Blog multi-temático de Antonio Castro

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Nadie merece morir así.

Introducción:
Esta historia proviene toda ella de mi experiencia con un nefasto. En esta historia concurren muchas circunstancias excepcionales. No identificaré ni el piso ni a persona alguna, pero se trata de una historia real y trágica.

Hace cosa de un año que un piso mío que estaba alquilado ardió. El inquilino quemó la casa y resultó tan afectado que terminó falleciendo, pero eso no fue todo, así que mejor, empecemos por el principio.

El pisito es muy poca cosa, pequeño, mala distribución,  y tiene muy poca luz, así que da poco dinero y no hay demasiado margen a la hora de elegir inquilinos. La gente que lo alquila lo hace por ser un piso barato.

El caso es que ya escarmentado de otras veces suelo pedir como aval papeles que demuestren que los futuros inquilinos tienen ingresos mínimamente estables. Lo normal.

El alquiler:
Me llegaron un par de solicitantes: J.M. Jubilado, y F.P. portero en activo con muchos años de antigüedad trabajando en una misma finca.

Esto fue en septiembre de 2010. Aportaron sus documentos para acreditar esa solvencia y  nos pareció a mi mujer y a mí que ofrecían bastante seguridad de pago.

Supuestamente eran amigos de toda la vida y pretendían quedarse a vivir de forma indefinida en el piso, lo cual también me resultaba interesante, porque cada cambio de inquilino suele suponer gastos y tener uno o dos meses el piso parado.

El suceso:
Hasta hace cosa de un año la cosa parecía ir bien, pero el piso ardió. Afortunadamente que aún no era muy tarde y un vecino que pasó por allí vio el humo y llamó a los bomberos.

Estos, cuando llegaron tuvieron que romper la puerta. Allí se encontraron a J.M. echado en un sofá que estaba ardiendo con su perro encima de él. Por lo visto llegó totalmente borracho, encendió una estufa eléctrica demasiado cerca del sofá, y se durmió. El perro  parece que protegió a su amo de las llamas con su cuerpo y no sobrevivió al .

El calor que alcanzó esa habitación, sobre todo en las partes más altas, fue tan grande, que las puertas y el yeso del techo quedaron destruidos. Toda la casa menos un dormitorio, quedó negra por el hollín.

Aquello debió ser un infierno, pero aquel hombre salió vivo de allí gracias a la rápida actuación de los bomberos y a la generosidad de su perro que dio su vida por él.

Estos detalles los conocí porque fui a hablar con los bomberos un par de días después para conocer los hechos.

En el hospital sobrevivió varios meses y pareció por un tiempo que saldría adelante, pero llegaremos luego a eso.

¿Qué pasó con el otro inquilino?
Un vecino me dijo que el otro inquilino F.P. se había marchado hacía varios meses por culpa de una discusión relativa a las continuas borracheras de J.M.

Por lo visto, J.M., (el jubilado)  era un alcohólico, con muy mal carácter y había tenido enfrentamientos con varios vecinos antes de tenerlo con su compañero de piso.

Nuestros vecinos nos explicaron que J.M. dijo gritando que él continuaría bebiendo lo que le diera la gana, porque era él el que estaba pagando la totalidad de la mensualidad (eso es algo que nosotros no sabíamos ya que firmaron ambos como inquilinos) .

No supe

calar a estos inquilinos cuando se firmó el contrato, entre otras cosas, porque fue F.P. el que hablaba todo el rato, y se le veía una persona muy correcta y educada. Menudo embaucador resultó.

Después de hablar con los bomberos y de dar parte a la policía y a la compañía de seguros, me dirigí a la finca donde constaba estaba trabajando F.P. de portero.

Allí me encontré a otro portero que me explicó que F.P. ya no trabajaba allí. Abandonó sin aviso ni nada a su mujer y su trabajo. Con ello renunció entre otras cosas a sus derechos de despido con muchos años de antigüedad trabajando en aquella finca. Por lo visto, según me dijo aquel portero,  le estaban buscando unos acreedores por deudas de juego, y quizás también por estafas. Eran famosas las broncas con su mujer. En otras palabras, F.P.  estaba ocultándose en mi piso, no sé si de la justicia o de quién.

