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Mi guardia en el repetidor.

Leo que ayer un artefacto explotó en un repetidor del Alto de La Granja (Guriezo) y ha causado importantes daños materiales. Con ello me ha venido a la memoria una historia de mi servicio militar. Me tragué año y medio de mili obligatoria en Lérida (Lleida) en el cuartel militar de Gardeny con los mulos.

Fusil de asalto CETME

Fusil de asalto CETME (Los nuestros no eran como el de esta foto, pero sí muy similares)

Unos mulos que cada día mandaban a más de uno al hospital con una buena coz. A un compañero le reventaron la cara de una coz. Le partieron la mandíbula y le saltaron todos los dientes. Era de profesión mulero y sabía manejarlos pero una buena parte de aquellos bichos eran auténticos diablos, y aquello un infierno. Recuerdo que al día siguiente del incidente trajeron el mulo a la enfermería de veterinaria donde yo servía de ayudante de veterinaria gracias a tener titulación de biólogo. El mulo venía herido porque los reclutas habían hecho justicia a su manera con el mulo. Lo fustigaron con un trozo de manguera, y lo rajaron con una navaja en la nalga. El mulo llegó histérico a la enfermería soltando coces a diestro y siniestro. había que sujetarlo para curarlo y los sargentos herradores profesionales no se atrevían, así que me tocó hacerlo a mí. Cogí el torcedor, me lo ensarté en la muñeca, me abalancé con decisión sobre su oreja en un movimiento rápido, y empecé a retorcer con fuerza. El animal se giró y me arrinconó contra la pared haciendo fuerza para aplastarme contra ella y librarse de mí. No podía salir, ni respirar así que lo único que podía hacer es apretar con más fuerza el torcedor. Los sargentos herradores chillando y pateando al mulo para que me soltara. Apunto de perder el conocimiento se hicieron con el control del mulo, le aplicaron un segundo torcedor en el labio y por fin se quedó relativamente quieto y pudieron curarle. Aquello me dejó las costillas doloridas.

El caso es que aquel cuartel era un auténtico infierno, había destinos mucho mejores que ese que me tocó a mí. Allí toda la gente estaba a disgusto mandos incluidos. El caso es que fuimos movilizados para dar relevo a una unidad destacada en una colina, con objeto de guardar un repetidor de posibles atentados etarras, pero no existía ninguna situación de alarma. Era pura rutina. El Sargento al mando de nuestra unidad era un pasota. Se llevó sus pistolitas, un montón de munición y se pasó la semana que estuvimos allí casi sin dirigirnos la palabra y haciendo prácticas de tiro todo el rato. Pasaba de nosotros todo lo que podía, para él eran unas vacaciones y para nosotros resultó igual.

La base del campamento estaba al pie de una colina y eran unas pocas tiendas de campaña. Nos organizó las guardias pero no nos controlaba apenas. Las guardias nocturnas eran por parejas. Cogíamos patatas robadas al cocinero, un poco de sal, y un poco de mantequilla. Subíamos caminando hasta la cima de la colina para hacer el relevo, y  a una hora prudencial en que sabíamos que el sargento estaría durmiendo abajo en el campamento, nos íbamos a un sitio cercano del puesto de guardia resguardado por una pequeña hondonada, hacíamos una hoguera y nos asábamos las patatas. Solo hay que enterrarlas entre la ceniza y el rescoldo y se hacen solas. Con un poquitos de sal y mantequilla. ¡Están buenísimas! En lugar de  hacer la guardia de forma reglamentaria, (sin hoguera,  de pie,  ambos distanciados, y en silencio) nos sentábamos a la luz de la hoguera charlando de nuestras cosas mientras comíamos patadas asadas. Eran guardias muy relajadas. Aquello eran unas vacaciones en el campo más que un servicio de guardia.

Por el día las guardias eran individuales y había que tener más cuidado y hacerlas de pie. Yo estaba haciendo mi guardia, y esa vez decidí sentarme. Había una piedra entre unos arbustos que me ocultaban totalmente, así que me senté allí con el chopo (así llamábamos al cetme) entre las piernas. Estaba relajado cuando escuché un ruido extraño. No me moví, pensé  -¿Se habrá caído una piña o algo?-  Pero el ruido se repitió una segunda vez. Aquello me pareció muy extraño y ya que había optado por hacer la guardia escondido entre la maleza, de forma nada reglamentaria, opté por no delatar mi posición y permanecer inmóvil. Era muy improbable que alguien me viera sin que yo pudiera verle a él. Escuché de nuevo el mismo ruido pero en un lugar distinto. Era evidente que alguien estaba tirando piedras y no era posible saber desde donde ni quien era.

