Blog multi-temático de Antonio Castro

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Categoría: Relato breve. Página 1 de 2

Nadie merece morir así.

Introducción:
Esta historia proviene toda ella de mi experiencia con un alquiler nefasto. En esta historia concurren muchas circunstancias excepcionales. No identificaré ni el piso ni a persona alguna, pero se trata de una historia real y trágica.

Hace cosa de un año que un piso mío que estaba alquilado ardió. El inquilino quemó la casa y resultó tan afectado que terminó falleciendo, pero eso no fue todo, así que mejor, empecemos por el principio.

El pisito es muy poca cosa, pequeño, mala distribución,  y tiene muy poca luz, así que da poco dinero y no hay demasiado margen a la hora de elegir inquilinos. La gente que lo alquila lo hace por ser un piso barato.

El caso es que ya escarmentado de otras veces suelo pedir como aval papeles que demuestren que los futuros inquilinos tienen ingresos mínimamente estables. Lo normal.

El alquiler:
Me llegaron un par de solicitantes: J.M. Jubilado, y F.P. portero en activo con muchos años de antigüedad trabajando en una misma finca.

Esto fue en septiembre de 2010. Aportaron sus documentos para acreditar esa solvencia y  nos pareció a mi mujer y a mí que ofrecían bastante seguridad de pago.

Supuestamente eran amigos de toda la vida y pretendían quedarse a vivir de forma indefinida en el piso, lo cual también me resultaba interesante, porque cada cambio de inquilino suele suponer gastos y tener uno o dos meses el piso parado.

El suceso:
Hasta hace cosa de un año la cosa parecía ir bien, pero el piso ardió. Afortunadamente que aún no era muy tarde y un vecino que pasó por allí vio el humo y llamó a los bomberos.

Estos, cuando llegaron tuvieron que romper la puerta. Allí se encontraron a J.M. echado en un sofá que estaba ardiendo con su perro encima de él. Por lo visto llegó totalmente borracho, encendió una estufa eléctrica demasiado cerca del sofá, y se durmió. El perro  parece que protegió a su amo de las llamas con su cuerpo y no sobrevivió al incendio.

El calor que alcanzó esa habitación, sobre todo en las partes más altas, fue tan grande, que las puertas y el yeso del techo quedaron destruidos. Toda la casa menos un dormitorio, quedó negra por el hollín.

Aquello debió ser un infierno, pero aquel hombre salió vivo de allí gracias a la rápida actuación de los bomberos y a la generosidad de su perro que dio su vida por él.

Estos detalles los conocí porque fui a hablar con los bomberos un par de días después para conocer los hechos.

En el hospital sobrevivió varios meses y pareció por un tiempo que saldría adelante, pero llegaremos luego a eso.

¿Qué pasó con el otro inquilino?
Un vecino me dijo que el otro inquilino F.P. se había marchado hacía varios meses por culpa de una discusión relativa a las continuas borracheras de J.M.

Por lo visto, J.M., (el jubilado)  era un alcohólico, con muy mal carácter y había tenido enfrentamientos con varios vecinos antes de tenerlo con su compañero de piso.

Nuestros vecinos nos explicaron que J.M. dijo gritando que él continuaría bebiendo lo que le diera la gana, porque era él el que estaba pagando la totalidad de la mensualidad (eso es algo que nosotros no sabíamos ya que firmaron ambos como inquilinos) .

No supe

calar a estos inquilinos cuando se firmó el contrato, entre otras cosas, porque fue F.P. el que hablaba todo el rato, y se le veía una persona muy correcta y educada. Menudo embaucador resultó.

Después de hablar con los bomberos y de dar parte a la policía y a la compañía de seguros, me dirigí a la finca donde constaba estaba trabajando F.P. de portero.

Allí me encontré a otro portero que me explicó que F.P. ya no trabajaba allí. Abandonó sin aviso ni nada a su mujer y su trabajo. Con ello renunció entre otras cosas a sus derechos de despido con muchos años de antigüedad trabajando en aquella finca. Por lo visto, según me dijo aquel portero,  le estaban buscando unos acreedores por deudas de juego, y quizás también por estafas. Eran famosas las broncas con su mujer. En otras palabras, F.P.  estaba ocultándose en mi piso, no sé si de la justicia o de quién.

