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Copyright sí, pero con cordura y con sentido común.

copyleft vs. copyright

copyleft vs. copyright

Yo vengo hablando de las ventajas que ofrecen las licencias copyleft para la cultura en general, como mecanismo de marketing viral, para autores que necesitan darse a conocer, o como forma de difundir contenidos de interés social.

También he comentado muchas veces la irracionalidad del modelo actual del copyright que perjudica a la cultura en beneficio de una industria caduca, que actúa como intermediaria en la distribución de copias de obras, que actualmente son fácilemente copiables y distribuibles gracias a Internet. Para colmo lo llaman pirateo cuando mayormente se hace de forma totalmente licita por derecho a copia privada.

También he comentado la inutilidad de intentar poner puertas al campo, o los intentos retrógrados de este gobierno para cerrar de forma arbitraria y sin posibilidad de amparo legal, sitios que publiquen enlaces a páginas de descargas. En Internet todo son enlaces a otras páginas y si una persona busca un sitio dedicado a ofrecer descargas lo va a encontrar ponga como se ponga la misnistra.

También he hablado de las obras huérfanas. Estas suponen una cantidad enorme de cultura que va a parar a la basura por el simple hecho de que no se pueden explotar, ni comercialmente ni de ningún otro modo, porque sus derechos podrían no haber prescrito. Dejar vigentes los derechos de un autor hasta 70 años después de su muerte, es algo que va en beneficio de la industria y en perjuicio de la cultura. Es un robo a la ciudadanía.

No se puede aludir a la sostenibilidad creativa años después de que un autor muera. Yo puedo entender que una obra recién creada pueda rentar a los legítimos herederos de un autor que no tuvo oportunidad de sacar beneficio alguno por culpa de una muerte prematura, pero para eso yo diría que bastan 5 años después del fallecimiento del autor y no 70. A fin de cuentas muchos autores son deudores de sus familiares cuando están fuertemente inmersos en proceso creativo, y es lógico que algo quede para los herederos, pero la industria no debe ser favorecida sin más a expensas de la ciudadanía.

Yo no defiendo lo que llaman cultura libre donde no existan derechos de autor de ningún tipo, porque me parece un concepto radical que no beneficia a la cultura. Yo opino que la sostenibilidad de los creadores de obras culturales, debe basarse en criterios racionales donde la industria no  debe pretender ser favorecida.  No se puede asumir la defensa de los intereses de una industria por ser aliada de la cultura, porque no lo son. La industria únicamente busca su propio beneficio.

Un modelo razonable es posible:

Acabo de leer un artículo con el cual me identifico y ofrezco un extracto, pero recomiendo leer el artículo siguiente completo:

Un grupo de economistas aboga por permitir el intercambio online

Perseguir la descarga de música en Internet no ayudará a transformar el modelo productivo de la industria discográfica, sino que habría que permitirla, reducir el precio de la música y restringir drásticamente la duración de los derechos de autor, que sólo benefician a los grandes artistas y las empresas que ejercen el monopolio en el sector, dijo el miércoles un grupo de economistas.

La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) considera que la ley de Economía Sostenible que persigue a las webs de descargas que se enriquecen ilegalmente – actualmente en tramitación en el Congreso de los Diputados – dificulta el cambio de modelo productivo que está en marcha con las nuevas tecnologías.

«Se está subvencionando una tecnología antigua que habría que eliminar», declaró en rueda de prensa en Madrid Michele Boldrin, doctor en Economía de la Universidad de Rochester, EEUU.

Me gusta este artículo porque coincide mucho con mi postura. Yo vengo usando Linux desde hace unos 15 años y soy un defensor del software libre, pero desde hace unos años soy escritor.

He visto desde hace muchos años como algunos fanáticos defensores del modelo de cultura libre han entrado en contradicciones cuando han negado primero unos derechos que luego han reclamado para sí  para sí mismos con el fin de rentabilizar alguna obra. Esto ha pasado muchas veces, y creo que simplemente eso ocurre porque el entusiasmo les llevó a defender posturas bien orientadas en lo que se refiere a la denuncia de un modelo caduco, pero erróneas por caer en el extremismo. La falta de realismo les pasó factura haciendo que algunos seguidores se sintieran traicionados.

No voy a decir nombres porque no me interesa polemizar con los fans de personajes que pese a todo hicieron una labor admirable en defensa de la cultura del conocimiento en la actual era de la información.