Opté por mandar el mensaje de «ahora tengo una bala en mi recámara» en forma de sonoro ‘RATACLAK CLACA’ al mover con toda la energía que pude la palanca del cargador de mi fusil y me puse de pie. Surgió efecto, resultó ser mi sargento que salió corriendo, desde su escondite tropezando y gritando.

-¡No dispares, no dispares!

-¡A la orden mi sargento! – dije yo todo serio, cuadrándome en posición de firme y saludando militarmente.

Mi sargento se levantó del suelo sacudiéndose el polvo y se marchó, supongo que me dijo algo del tipo, ‘descansa’ o algo similar, pero no recuerdo más que su saludo militar y su cara de fastidio y como bajaba avergonzado la mirada. Es la clásica numerito militar que no siempre termina igual. En mi cuartel circulaban algunas historias de bromas similares con final trágico. Aquello quedó en simple anécdota divertida. Cuando nos marchamos de allí nos relevó otra unidad mandada por el sargento Camacho. El más chungo de todo el cuartel. Me temo que aquello otro no fueron como las nuestras unas vacaciones divertidas en el campo. Era sabido que el sargento Camacho todos los días arrestaba a alguien o le fastidiaba el fin de semana.

 

 

 

 

 

 

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5 Comentarios

  1. toño

    Hola, yo tambien estuve alli desde finales del 82, lo del mulo apaleado me suena algo no se si será el mismo caso yo estaba en la primera bateria . Con el sargento Camacho pasé alguna guardia;tambien me acuerdo del capitán De Goya ,de la mula Zaragoza que era muy jodida de las maniobras por los pirineos, lo de las inundaciones en Lleida no lo pillé por poco creo que fue unos meses antes de que llegara yo.UNSALUDO.

  2. admin

    No recuerdo la fecha, coincidieron con unas grandes inundaciones. Llenaros el patio de nuestro cuartel, con toda clase de helicópteros. Una faena para los que tuvimos que hacer guardias en aquellos días, porque dormimos menos que nunca.

    Al sargento Camacho con sus gafas oscuras se le veía con frecuencia en el comedor. Siempre buscando para ver si podía joder a alguien.

    Yo estuve en la batería de servicios. Estaba de secretarió del capitán de veterinaria. (Serví con varios capitanes de veterinaria durante eses año y medio de mili). Me acuerdo del capitán Regañón. (no era un mote, se apellidaba así). Un día llamó a cocina y…

    -Hola soy el capitán Regañón.
    -Pues yo soy el cocinero buen humor,- y le colgarón el teléfono.

    Se pasó por la cocina para preguntar donde estaba el cocinero buen humor. No tenía intención de represaliar a nadie por aquella bobada, pero como no quiso dar la cara y el capitán se cabreó, amenazó con un arresto general y entonces salió el cocinero disculpándose, le mando un día al cala.

  3. toño

    JA JA, YO ME ACUERDO QUE UNA VEZ A UN NUEVO LO MANDARON A BUSCAR EL CONDON DEL SEMENTAL AL CUERPO DE GUARDIA Y EL TENIENTE CASI LO CORRE A GORRAZOS.

  4. admin

    Toño, te contaré algo más. Dices que las maniobras en los pirineos con los mulos eran muy jodidas. Yo me libré de todas las maniobras porque era el único ayudante de veterinaria. En unas maniobra me contaron que tuvieron que andar un montón de kilómetros con nieve por las rodillas y nevando. Los mulos se caían encima de los pobres muleros y tenían que levantarlos entre cinco o más muleros, el capitán en medio de la ventisca se perdió y dieron una vuelta por la montaña del copón tardando mucho más. (En aquellos tiempos no había GPS). La gente se cagaba a voz en grito en la puta madre del capitán y este estaba tan acojonado que no dijo ni mu. Ni una sola reprimenda. Las caras cuando llegaron eran un poema. Rozaron la tragedia.

    Las novatadas los primeros meses fueron un auténtico infierno. Más de uno terminó en la enfermería del poco dormir. La alternativa era despertarse enpalominado, con el pelo de color naranja. Te echaban polvo en el pelo, era el colorante del arroz marca la paloma. Si te lavabas el pelo terminabas entero de color naranja. Demasiado cafre.

  5. Jesús

    Hicimos la mili en la GRANJA MILITAR DE LLEIDA, y nos reunimos desde hace 40 años en una comida de hermandad todos los soldados, cabos y cabos 1º que pasamos por esta granja.
    Si conoces a alguien interesado en la asistencia comunicalo a esta dirección: jerura@hotmail.com.
    Saludos.

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