F.P. parecía culto, tenía mucha labia y a nosotros nos inspiró mucha confianza, pero resultó ser un pájaro de cuidado. Nos engañó haciéndonos creer que tenía trabajo.

La nómina que F.P. me presentó no era la última, sino la de hacía un par de meses. La verdad es que yo no sospeché nada, porque algunas veces las empresas las entregan con algún retraso.

El caso es que yo no sólo había contratado el alquiler a un jubilado alcohólico, también se lo había alquilado a un estafador.

Me indigné por qué con la edad del jubilado J.M. y su problema de alcoholismo, me pareció evidente que abandonarle en el piso fue una temeridad que además resultó fatal. Ese hombre no estaba bien, y con lo que fui conociendo no me pareció que estuviera capacitado para vivir solo. Lo mínimo que debió hacer F.P. antes de desaparecer, era llamarnos a nosotros o a los servicios sociales, o a alguien, pero no abandonar a  J.M.  a su suerte.

Varios días después del incendio:

Yo no podía entrar en mi piso, porque legalmente continuaba alquilado, pero en la denuncia que hice a la policía, pedí que se buscaran a los familiares de J.M., que en aquel entonces, estaba ingresado grave en el hospital. Localicé a una hija y pedí que autorizaran  la entrada del perito de la compañía de seguros al piso, afortunadamente eso se consiguió.

Me entero de que J.M. tenía muchos hijos y de que ninguno de ellos quería saber nada de su padre desde hacía muchos años.

Su hija nos permitió entrar en el piso a mí y al perito, pero después se desentendieron absolutamente de todo. Tampoco mostraron la menor piedad por su padre que estaba gravísimo en el hospital, más bien todo lo contrario, y prefiero no dar detalles sobre ciertos comentarios despectivos que hicieron de su padre. Su padre estaba a punto de morir y ellos muy fastidiados teniendo que interrumpir sus vidas para ocuparse de los problemas del viejo.

J.M. después de un par de meses en la UVI pareció que podría superarlo. A mí en el hospital, al no ser familiar no pude hablar con él.

Tuvimos que esperar al impago de la mensualidad, para proceder a desahuciar por impago para recuperar el piso.

Pasó el tiempo, pero J.M. no salió del hospital. Murió por fallo multi-orgánico.

Cuando llegó la fecha del desahucio, y vinieron del juzgado, nos enteramos de que el propio juzgado había cometido un error.  Al no asistir los inquilinos al juicio fueron declarados en rebeldía, y el juzgado olvidó proceder con el edicto.

Pese a ello con ayuda del cerrajero, se forzó la puerta, se entró en el piso y se miró entero por si había algo de valor en él.

Se vio que no había nada de valor, pero nos dijeron a mi abogado y a mí que tenían que quedarse ellos las llaves para poder notificar antes a los interesados. Habían olvidado notificar   mediante un edicto público el desahucio.

El juzgado se quedó las llaves del piso y dijo que lo hacía para proteger los derechos de los inquilinos. Algo raro porque uno de ellos estaba muerto y sus familiares ya habían sido avisados y habían entrado en el piso, y el otro estaba huido.

Además, con esa extraña medida de quedarse las llaves el juzgado, ya no podíamos usar el piso ni los inquilinos, ni el propietario.  Tuvimos que pagar las costas de un nuevo desahucio y esperar otros dos meses. La arrogancia y prepotencia del juzgado fue constante. En total un año el piso parado.

Por fin nos hacemos con el piso:
Tuvimos que sacar todo lo que había allí para que la compañía de reformas del seguro pudiera trabajar.

La verdad es que viendo las pertenencias del fallecido J.M., me dio bastante lástima de aquel hombre.

