Continuamos con las incertidumbres sobre el futuro del mundo editorial y el futuro del .

En el siguiente artículo se ofrece un montón de reflexiones obre estos temas sobre los cuales he destacado unos pocos:

¿Se avecina el fin de las editoriales?

Forrester Research predice que las ventas de libros electrónicos aumentarán desde US$2.200 millones el año pasado a US$10.500 millones para 2016. Pero incluso si es así, ¿a dónde irá el dinero?
[…] Hoy hay 70.000 estadounidenses que trabajan para editoriales, alrededor de 15% menos que hace una década. Muchos miles más trabajan como agentes, editores, diseñadores e impresores. Deseo que les vaya bien a todos. Pero sospecho que necesitan comenzar a escribir sus curriculos. No entiendo cómo sobrevive esta industria. De hecho, temo que el fin esté cerca.
La buena noticia es que nunca ha sido tan fácil convertirse en autor.
[…] Incluso bajo el sistema actual, uno tiene que hacer su propio marketing de todos modos. Naturalmente, estoy teniendo que lidiar con mucho más en Facebook y Twitter que antes. Es un mundo nuevo, feliz o no.
[…] El libro probablemente le lleve cinco años, de comienzo a fin, entre investigar, escribir y publicar. Esta clase de “grandes libros”, ¿serán incluso económicos en la nueva era electrónica? Sin adelantos, ni subsidios cruzados. El escritor asume un riesgo enorme, con ventajas casi mínimas también. Tengo mis dudas.

En efecto, el mundo editorial tradicional tiene problemas porque el papel de intermediación en la distribución de contenidos es cada vez menos necesaria y porque es una industria que en lugar de evolucionar y adaptarse, decidió apostar por el inmovilismo.

Los modelos alternativos a la edición tradicional como son la y la coedición, presentan el inconveniente de que el peso de la labor promocional recae sobre un autor que rara vez está suficientemente preparado para hacer un buen trabajo de autopromoción en Internet y que le cuesta muchísimo compatibilizar su trabajo de escritor con un trabajo de marketing que rara vez le apetece hacer.

Todo el mundo puede autopublicar sin la menor cortapisa, sin embargo, frente al inconveniente que supone llenar Internet de ofertas que carecen de la calidad necesaria, existe en Internet la posibilidad de que aquello que tiene calidad e interesa a mucha gente, destaque sobre el resto de la oferta como lo haría la luz de un simple mechero en plena oscuridad.

No quiero que esto se mal interprete, porque todos tenemos la experiencia con los buscadores en Internet y algunas veces intentar localizar algo es como intentar beber de una boca de incendios. No obstante, una vez que se adquiere cierto nivel de relevancia, los buscadores si te dan mucha visibilidad.

Son muchos los autores que únicamente consideran la edición tradicional en papel y que no valoran ni la autoedición ni la posibilidad de publicar en formato electrónico. Para empezar hay que decir que son opciones que no considero mutuamente excluyentes ni creo que la conveniencia de uno u otro sistema sea indiscutible para cualquier circunstancia.

Para los autores noveles creo que la autopublicación en formato electrónico representa una buena opción en este momento.

El libro electrónico autoeditado frente al libro impreso editado de forma tradicional:

A riesgo de resultar impreciso, voy a plantear un ejemplo concreto para poder hacer sobre él algunos cálculos. Para cualquiera que considere que el ejemplo es inadecuado le invito a que haga sus propios cálculos con arreglo a sus propias consideraciones. Creo que sin ello podemos dejarnos llevar por toda clase de prejuicios.

Yo voy a suponer que un libro impreso ofrecido a través de una editorial tradicional se vendería a 20 euros, y que la alternativa sería la de ofrecerlo  1.5 euros en su versión electrónica. Sin duda la diferencia en el PVP entre ambas alternativas llamará la atención a más de uno, pero no lo considero ningún disparate por varios motivos.

  • Para la versión impresa, sería muy difícil que el autor recibiera más de un 12% sobre el PVP (autores superventas). Sería más realista considerar un beneficio del 10% sobre el PVP. Por el contrario en Amazon un libro electrónico puede proporcionar a su autor el 70% del PVP.
  • No hay que olvidar que el cliente de la versión impresa tiene que ir a la tienda o tendrá que pagar unos gastos de envío, en cuyo caso tendrá que esperar a recibirlo. Por el contrario el libro electrónico podrá ser adquirido sin moverse de casa en el mismo instante de la compra y sin gasto alguno.
  • El libro impreso para su distribución a nivel mundial necesita de una infraestructura de de distribución muy costosa. El libro electrónico está a un solo click del consumidor esté donde esté.
Muchos editores jamas ofrecerían un libro electrónico al precio de 1.5 euros que yo he propuesto porque no quieren perjudicar la edición impresa. Para un libro impreso de 20 euros es muy frecuente ver su versión electrónica ofrecida a unos 15 euros. Yo estoy sugiriendo dividir por diez ese PVP porque estamos hablando de un mercado totalmente diferente y es un PVP más acorde a la demanda en este tipo de productos.  Un precio considerado injusto para un libro electrónico aumenta el peligro de la piratería.
Aplicando los supuestos que acabamos de plantear, por cada libro de 20 euros vendido en papel, el autor recibirá 2 euros, y por cada libro electrónico de 1.5 euros vendido en formato electrónico, el autor recibirá 1 euro.
Para igualar ganancias con ambos sistemas le bastará al autor con vender el doble de libros electrónicos. Eso es muy factible. En realidad se queda corto porque para el cliente hay otras incentivos al margen de la enorme diferencia en el PVP tales como los gastos de envío y el retraso en la percepción del producto adquirido así que las ventas suelen ser mucho mayores y apenas hay fugas a terceros del capital que se mueve la obra.

Esto es matemática, pero parte de unos determinados supuestos que son cosa mía. Insisto, si no te convencen estos supuestos haz un cálculo con los tuyos.

Existe una deriva del mercado tradicional de libros hacia los eBooks, no obstante, el libro electrónico no podrá erradicar al libro en papel porque son productos muy diferentes. Es muy posible que una venta en formato electrónico derive en la compra del ejemplar impreso por afán de coleccionismo o para ofrecerlo como regalo a otra persona o para mayor disfrute de la lectura.

Lo más importante para el autor al optar por la autoedición es su total libertad. Este no quedará atado por contrato con un editor que, por diferentes motivos, podría finalmente no invertir en su libro lo que la obra necesita para que se venda. Esto puede ocurrir porque este tipo de compromisos no suele ofrecerse a los autores. Por contra, un autor puede apostar por su obra en la medida de sus posibilidades sin ceder derechos de explotación de su obra a nadie.