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Después del batacazo de la Ley Sinde se están abriendo debates muy interesantes. En lo que sigue expongo mi punto de vista en sintonía con la contestación que ofrece un científico a , y que en mi humilde opinión, pone el dedo en la llaga sobre estos temas.

Nos muestra la visión científica sobre las obras de y nada tiene que ver con la visión apocalíptica de la cultura que algunos falsos profetas de la cultura intentan hacer ver.

Me temo, que el valor cultural de las cosas no es algo objetivable. De hecho, muchos grandes autores de las artes y las letras murieron en la más absoluta ruina como por ejemplo Wolfgang Amadeus Mozart, Vincent van Gogh, Rembrandt Harmenszoon, Luis de Góngora, Enrique Jardiel Poncela, Johannes Vermeer, y un larguísimo etc.

Los autores de obras de arte que esperan vivir de sus creaciones, olvidan que al margen del valor cultural más o menos reconocido en una fecha determinada, la ley de la oferta y la demanda es la que determina el valor comercial de las cosas.

La sostenibilidad en base a privilegios, ayudas, coacciones, prohibiciones, recortes de libertades, y decisiones políticas de todo tipo, puede terminar distorsionado la percepción cultural, más que la propia ley de la oferta y la demanda que nadie dijo que fuera perfecta, y de hecho poco tiene que ver con un valor cultural que es algo difícil de medir. Asumir que los políticos si pueden hacerlo es una estupidez. A ellos no les interesa la cultura sino lo que mueve la cultura, y no son la misma cosa.

Los científicos están mucho más acostumbrados a compartir sus obras gratuitamente que los creadores literarios y artísticos. Los científicos conciben sus conocimientos como patrimonio de la humanidad y se consideran deudores de aquellos descubrimientos que les precedieron.

Manzanas Entrelazadas

Carta abierta de un joven científico a Teddy Bautista (y por extensión a la )
Después de que se rechazara la llamada «ley Sinde» en el congreso era de esperar una cascada de reacciones por parte de las partes interesadas, artistas, SGAE, ciudadanos de a pie y demás.

Una de ellas ha sido el comunicado del director de la SGAE, Teddy Bautista, en su web. Como es costumbre no estoy de acuerdo en lo que dice, pero no pasa de ser mi opinión personal como un ciudadano y consumidor de cultura más. Sin embargo por primera vez he visto que el señor Bautista se ha referido directamente a mi colectivo, los científicos, como parte afectada. Cito:

«Paradójicamente, no somos nosotros los principales perjudicados en esta situación; es la ciudadanía, que se verá privada a medio y largo plazo de un rico acervo cultural, de un imaginario colectivo que, desde el principio de los tiempos, los creadores y artistas, los científicos e inventores, han construido para favorecer el desarrollo intelectual y económico de los pueblos.»

Señor Bautista, no se si ha hablado usted con algún científico, pero yo lo hago con muchos a diario, de distintos países y disciplinas y creo que tengo más información sobre mi colectivo que usted. Nunca he conocido a ningún científico que apoye el tipo de medidas que estaban presentes en esa ley. Debería saber que la mayoría de las publicaciones científicas se hacen sin remunerar a los autores, cosa que ustedes defienden que es insostenible. De hecho desde hace ya unos años se crean páginas donde los autores enlazamos nuestros artículos para que estén accesibles sin necesidad de suscribirse a las revistas (como ejemplo arXiv, donde en el momento de escribir este post puede usted consultar 647,809 artículos de forma gratuita). Igualmente ocurre con muchos libros científicos, donde el autor no recibe ninguna remuneración. También el colectivo científico participa activamente en el desarrollo de páginas como la Wikipedia sin reclamar , ejemplos son páginas muy específicas como las dedicadas a la Relatividad General, o a la Computación Cuántica, realizadas sin duda por gente especialista. También recientemente han aparecido revistas de investigación gratuitas de consultar, donde los científicos pagan por publicar, como New Journal of Physics o Plos One. Le animo a que se pase por ellas y descargue tantos artículo como desee gratuitamente.
[…]

Actualmente muchos creadores de obras literarias y artísticas tienen una concepción de su trabajo más cercana a la creación divina, que al trabajo humano deudor de trabajos anteriores, como si de la nada, los mortales pudiéramos crear algo. Me parece demasiado pretencioso.

Si realmente fuera así, habría que concluir que el dinero ganado por J.K Rowlings, cuya fortuna supera a la de la Reina de Inglatera, es en realidad una miseria injusta.

Hay formas y formas de valorar las cosas, y la industria intenta imponer su forma de valorar la cultura.

Este joven científico lo que pone de relieve, es nuestra visión distorsionada sobre el hecho creativo, sobre los derechos de los creadores, y sobre la sostenibilidad de los creadores y artistas.

Más que de supervivencia de los autores, existe un trasfondo comercial de las obras con capacidad de mover auténticas fortunas en beneficios.

La propuesta de Sinde es de facto cargarse la cultura en su sentido más amplio para sostener un negocio que en sus propias palabras mueve el 4% del producto interior bruto.

¡Casi nada! Menudos muertos de hambre.

¿Nadie va a cuestionar el desigual reparto de esta fortuna?

Yo sí, porque el problema no es tanto la piratería como la distorsión de valores culturales provocada por la industria. Tenemos una vara de medir la cultura que es un producto del márqueting de estas industrias.