Quizás era un alcohólico con mal carácter, y quizás se ganó la enemistad de sus hijos por alguna razón, pero era un hombre con muchas ilusiones por un montón de pequeñas cosas.

Tenía muchas colecciones sin valor en su casa: corbatas, mecheros, gafas, chaquetas, herramientas, muñequitos. Todo ello en cantidades absurdas.

Eran colecciones de objetos que ocupaban un montón de espacio en su vivienda y quizás también en su vida. Hay que tener en cuenta que todo ello representaba muchos kilos de pertenencias muy poco útiles y que él tuvo que trasladar a su nueva morada cuando alquiló el piso.

Pude ver muchos años de coleccionismo de cosas más o menos absurdas. Pobre hombre.

Yo encontré todas sus pertenencias revueltas porque es lo que dejaron sus familiares que previamente habían rebuscado por si quedaba algo de valor.

A saber como se apañaba el pobre, porque encontramos su nevera totalmente vacía, y El colchón y algunos pantalones aparecieron manchados con la misma porquería marrón que apareció en un montón de calzoncillos abandonados en el interior de la lavadora.

J.M. fue un pobre hombre que tuvo una muerte que nadie merece. No fue capaz de vivir solo, y todo el mundo le abandonó sin que nadie se hiciera cargo de él.  Una tragedia que culminó en el hospital.

Quizás aquel hombre no salió del hospital porque cuando fue capaz de comprender en lo que se había convertido su vida,  no fuera capaz de enfrentarse a la vida: Abandonado por su único amigo, sus hijos le odiaban, sin piso a donde volver, porque era consciente de que él lo había quemado.

Me consta que los servicios sociales intentaron hablar con los hijos de J.M., pero ninguno estaba dispuesto a hacerse cargo de su padre.

No pude ir a visitarle al hospital por no ser familiar y me alegro de no haberlo hecho porque en aquel momento estaba resentido con ese hombre por haberme quemado el piso, pero yo no era consciente de la verdadera dimensión del drama que estaba viviendo aquel hombre. Lo comprendí cuando pude entrar en el piso quemado y hacerme una idea de como vivía. Jamás pensé que una vida humana pudiera hundirse en la miseria de esa forma tan lamentable. Es tristísimo pobre hombre, descanse en paz.

Ese hombre seguramente era conflictivo pero necesitaba ayuda. Nadie merece terminar así.

La única ayuda que recibió fue la de su perro que sacrificó su vida por él, recibiendo las quemaduras que de otra forma habría recibido su amo. Es lo que su hija dijo que le habían dicho en el hospital. De todos los sacrificios heroicos que conocía de perros que dieron sus vidas por sus amos este me pareció el más increíble de todos. No huyó del fuego, le tapó con su cuerpo.

A nosotros los familiares de J.M. nos dejaron un regalo en el piso. En uno de los espejos  cuyo marco se estropeó por el excesivo calor, y cuyo espejo estaba cubierto de hollín, nos dejaron dibujada una cara sonriente. Una burla de muy mal gusto.

Cuando vi el dibujo pensé para mis adentros «Cuánta miseria moral hay en este mundo y qué afortunado soy».

Una aciaga noche a la caza de Perseidas.

Todos los años en verano paso algunos días (muy pocos) en el pueblo de mi mujer alojado en casa de mi suegra (por imperativo familiar). Generalmente me aburro a más no poder pero tenía algo en mente. Las tres noches anteriores ni se me pasó por la cabeza intentarlo porque el cielo estaba muy nuboso, pero aquella sería mi última noche en el pueblo de mi mujer. Había que intentarlo, así que salí con mi mujer a la caza de estrellas fugaces.

Era la noche del 12 al 13, día en que Las Perseidas tienen su máxima actividad. Por lo visto un observador ideal (no sabemos quién es) sería capaz de observar en esa noche unos 100 meteoros por hora (esa es la famosísima tasa zenital).

Puesta de sol en el Prado Cañete.

Puesta de sol en el Prado Cañete.