F.P. parecía culto, tenía mucha labia y a nosotros nos inspiró mucha confianza, pero resultó ser un pájaro de cuidado. Nos engañó haciéndonos creer que tenía trabajo.

La nómina que F.P. me presentó no era la última, sino la de hacía un par de meses. La verdad es que yo no sospeché nada, porque algunas veces las empresas las entregan con algún retraso.

El caso es que yo no sólo había contratado el alquiler a un jubilado alcohólico, también se lo había alquilado a un estafador.

Me indigné por qué con la edad del jubilado J.M. y su problema de alcoholismo, me pareció evidente que abandonarle en el piso fue una temeridad que además resultó fatal. Ese hombre no estaba bien, y con lo que fui conociendo no me pareció que estuviera capacitado para vivir solo. Lo mínimo que debió hacer F.P. antes de desaparecer, era llamarnos a nosotros o a los servicios sociales, o a alguien, pero no abandonar a  J.M.  a su suerte.

Varios días después del incendio:

Yo no podía entrar en mi piso, porque legalmente continuaba alquilado, pero en la denuncia que hice a la policía, pedí que se buscaran a los familiares de J.M., que en aquel entonces, estaba ingresado grave en el hospital. Localicé a una hija y pedí que autorizaran  la entrada del perito de la compañía de seguros al piso, afortunadamente eso se consiguió.

Me entero de que J.M. tenía muchos hijos y de que ninguno de ellos quería saber nada de su padre desde hacía muchos años.

Su hija nos permitió entrar en el piso a mí y al perito, pero después se desentendieron absolutamente de todo. Tampoco mostraron la menor piedad por su padre que estaba gravísimo en el hospital, más bien todo lo contrario, y prefiero no dar detalles sobre ciertos comentarios despectivos que hicieron de su padre. Su padre estaba a punto de morir y ellos muy fastidiados teniendo que interrumpir sus vidas para ocuparse de los problemas del viejo.

J.M. después de un par de meses en la UVI pareció que podría superarlo. A mí en el hospital, al no ser familiar no pude hablar con él.

Tuvimos que esperar al impago de la mensualidad, para proceder a desahuciar por impago para recuperar el piso.

Pasó el tiempo, pero J.M. no salió del hospital. Murió por fallo multi-orgánico.

Cuando llegó la fecha del desahucio, y vinieron del juzgado, nos enteramos de que el propio juzgado había cometido un error.  Al no asistir los inquilinos al juicio fueron declarados en rebeldía, y el juzgado olvidó proceder con el edicto.

Pese a ello con ayuda del cerrajero, se forzó la puerta, se entró en el piso y se miró entero por si había algo de valor en él.

Se vio que no había nada de valor, pero nos dijeron a mi abogado y a mí que tenían que quedarse ellos las llaves para poder notificar antes a los interesados. Habían olvidado notificar   mediante un edicto público el desahucio.

El juzgado se quedó las llaves del piso y dijo que lo hacía para proteger los derechos de los inquilinos. Algo raro porque uno de ellos estaba muerto y sus familiares ya habían sido avisados y habían entrado en el piso, y el otro estaba huido.

Además, con esa extraña medida de quedarse las llaves el juzgado, ya no podíamos usar el piso ni los inquilinos, ni el propietario.  Tuvimos que pagar las costas de un nuevo desahucio y esperar otros dos meses. La arrogancia y prepotencia del juzgado fue constante. En total un año el piso parado.

Por fin nos hacemos con el piso:
Tuvimos que sacar todo lo que había allí para que la compañía de reformas del seguro pudiera trabajar.

La verdad es que viendo las pertenencias del fallecido J.M., me dio bastante lástima de aquel hombre.

Quizás era un alcohólico con mal carácter, y quizás se ganó la enemistad de sus hijos por alguna razón, pero era un hombre con muchas ilusiones por un montón de pequeñas cosas.

Tenía muchas colecciones sin valor en su casa: corbatas, mecheros, gafas, chaquetas, herramientas, muñequitos. Todo ello en cantidades absurdas.

Eran colecciones de objetos que ocupaban un montón de espacio en su vivienda y quizás también en su vida. Hay que tener en cuenta que todo ello representaba muchos kilos de pertenencias muy poco útiles y que él tuvo que trasladar a su nueva morada cuando alquiló el piso.

