En el supuesto de que las manifestaciones sean violentas, se pueden infiltrar con agentes de paisano para que ayuden a identificar a los cabecillas.

En el caso de que las manifestaciones sean pacíficas, lo normal es que estos infiltrados no tuvieran ningún papel, ya que los ciudadanos se limitan a ejercer un derecho. Sería lo normal en un régimen decididamente democrático, convencido de la soberanía del pueblo y de su papel de meros representantes de los ciudadanos.

El papel de los resulta especialmente perverso cuando los ciudadanos se convierten en meros estorbos para aquellos que dicen representarles y que están en el poder por el propio interés y por el de la legión de amiguetes poderosos y corruptos.

El papel de estos infiltrados policiales durante el ha consistido en desacreditar la manifestación generando violencia. Aún creen que eso puede hacerse gratuitamente en estos tiempos sin que nadie se dé cuenta de la jugada, que será retrasmitida en tiempo récord al planeta entero a todo color y alta definición.

Cuando la policía entra en acción tienen que tener cuidado de no actuar contra sus propios compañeros porque quedan en evidencia ambos de una forma patética (¡Que soy compañero coño!).

Al final las fuerzas del orden (así es como como se hacen llamar), pierden los nervios y la emprenden sin el menor criterio contra el que cae más a mano. A los viejos y viejas antes de golpearles deberían preguntarles si tienen problemas de corazón, o de osteoporosis, porque algún día van a romper algo que no tenga arreglo y entonces sí que habrán conseguido su objetivo de inyectar adrenalina a toda la ciudadanía.

He visto muchas informaciones relativas a estos incidentes recientes:

Me gustaría ver en los tribunales a estos infiltrados que han cumplido este papel de generar violencia y a sus superiores, para que todos sus familiares y sus allegados conozcan la clase de basura hedionda con la que se codea a diario.

Salvo que queramos convertir nuestra democracia en todo lo contrario, no se puede tolerar este tipo de infiltración policial, propia de las dictaduras.

¡Cuidado con los que se tapan la cara!