El plan era subir aquella noche al Prado Cañete que en lo sucesivo llamaremos simplemente PC. Bueno… mejor no, PC es otra cosa. El día anterior estuve tomando unas fotos del prado al atardecer mientras una panda de borrachos se dedicaban a dar vueltas a mi alrededor con sus vehículos todoterreno dedicándome toda clase de risas acompañadas de comentarios estúpidos y ofensivos (calvo, gordo, cabrón) por pura diversión borracha y sin venir a cuento de nada. Me entró por un oído (no recuerdo cuál) y me salió por el otro, pero ese día era muy tarde y aquel prado no es un buen lugar para pasar la noche por frío y ventoso.

Cogí un viejo anorak que heredé de mi padre y que tenía yo desde hacía años en casa de mi suegra por si alguna vez lo necesitaba. Era una prenda vieja y destartalada pero de mucho abrigo. También cogí mi riñonera y mi mochila con los bártulos de fotografía (el trípode ya estaba en el maletero del coche). Nos arropamos y fuimos a la plaza de la iglesia donde tenía aparcado mi coche, un Opel Vectra blanco con bastantes añitos pero en muy buen estado. No se veía un alma y una campanada sonó cuando caminábamos por la plaza (eran las once y media).

Salimos del pueblo por la carretera que va a la sierra. Se trata de una vía sin asfaltar y con tramos en bastante mal estado. Los potentes faros del vehículo rompían la negrura de aquella noche sin luna. Nadie más que nosotros circulaba por allí a esas horas, a pocos kilómetros de Checa (que así se llama el pueblo).

Nos tropezamos con un grupito de ciervos que al amparo de la noche habían bajado a alimentarse de los sembrados de cereales. Apenas se divisaba algo más que sus ojos como puntitos rojizos brillando en la oscuridad. Luego, con el coche muy cerca de ellos y con la escasa luz que los faros dejaban escapar por los laterales del chorro de luz principal, pudimos entrever sus graciosos traseros blancos botando en la noche cuando huían de allí.

Después de quince minutos de subir cuestas en mal estado llegamos al Prado Cañete, y comprobamos que no había borrachos en la costa. Paré el coche junto al pajar. Me bajé del vehículo y pude localizar La Osa Mayor, La Osa Menor y La Estrella Polar. Apenas sabría reconocer algo más en el firmamento nocturno, pero eso me bastó para localizar la radiante de Las Perseidas. (Se denomina así al punto imaginario desde el cual aparenta radiar la lluvia de estrellas en el cielo).

Las Perseidas se llaman así porque la radiante se sitúa cerca de la constelación de Perseo, pero la referencia que yo usé no fue esa constelación que no soy capaz de reconocer, sino su situación con respecto a lo que sí conozco. Es decir, la Osa Mayor queda a la izquierda de La Estrella Polar y más abajo que ésta y la radiante de Las Perseidas queda en cambio a la derecha de la misma y a la misma altura que la Osa Polar.

Estaba tomando esas referencias visuales y explicándoselo a mi mujer cuando apareció una estrella fugaz impresionante. No recordaba nada igual, así que en medio de la negrura de la noche, y con ayuda de una linternita, organicé rápidamente mis bártulos para situar mi cámara en el trípode apuntando a algún punto entre la radiante y La Estrella Polar, que también me interesaba encuadrar, ya que con mi cámara pensaba hacer un vídeo timelapse disparando una foto cada siete segundos. La repetición de los disparos se hace con ayuda de un aparatito llamado intervalómetro. La focal en mi objetivo era de 17mm (gran angular) así que pillaba una gran porción de cielo. Lo ideal habría sido un objetivo ojo de pez, pero no dispongo de ninguno.

Una de las dificultades de este tipo de vídeos astronómicos realizados de esta forma consiste en que mirando de noche por el visor de la cámara es imposible ver nada. Todo parece negro. No sabes qué encuadre vas a obtener. Hice algunas fotos previas para corregir el encuadre y confirmar que el enfoque era correcto. También hice mi comprobación de rutina, para asegurarme que nada estropearía el resultado final. Enfoque y diafragma en posición manual, máxima sensibilidad ISO, y dejé la cámara conectada al intervalómetro disparando cada siete segundos (seis de ellos con el obturador abierto).