Esta aparente equidistancia o relativismo me sitúa un poco en tierra de nadie que es el terreno ideal para un quijote o un salvador gaviota como yo. Soy tan falible como los demás, pero me gusta cometer mis propios errores porque de los errores ajenos no se aprende nada.

La asimilación a un grupo ideológico, sea cual sea, es una forma de autocondicionamiento que impide ver las cosas con claridad e independencia. Intentaré explicar este polémico asunto de los derechos de autor una vez más desde mi propio punto de vista.

Confusión interesada de la cultura con la industria de la cultura:

La cultura en un mundo como el actual no puede reducírse al elitista mundo de los bestsellers donde el glamour y las grandes cantidades de dinero no deberían oscurecer otro tipo de manifestación cultural muchísimo más amplia y universal que recorre actualmente las venas de Internet.

Que un autor de éxito pueda llegar a alcanzar en poco tiempo más riquezas que la propia Reina de Inglaterra constituye una consecuencia de este modelo de economía global que produce inmensos beneficios para los autores de éxito, pero que no debe ser elevada a la condición de monopolio de la cultura porque el conjunto de obras menores es inmenso y aporta un valor cultural global de un incalculable valor y que no puede ser medido en términos económicos sino socioculturales.

Por poner un ejemplo: yo no sé lo que vale la Wikipedia, pero los gigantes editoriales no han sido capaces de ofrecer nada que compita con ella, entre otras cosas porque es muy buena y gratuita, lo cual la hace llegar a mucha gente, y esto socioculturalmente hablando es algo de la máxima importancia.

El mundo de la cultura libre  considera la propiedad intelectual como un término caduco, y tienen razón en que el uso de determinadas palabras es importante y el concepto propiedad referido a la cultura es tendencioso y no se ajusta a la realidad de un mundo intangible e inapropiable, pero lo que no conviene olvidar tampoco es que el autor ha de gozar de un cierto privilegio sobre derechos de explotación de su obra que le permitan poder crear de un modo sostenible. No hacerlo así es más propio del radicalismo del todo gratis que de una ideología coherente.

El problema es tan grave que excede el ámbito meramente cultural:

Los derechos contemplados en la actualidad buscan principalmente favorecer a la industria, más que a los autores. Digo esto porque los autores no son sólo los autores de éxito, que estos sí salen muy beneficiados con el modelo actual, sino a todos los autores.

Por lo tanto, existe una clara distorsión de los objetivos a proteger por motivos de egoísmo industrial. La cántidad de dinero de la que estamos hablando es enorme, y es tan grande que es capaz de condicionar la política distorsionando así nuestra realidad social.

El otro día a la ministra Ángeles González Sinde se le escapó que estamos hablando de una riqueza que representa el 4% del total de la riqueza nacional. Una cifra así explica el mamoneo indecente entre el poder político y unos artistas que se han dejado corromper por ese dinero y que están conspirando contra las libertades de los ciudadanos, porque hay mucho en juego.

Hablar de mamoneo es poco, porque eso atenta contra la esencia de la democracia y deja a los ciudadanos en manos de un conjunto de chupopteros que podemos englobar en el concepto de lobbycracia y que viene a ser el equivalente a una corporocracia a duras penas encubierta bajo el manto de un gobierno cautivo de esos votos y cómplice del atentado a las libertades.

La actual avidez por el poder de esta lobbycracia no tiene más límite que el que una sociedad perezosa sea capaz de hacer valer. No bastan las urnas porque han traicionado a la democracia reduciéndola a una parodia de sí misma. Se requiere una contundente acción ciudadana de reivindicación de los derechos usurpados y mientras esto no ocurra continuaran aumentando su propio poder, y continuaremos perdiendo libertad.

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2 comentarios

  1. Elena

    Hablar de copyright en la era digital es cada vez mas absurdo.Dentro de poco nos tirarán de las orejas por la Ley Sinde,siempre iremos por detrás de la tecnología.

  2. Antonio Castro

    Lo que es absurdo es hablar de propiedad intelectual, habría que hablar de autoría y de derechos de autor, mucho más limitados en el tiempo que los actuales y enfocados a una razonable sostenibilidad de los autores, que no de la industria del copyright que no merece ninguna protección especial. Que un autor se pueda hacer millonario y dejar colocada a toda su familia por varias generaciones no debe ser una prioridad ni debe derivarse de unos derechos de autor que deberían estar diseñados proteger a quien más lo necesitan, y para que no se pierdan las obras con escaso valor comercial.

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