Pude ver muchos años de coleccionismo de cosas más o menos absurdas. Pobre hombre.

Yo encontré todas sus pertenencias revueltas porque es lo que dejaron sus familiares que previamente habían rebuscado por si quedaba algo de valor.

A saber como se apañaba el pobre, porque encontramos su nevera totalmente vacía, y El colchón y algunos pantalones aparecieron manchados con la misma porquería marrón que apareció en un montón de calzoncillos abandonados en el interior de la lavadora.

J.M. fue un pobre hombre que tuvo una muerte que nadie merece. No fue capaz de vivir solo, y todo el mundo le abandonó sin que nadie se hiciera cargo de él.  Una que culminó en el hospital.

Quizás aquel hombre no salió del hospital porque cuando fue capaz de comprender en lo que se había convertido su vida,  no fuera capaz de enfrentarse a la vida: Abandonado por su único amigo, sus hijos le odiaban, sin piso a donde volver, porque era consciente de que él lo había quemado.

Me consta que los servicios sociales intentaron hablar con los hijos de J.M., pero ninguno estaba dispuesto a hacerse cargo de su padre.

No pude ir a visitarle al hospital por no ser familiar y me alegro de no haberlo hecho porque en aquel momento estaba resentido con ese hombre por haberme quemado el piso, pero yo no era consciente de la verdadera dimensión del que estaba viviendo aquel hombre. Lo comprendí cuando pude entrar en el piso quemado y hacerme una idea de como vivía. Jamás pensé que una vida humana pudiera hundirse en la miseria de esa forma tan lamentable. Es tristísimo pobre hombre, descanse en paz.

Ese hombre seguramente era conflictivo pero necesitaba ayuda. Nadie merece terminar así.

La única ayuda que recibió fue la de su perro que sacrificó su vida por él, recibiendo las quemaduras que de otra forma habría recibido su amo. Es lo que su hija dijo que le habían dicho en el hospital. De todos los sacrificios heroicos que conocía de perros que dieron sus vidas por sus amos este me pareció el más increíble de todos. No huyó del fuego, le tapó con su cuerpo.

A nosotros los familiares de J.M. nos dejaron un regalo en el piso. En uno de los espejos  cuyo marco se estropeó por el excesivo calor, y cuyo espejo estaba cubierto de hollín, nos dejaron dibujada una cara sonriente. Una burla de muy mal gusto.

Cuando vi el dibujo pensé para mis adentros «Cuánta miseria moral hay en este mundo y qué afortunado soy».

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2 Comentarios

  1. ojocuidao

    Buen testimonio, muy bien detallado,
    da pie a diversas reflexiones.

    La dimension humana de cualquier suceso
    suele ser casi siempre tremenda,
    aunque para comprender bien los hechos
    seria preciso conocer todo el conjunto,
    la vida de los sujetos implicados.

    Asi pues nuestras impresiones se basan
    en lo que nos inspiran los indicios
    y lo que adivinamos tras ellos.

    Sin querer y sin darnos cuenta
    nos montamos un relato,
    que puede afectar nuestra lectura
    de los hechos.

    Por ejemplo, una cara sonriente
    dibujada en un espejo.
    Puede ser una broma de mal gusto.
    O puede ser un simple acto reflejo inocente.

    Que relevancia tiene para el que la hizo?
    Que efecto sobre el testigo?

    La vida tiene esto de bueno,
    que cada cual trabaja con su experiencia,
    y tambien con cosas como esta,
    compartiendo vivencias.

    A mi lo que me ha inspirado ver el piso quemado
    es que es como si fuera una plasmacion muy fiel
    a las interioridades de su inquilino.

    Es como si el subconsciente de esa persona
    hubiera seguido un camino de autodestruccion programada.
    Alcohol y fuego, resultado: liberacion de la
    carga y energia acumulada.

    Cuando se dice de alguien es como una bomba a
    punto de estallar, puede ser mas cierto de lo que
    pensamos.

    Un saludo.

  2. Antonio Castro

    También hay que entender que en unas simples líneas no puede plasmarse una historia que en el tiempo duró todo un año. Gracias por tu comentario y por tu interés.

    Un saludo.

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