A la derecha en el horizonte se veía una claridad que sin duda era producto de alguna contaminación lumínica de la zona relativa a algún pueblo, pero no había ningún pueblo importante en las inmediaciones. Tampoco se trataba de Checa. El Sol hacía tiempo que había desaparecido por un punto casi opuesto a éste. Quizás fuera el vecino pueblo de Orea, pero… algún día lo averiguaré.

Dejé aquello echando fotos. Mi mujer y yo nos metimos en el coche, echamos los asientos para atrás. Yo estaba dispuesto a quedarme allí al acecho de la necesidad del cambio de batería de la cámara unas dos o tres horas más tarde, pero a los diez minutos las estrellas empezaron a desaparecer. Se estaba encapotando el cielo.

Intentamos dormir algo, yo metí la mano en el bolsillo del viejo anorak y palpé lo que parecía un caramelo extremadamente blandorro. No lo abrí, era evidente que se trataba de un caramelo putrefacto que llevaba demasiados años en ese bolsillo, así que lo tiré por la ventanilla.

-¿Has visto eso? – me preguntó mi mujer.

-Sí, ha sido un relámpago -respondí contrariado.

La cosa pintaba muy fea, así que media hora después comprobé que no se veía ni una sola estrella y decidí recoger los bártulos y volver a casita a dormir tranquilamente lo que quedaba de noche. No tuve esa suerte, pero enseguida llegaré a eso.

Al llegar a la plaza de la iglesia dejé el coche y me di cuenta de que no llevaba mi riñonera. Estuvimos buscando por la plaza, por el sitio donde antes habíamos tomado el coche. Revisamos el interior del mismo, el maletero, la mochila y nada, no aparecía. En la riñonera llevaba mi cartera, con varias tarjetas de crédito, mi DNI, mi carnet de conducir, otros carnets, mi tarjeta sanitaria, mi móvil, dinero y un montón de cosas más. Pasamos por casa por si acaso se había quedado allí, aunque yo recordaba haber salido con ella, y tampoco apareció.

Al día siguiente tenía que volver a Madrid, así que necesitaba imperiosamente mi DNI y mi carnet de conducir, de lo contrario las vicisitudes desagradables no habrían hecho más que empezar.

-Hay que volver – me dijo mi mujer, y era evidente que teñía razón.

Mi suegra, que por su carácter se preocupaba siempre por todo, con razón o sin ella, estaba en ascuas con aquel incidente. Salimos nuevamente al Prado Cañete en plena noche para ver si localizábamos la riñonera en el lugar donde habíamos estado. Se apuntó a la búsqueda mi hijo y dejamos a mi suegra rezando a San Antonio, que es santo de su devoción y que en mi humilde opinión tiene suerte de estar muerto y evitarse escuchar tantas peticiones banales.

Esta vez subiendo al Prado Cañete nos tropezamos con una cierva seguida de un pequeño Bambi. Ambos cruzaron al trote justo delante de nosotros. Cuando llegamos al Prado puse el coche en varios sitios iluminando con los focos la hierba de la zona donde habíamos estado antes. Dado que habíamos instalado el trípode cerca del pajar, el margen de error para la zona de búsqueda no era muy grande, pero no hubo forma de encontrar la riñonera, así que nos volvimos al pueblo a dormir lo que quedaba de noche. Tampoco fue así, pero enseguida llegaré a eso.

Todas las hipótesis sobre la pérdida de la riñonera me parecían sumamente improbables, casi surrealistas. No podía entender cómo demonios la había perdido. ¿Había alguna posibilidad que se nos estuviera escapando? Yo recordaba, o creía recordar, que había salido con ella de casa, y una riñonera no se cae sola así como así. El enganche era muy seguro. ¿Me la quité en algún momento? La verdad es que no podía recordar habérmela quitado, ni parecía lógica ninguna circunstancia que lo justificara. Todo parecía absurdo. ¿Dónde narices estaría la maldita riñonera?

Cuando llegamos de vuelta y con las manos vacías mi suegra no paró de darnos la castaña bombardeando con toda clase de ocurrencias y de invocaciones a los santos. No paraba de cascar y ya desde mi cama tuve que decirle levantando la voz que si ella no quería dormirse, que por lo menos se callara y me dejara dormir.

A las seis de la madrugada me despertó mi mujer para volver nuevamente al Prado Cañete. Habría estado estupendo que me hubiera dejado dormir un poco más porque cuando llegamos por tercera vez allí, todavía era noche cerrada. La verdad es que en media hora amaneció y pudimos inspeccionar la zona con todo detalle. Incluso localicé el caramelito putrefacto que había tirado por la ventanilla por la noche, así que la zona era esa, y la riñonera no estaba allí. La riñonera no se pudo perder allí. Sólo cabía una posibilidad. La perdí antes de subirme al coche la primera vez. Eso tuvo que ser en la plaza de la iglesia a las once y media.

Una vez que llegué a esa conclusión mis neuronas encontraron una posible solución al enigma con muy alta probabilidad. Mi mochila y mi riñonera tienen un cierre muy parecido. Yo en el corto trayecto desde la casa al coche no estimé oportuno abrocharme el cinto de la mochila, así que cuando llegué al coche y supuestamente me desabroché la mochila para echarla en el coche, probablemente desabroché en su lugar y de forma inadvertida mi riñonera. Seguramente en el gesto posterior de sacarme la mochila y meterla en el maletero, ésta habría caído al suelo. La razón de que no la encontráramos a la vuelta se explica porque en el transcurso de la hora que estuvimos fuera, alguien pudo encontrarla y cogerla. No cabía otra explicación lógica.

Mi hijo al encender su móvil, confirmó que había recibido una llamada perdida desde el mío poco después de las once y media de esa noche. Intentamos devolver la llamada y mandar mensajes pero nadie respondió. De todas formas era muy tranquilizador, alguien había intentado avisarnos. Mi suegra hizo correr la voz en cuanto pudo y se dedicó a inspeccionar algunas papeleras cercanas por si alguien había echado allí la cartera o la riñonera. Era una buena idea pero no hubo suerte.

Me eché un par de horitas más y cuando me desperté me dijeron que «El Santiago» había comentado que una mujer había encontrado la riñonera y había acudido con ella a El Casino (no es una casa de apuestas sino un bar y lugar de reunión) entregándola a la Guardia Civil, que se encontraba allí.

-¿Veis como funciona el rezarle a San Antonio? – dijo mi suegra toda contenta.

Admito que volví a enfadarme porque me saca de quicio ese tipo de manipulaciones religiosas. Yo puedo respetar todas las creencias de la gente mientras no se intente poner en tela de juicio mi ateísmo. No estaba de humor y fui un pelín cruel con mi suegra recordándole que no tenía nada que agradecer a San Antonio. Yo me llamo Antonio, mi padre que se llamaba igual que yo y murió en el quirófano en una operación de corazón precisamente el día de su santo. ¿Acaso había que achacar la perdida al mismísimo Satán? La manipulación de las leyes del azar para buscar explicaciones metafísicas a todo es algo que me molesta. También le dije a mi suegra que a quien había que agradecer que la riñonera apareciera no era al santo, sino a la persona que la encontró y la devolvió porque no todo el mundo devuelve lo que se encuentra y es de bien nacidos el ser agradecidos.

Fuimos al cuartelillo de la Guardia Civil, pero estaba cerrado y en un cartel venía indicado un teléfono de información general y para urgencias al que llamamos. Nos dijeron que el cuartelillo abría a las 2. Acudimos a esa hora, nos atendieron y nos dijeron dónde teníamos que ir a recuperarla. Un gran alivio.

No quiero terminar esta historia sin mostrar mi gratitud a esa buena señora (F.T.), por su buena obra, y por extensión a toda la buena gente de Checa.

PD: Tampoco fue un fracaso absoluto.

Una vez que pasé las fotos a vídeo me di cuenta de algo. Pese a la brevedad de la toma (media hora haciendo fotos cada 7 segundos dan para 13 segundos de vídeo, de los cuales sólo los 4 primeros dieron para ver estrellas).

Breve timelapse perseida(s) from Antonio Castro on Vimeo.

Pese a todo en el segundo fotograma de este fracaso videográfico, compruebo que sí apareció una diminuta lagrimilla de San Lorenzo situada a la derecha de la Osa Mayor.

Perseida

Perseida

PD sobre Youtube:
El vídeo en Youtube he tenido que borrarlo. Baja calidad de la compresión, y problemas para responder a los comentarios. No soy el único afectado. Sólo me deja responder con respuestas supercortas. Ha empezado a pasar desde hace unos días.

Negacionismo. Un pecado de juventud. (relato breve)

 

Año 2068: La última operación para establecer una colonia permanente en Marte acaba de fracasar. Allí en Marte la estación había quedado destruida por la violenta tormenta de hace 3 años. Acababa de confirmarlo la sonda Diana III. Las fotografías no dejaban lugar a dudas.

– ¡Escuchad! ¡Mirad las noticias! ¡Mirad las últimas fotos enviadas por la Diana III! – dijo Alejandro que estaba cómodamente asentado en su sofá viendo la televisión.

– ¡Ya! hace tres horas era la comidilla en Internet. – dijo su nieto Luis, un joven de 23 años.

-¿ Te pasa algo? – preguntó el anciano.

Luis hizo un gesto desdeñoso y se fue para su cuarto. Nunca lo había visto así. En aquella casa vivían hacinados varias generaciones. En total eran nueve personas y la situación de todos ellos era pésima. Vivían de recolectar, mendigar y de organizar algún robo que otro.  Eran supervivientes de una civilización que se estaba desmoronando, por la dureza climática, por el paro, y por el salvaje aumento de la delincuencia. Los gobiernos brillaban por su ausencia. El último gobierno que se intentó instaurar duró sólo dos meses y terminó en la hoguera como los anteriores. Los barrios eran controlados por bandas y grupos paramilitares.

-¿Qué le pasa a tu hijo? -preguntó el anciano.

-No lo sé ni me importa- refunfuñó el cabeza de familia, Andrés, de 45 años;  sacando unos botes de conserva de un saco.

-¿Comida? ¿De dónde la has sacado?

-Se la quité a uno que ya no sufrirá más. -dijo mientras limpiaba su pistola.

-Parece que estáis todos de mala leche hoy.

-¡Luis! Ven pacá inmediatamente.

-Déjale, no hace falta, sólo era curiosidad.

-¿Qué pasa? – exclamó Luis.

-Dice tu abuelo que le has hecho un mal gesto.

-¡Que se joda! Vino hace un año y mírale cómo se ha acomodado el muy cabrón.

-¿Qué? No tienes vergüenza, si tuviera un techo donde cobijarme no estaría aquí.

-Hoy he entrado en un curioso sitio de Internet que tiene una especie de repositorio de antiguos Blogs, ¿y a que no sabes qué es lo que me he encontrado?

-No tengo ni idea.

-Aquí el abuelo era de los que negaban el cambio climático.

-¿Un negacionista? ¿Es cierto eso, padre?

-Bueno, eran otros tiempos y…

-Abuelo, ese Blog que encontré era de de 2010 y en aquel entonces el consenso científico ya era considerable.

-No lo creas, fue en 2030 cuando …

-Y una puta mierda para ti, abuelo – insistió el nieto.

-¡Tú le has escuchado? – inquirió Alejandro tembloroso mirando a su padre mientras limpiaba impasible su arma.

-El último año en el cual el cambio climático podría haber sido detenido fue según se sabe ahora en el 2006, y ahora ya la esperanza es nula, vamos a morir todos.- respondió.

-Bueno, eso es lo que se sabe ahora, pero entonces…

– Padre, no das un palo al agua, y ahora sabemos que fuiste un negacionista durante la década más decisiva de la humanidad, y por ello merecerías la suerte de otros negacionistas. Será mejor que no lea lo que escribiste porque tengo miedo de mí mismo. Me están dando ganas de denunciarte.

-Eres un animal y un desagradecido. Fue un pecado de juventud. Eres un mal hijo. ¿Serás capaz de quemarme vivo como a los presidiarios víctimas de la sangrienta revolución del 43?

-No seré yo quien te juzgue ni quien te delate, eres mi padre y ahora me avergüenzo de ti,  tu generación es la culpable de que los políticos no hicieran nada. El resultado es  que en los diez últimos años la población mundial se ha reducido a la octava parte por culpa de toda clase de calamidades dantescas. El clima nos ha dejado si alimentos y sin …

-¿Me estás culpando a mí de todos los males del planeta? ¡Vete a la mierda!

Su nieto Luis y su padre se miraron en silencio.

-¡Sí! Te culpo de todos los males del planeta, y en particular de los nuestros. ¿Crees que tu ignorancia y tu juventud de entonces te excusan de algo? Animaste a que no se tomaran medidas por si acaso el cambio climático no era cierto-. ¿Acaso te volviste loco?

-Yo no fui el único que se equivocó.

-¿Y ahora qué? A mí nunca me dijiste nada. La humanidad en aquella década necesitó tomar una decisión que gracias a personas como tú nunca llegó. Continuasteis como si no pasara nada. Nos condenasteis. Nos asesinasteis.

-Eres más rencoroso que un gato capado. Maldito hijo de …

-Padre, no es un buen día para aguantar desplantes, acabo de enterarme de que seguramente no duraremos más de un mes en esta ciudad, y ya sabes lo arriesgado que es intentar colarse en alguna ciudad mejor. Nuestra ciudad va a ser la siguiente en venirse abajo. La ciudad está casi muerta. Hemos estado sobreviviendo con fuertes restricciones de suministro de agua. Dicen que ahora sólo van a dar suministro de agua una hora al día. Un agua que ni siquiera es potable y que tenemos que tratar en nuestras casas para potabilizarla.

-¿Qué quieres que yo haga?

-Ahora ya nada. Tienes con nosotros y con el mundo una deuda que no puedes pagar.  Tienes suerte de que no dieron con el rastro de tu antiguo Blog en 2043, porque te habrían arrestado y ya sabes lo que pasó luego en las cárceles de todo el país.

-No veo que la gente sienta mucha vergüenza por esas bárbaras ejecuciones. Los quemaron en sus celdas.

-Esas barbaridades vinieron después de miles de millones de muertes por hambre.  Los océanos están ahora casi muertos. La tierra tampoco produce.  La selva amazónica… ¿Te acuerdas de la selva amazónica? pues hace años que está desaparecida.  Sólo en el polo sur queda algo de hielo permanente y no será por mucho tiempo. Nosotros para sobrevivir ya hemos comido alguna vez ratas y sabemos que éstas se alimentan de cadáveres humanos. Ahora la muerte y la violencia se han convertido en rutina gracias a vuestra estúpida ceguera negacionista. No hay futuro porque gente como tú lo mató. Esa ha sido vuestra herencia.

-Todavía hay lugares en los cuales se puede vivir bastante bien.  La zona verde continua emitiendo televisión, y manteniendo algunos satélites en funcionamiento. Gracias a ella tenemos Internet. No les falta de nada a los cabrones, podríamos ir allí. Incluso las casas tienen aire acondicionado.

-¿Estás loco? Los pocos reductos habitables del planeta como ese están fuertemente defendidos.  En la zona verde antes usaban energía hidroeléctrica y ahora usan energía nuclear.  Hay nuevas fronteras en las cuales todos los días la gente muere a miles intentando cruzarlas.  Cuando yo era niño recuerdo que llamaban a la zona verde los «Grandes Lagos». Ahora son lagos pequeños estacionales que continúan menguando año tras año.  Parece que se secarán totalmente dentro de 5 años y será el fin de la zona verde. