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Reflexiones a un año del dramático desastre de Fukushima.

El accidente nuclear de (Japón), hará un año el próximo 11 de marzo de 2011. Como consecuencia del terremoto de Japón, se produjeron una serie de incidentes muy graves, tales como fuertes explosiones en el interior de los edificios de contención de los reactores nucleares, averías en los sistemas de refrigeración y liberación de una importante cantidad de radiación al exterior de la central.

El Gobierno japonés que minimizó la extrema gravedad de la situación, tampoco ha revelado cómo va a deshacerse de los 29 millones de metros cúbicos de tierra radioactiva que pretende sacar de las regiones contaminadas.

A raíz del desastre de Fukushima, el Organismo Internacional de Energía Atómica OIEA, encargada de establecer normas de seguridad nuclear y de protección ambiental, recibió duras críticas, por quedar de manifiesto que sus intereses en la industria de la energía atómica, habían permitido un funcionamiento endogámico y muy poco objetivo.

Los efectos en la salud humana y en el medioambiente de las emisiones radiactivas del accidente de Fukushima tardarán al menos dos años en ser evaluadas en profundidad, según dijo un més después del accidente, en Viena el Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de la Radiación Atómica (Unscear).

La sensibilidad por el peligro en el uso de este tipo de centrales, ha aumentado considerablemente. Se nos hizo creer después de que ocurriera el desastre de Chernobil, que aquella central era muy especial, muy insegura, que estaba muy mal gestionada, y que no había riesgos parecidos en las centrales más modernas. Con Fukushima quedaron desmontadas esas informaciones y la pregunta que queda en el aire es ¿Cuál será la siguiente? Son demasiadas centrales en funcionamiento y no todas son seguras.

El colectivo dijo que la construcción, en Brasil, tiene deficientes condiciones de seguridad.
[…], la central atómica de «Angra 3», gemela de la vecina «Angra 2», situada en Angra dos Rios, en el Estado de Rio de Janeiro, está en el lugar erróneo, está mal diseñada y cuenta con tecnología anticuada, un peligroso cóctel similar al que llevó a la catástrofe nuclear japonesa de marzo de 2011.

Antes del desastre de Fukushima, se afirmaba que la , era la única forma de energía que tenía capacidad de dar solución al suministro global de energía sin provocar unas emisiones de CO2 que envenenan la atmósfera y provocan un efecto invernadero que podría convertirse en el mayor problema de la humanidad dentro de 50 años.
Ahora nos damos cuenta de que, la seguridad de las centrales ha sido exagerada, y que los miedos quizás más viscerales que racionales, no eran exagerados. Los que pensaron mal acertaron.

Fukushima: kilómetro cero

La planta ha emitido desde entonces cantidades de cesio radiactivo equivalentes a 168 bombas nucleares de Hiroshima.
[…]

Aún llevará cuatro décadas desmantelar sus instalaciones y garantizar su seguridad total
[…] La radiactividad se dispara al distinguirse la silueta de la planta en el horizonte. Una vez en la entrada, la pantalla del medidor advierte que se está en una zona de «radiactividad peligrosa» que supera los 30 microsieverts a la hora (la Comisión Internacional de Protección Radiológica considera habitable una radiactividad de 0,11 microsieverts por hora).

Estamos en un callejón sin salida, y la medida más urgente es la de ahorrar energía al máximo, porque las energías alternativas limpias no están aún disponibles.

El desmantelamiento inmediato de las , parece ser una utopía por la extrema necesidad de ingentes cantidades de energía, a las que ningún gobierno quiere renunciar.

Un año después del horror de fukushima, los gobiernos siguen apostando por la energía nuclear

La central nuclear de Fukushima está bajo aparente control, pero casi un año después del accidente más grave desde el de Chernóbil la planta de Daiichi es aún una «zona cero» que desafía día a día la radioactividad. Fukushima no ha servido de aprendizaje, pues en casi todos los gobiernos mantienen intactas sus políticas nucleares.

Tenemos que exigir un aumento de las medidas de seguridad en el uso de esta peligrosísima energía, así como la máxima transparencia sobre la gestión de las centrales y sus condiciones de seguridad, para no repetir los errores cometidos en Chernobil y Fukusima, y confiar en que no ocurra otro desastre tan grande.

Lecciones de Fukushima

Es necesario aprender de los errores, y en Fukushima se cometieron muchos, no sólo a partir del 11 de marzo, los más graves fueron los anteriores, esos son los que de verdad causaron la tragedia nuclear.

No es cuestión de amedrentar a nadie, pero es bueno estar informado de todo lo que se refiera al uso de la energía Nuclear. Greenpeace publicó un mapa interactivo que muestra los millones de personas que viven cerca de los más de 400 reactores nucleares operativos, en este momento, en todo el mundo, y muchos están demasiado cerca de importantes núcleos urbanos. Esos y los que usan tecnologías anticuadas, serían los primeros que habría que desmantelar.

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1 Comentario

  1. Parece mentira que un paraíso como Angra do Reis pueda verse contaminado por la central nuclear Angra III, en fin, ver para creer… Genial tu post.

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