, sino solo para lograr su máxima difusión. Esto no significa que no tengan utilidad promocional pese a que el diseño de la licencia no parece buscar intencionadamente dicho efecto, sino que dicho efecto publicitario, yo lo calificaría de potente efecto secundario.  Estas licencias no están optimizadas para lograr el máximo efecto publicitario, y menos aún para optimizar la  rentabilidad de la obra a largo plazo. En este sentido, tengo que resaltar que las licencias Creative Commons sí me parecen adecuadas para contenidos de Internet tipo artículos de Internet, Blogs, etc. ya que … bueno son otra cosa. Un libro no es lo mismo que un artículo caramba.

Precisamente por esta razón, yo en alguna de mis obras, uso una licencia, ad hoc, que yo considero copyleft, pero que otros podrían no considerarla como tal ya que se sale un poco de las definiciones habituales. De todas formas se admite como copylef dentro de Creative Commons la prohibición de todo uso comercial de la obra, lo cual tampoco parece muy coherente con la filosofía del conocimiento libre que algunos desean imponer metiendo de paso en el mismo saco a las obras creativas, que insisto no deben considerarse conocimiento, sino arte.

Autoedición + copyleft = libertad:

Se nota que estos temas me apasionan ¿verdad? Son esos artículos que te vuelcas en ellos porque no quieres dejar nada para después. Es demasiado importante. No puedo dejar pasar este interesante sitio en el cual se habla de la autoedición.  Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

En especial quería citar íntegramente un extenso párrafo con el cual me siento muy identificado.

Si queremos que nos conozcan tendremos que volcarnos hacia el copyleft. Descargar nuestros trabajos para que circulen en Internet de forma gratuita y sin esperar nada a cambio. Regalarnos.

Pero si además hay que comercializarse. Vendamos todos nuestro copyright.

Al menos yo ya me he olvidado del brindis para el día de la firma con la gran editora, que sigue sin saber que existo. Mi respuesta, mi opción ahora mismo es el auto trabajo; continuar como empecé. Hoy por hoy no me queda otro camino que seguir siendo alternativo y marginal.

Hago por mi cuenta y riesgo toda la investigación, consultas, recopilación de material, lecturas, anotaciones, redacción, revisión, retoques, vuelta a revisar,…tanteos, pruebas, muestreo, obtención de copias. Busco los diseños de portada, y las fotos. Agrego sinopsis, datos del autor. Reviso la tipografía, el color, la cartulina de cubierta, el tipo de papel, el número de páginas… Me autopublico.

He seguido y sigo el mismo camino en solitario desde que empecé a escribir a mano en un cuaderno. Y soy libre, me siento libre, mis letras son libres, mis ideas, mis pensamientos, mis intenciones, mis movimientos; libre en lo que afirmo o lo que niego. Libre para proponer, para entrar y quedarme o irme. Libre y responsable de lo que digo y lo que callo, lo que enseño y lo que oculto.

Nada me obliga. Nadie puede obligarme a hacer o entrar en su juego; ni políticos influyentes de cualquier bando, ni editores de las transnacionales poderosas que mueven los hilos con el dinero del triunfo.

 

Crítica a la licencia copyleft Creative Commons:

Creo que las licencias de Creative Commons tiene en sus postulados una cierta influencia de otras licencias previas nacidas en el ámbito del software libre y que fueron el primer tipo de licencias libres que han tenido un éxito importante. Creo que estos orígenes están condicionando el diseño de licencias posteriores, y por ello dan origen a errores de base importantes. El más importante es incluir en una licencia como Creative Commons una cláusula que permite una diseminación masiva de una obra cuando se haga desde un sitio web no comercial, y en cambio esté vedado sin paliativos difundirla desde un sitio web comercial porque esto puede no estar claro. Las webs no comerciales pueden ser susceptibles de generar ingresos más o menos importantes por publicidad. Parece obvio que eso no debería llamarse libre por existir una discriminación en base a un tipo de uso.Otro problema reside en la cláusula compartir igual, porque si bien queda claro que lo que está permitido y lo que no, podría no quedar claro quien ha de responder ante la ley, ante el incumplimiento de una cláusula que ha de transmitirse de forma ininterrumpida a lo largo de toda una cadena de licenciatarios distribuidores, que además podrían tener el permiso de modificar y hacer obras derivadas, dificultando aún más la delimitación de responsabilidades. Si se rompe la cadena sería complicado culpabilizar a todos los usuarios que distribuyeron la obra de forma incorrecta por un error de transmisión en la cadena de licenciatarios, y si la cuantía del daño se produce en el extremo de esa cadena rota, también resultará complicado demandar por esa cuantía total de daños y perjuicios al que rompió la cadena de obligaciones en primer lugar, haciéndolo por descuido y sin lograr con ello el menor beneficio. En realidad este es un ejemplo muy concreto, pero todo lo referido al comportamiento vírico de las licencias es una fuente de problemas legales que pese a dejar más o menos claras las obligaciones impuestas por el licenciador al licenciatario pueden dejar al arbitrio de los jueces demasiadas cosas. La licencia Creative Commons está funcionando razonablemente bien, pero no todo el mundo piensa que es una maravilla legal. He localizado un artículo crítico que me pareció buenísimo Las licencias creative commons: un análisis crítico desde el derecho español. Su autor es Rafael Sánchez Aristi,  Profesor Titular de Derecho Civil .

Me estoy centrando en la Creative Commons por ser una de las que más se usa, pero otras licencias libres tipo copyleft distintas de la Creative Commons presentan problemas parecidos. Comprendo que para algunos criticar estas licencias libres consagradas, es una blasfemia dolorosa, pero solo estoy diciendo que no es oro todo lo que reluce, y asumo que Las licencias Creative Commons relucen muchísimo. Yo provengo del mundo del software libre, y me doy cuenta de que cuando la gente se mete a defender unas ideas determinadas y se siente arropada por una comunidad, pierde las referencias y el sentido autocrítico. Una pena, porque el mundo efectivamente necesita cambiar en muchas cosas y hay demasiados prejuicios, pero la pérdida de referencias y de autocrítica nos hace a todos un poco más fanáticos. Es  como si así, tirando todos con la fuerza de un poderoso grupo en sentido contrario al de la realidad que deseamos cambiar, llegaremos a compensar a nuestros opositores quedando centrados en la realidad ideal. Desgraciadamente lo que se consigue muchas veces es pendular de un extremo a otro. Lo digo sin cargarme de razón en nada de lo que afirmo porque de asimilarme ahora mismo a algún grupo,  tendría que hacerlo con el colectivo de escritores autoeditores que no tengo ni idea de lo que piensan porque entre otras cosas no somos un colectivo ni nada. Es desde mi propia experiencia y considerando mis propios intereses como escritor autoeditor que me permito elegir el tipo de licencia que considero más adecuado para mi obra.

Licencia de propósito específico (ad hoc):

Yo introduzco en mi licencia restricciones adicionales que no son frecuentes. La he llamado Licencia Libre Ciberdroide. Se trata de una licencia que permite exclusivamente un uso de la obra que yo considero beneficioso a efectos promocionales de la misma, y ello exclusivamente en Internet bajo ciertas condiciones que me garanticen un cierto retorno a nivel promocional. Con ello no pido nada que sea abusivo ni extraordinario, ya que yo mismo me permito ofrecer descargas de obras copyleft de otros autores y les concedo aquello que yo exijo en la Licencia Libre Ciberdroide, que no es otra cosa que una mención de la autoría y un enlace para visitar la página web del autor y/o de la editorial. Es lo que yo hago con las descargas copyleft de terceros que ofrezco desde mi web para así beneficiarles con un efecto promocional que, lo exijan o no, sin duda merecen.

Yo en la Licencia Libre Ciberdroide exijo esto mismo que yo de motu propio concedo a otros. No quiero que nadie que ofrezca mis obras LLC en Internet, (único sitio donde permito hacerlo), lo haga ocultando la información que conduce al punto de la web donde yo, el autor, trabajo para poder sacar algún día cierto provecho a mi obra permitiéndome continuar escribiendo. Mi sitio es este Blog. Esta es mi casa a efectos de promoción.

Mi oficio desde hace año y medio es el de escritor como dedicación principal, y es lo que pretendo seguir haciendo. Mi primera novela Xegor, «(Éxodo vol-1)» se ofrece para descarga gratuita, que usa la Licencia Libre de Ciberdroide (LLC) se está descargando gratuitamente a muy buen ritmo. De momento creo que no está siendo ofrecida para descarga en otros sitios, y puede ser que mi licencia LLC por el hecho de ser ad hoc esté desanimando a ello, pero … ¿si una persona no está dispuesta siquiera a ofrecerme un enlace a mi página web, que sentido tienen que yo le conceda permiso para ofrecerla para descarga en la suya? Son 634 páginas de duro trabajo y no me pesa ofrecerla para descarga gratuita, así que en la licencia solo autorizo lo que me conviene autorizar.

Respecto a las descargas de terceros que yo ofrezco por ser obras copyleft, me puse en contacto con varios autores o con las editoriales de las obras que ofrezco para descarga gratuita, y todos ellos se mostraron muy agradecidos. A fin de cuentas, cuantos más sitios hagan lo que yo con sus obras, más visitas recibirán en sus webs y más gente conocerá sus obras que es lo que les interesa. No les ha salido gratis, porque en su día tuvieron que poner un esfuerzo en la creación de esas obras que ahora ofrecen para descarga gratuita, pero que duda cabe, que el efecto promocional tiene un carácter vírico que lo hace propagarse por la red generando enlaces y reconocimientos al autor y lo harán día a día, semana a semana, mes a mes, año tras año sin esfuerzo promocional adicional. Es cuestión de tener paciencia. Créanme que al cabo de los años todo ese fruto que se va recogiendo gota a gota es algo que va sumando valor promocional, y valorado en dinero, alcanzaría cifras enormes. La rentabilidad de la inversión (esfuerzo invertido/resultado obtenido) considerada a medio y largo plazo, es muy considerable. Hablamos de períodos de dos a diez años según mi experiencia pero dependiendo de la vigencia de la obra puede ser superior.

Potencial de la distribución con licencia copyleft, realidad o ficción:

El hecho de que Doctorow llegara a las 500.000 de descargas desde Internet de su libro «Down and Out in the Magic Kingdom»,   y consiguiera llegar a la 5ª edición en papel nos da una idea del potencial de este sistema de distribución, pero alguien puede pensar que se trata de un caso excepcional. La mejor forma de convenceros que eso no es así, es comentando mi propio caso. Acabo de buscar en Google las palabras: curso, linux, novato, en Google, y encuentro nada menos que 130.000 páginas, pero yo aparezco en primera posición del buscador con mi libro. «Curso de linux para novatos, brutos y extremadamente torpes» Solo en Bulma este libro generó (43592 lecturas) y si lo buscáis bien lo encontrareis en muchos sitios. Está en esas páginas seguramente desde hace muchos años enviando visitas a ciberdroide.com/wordpress, que anteriormente era un negocio personal de tienda virtual de informática. También lo vi impreso en alguna revista. Me da mucha vergüenza admitir que se trata de un libro pésimamente escrito, con toda clase de faltas de ortografía, porque cuando yo lo escribí no invertí demasiado esfuerzo en darle un formato adecuado ni nada. Yo lo escribí hace ya más de diez años y lo hice directamente en código HTML y sin ayuda de un editor adecuado ni corrector ortográfico. (Ya no trabajo así). Uno de los lectores agradecidos, muchos años después me remitió todo el texto reeditado en formato de Word, y años más tarde yo lo adecenté un poco y lo pasé a PDF, pero esta obra me está generando una enorme deuda de gratitud con mis lectores que se merecen de sobra que le dedique un tiempo a revisarla. Pido disculpas, pero para mí, corregir la ortografía es un suplicio. Lo he tenido que hacer con mi novela y no he tenido tiempo de corregir este otro libro que la gente en Internet continua devorando, porque además de estar enfocado para usuarios noveles y explicar todo desde cero, se centra en unos temas que siempre serán de utilidad y que ayudan no solo a usar, sino a entender el funcionamiento del Sistema Operativo Linux.

A modo de conclusión:
La respuesta a la pregunta del título de este artículo, ¿Es útil el copyleft para un escritor autoeditor?, sería en mi opinión un sí rotundo, pero con las matizaciones que ya he explicado. Pese a lo mucho que cuesta sacar adelante un libro, como estrategia a largo plazo, yo no concibo un instrumento de promoción más barato y más eficaz para un escritor autoeditor novel dispuesto a invertir en una estrategia a largo plazo. Compre un dominio propio, es muy barato y no hacerlo será arriesgar todo su futuro poniéndolo en manos de un proveedor de servicios. El dominio podrá conservarlo aunque cambie de proveedor. Un traslado sería tirar todo el esfuerzo invertido. Los enlaces que apuntaban a su sitio quedarán convertidos en enlaces que apuntan a un sitio inexistente y se conservarán así por mucho tiempo porque los que mantienen esas página generalmente no están atentos a este tipo de cambios. Un enlace a su sitio, es algo muy estable. Para que funcione este tipo de promoción tiene que tener bien claro que el lugar donde recibirá las visitas, debe de ser convertido ladrillo a ladrillo, en su palacio, y en la sede  de su sede de su negocio.

Salir del anonimato no es gratis para nadie, ni siquiera para ese que piensa que lo que él escribe tendría que leerlo todo el mundo, porque somos demasiados los que estamos en esa lista.

 

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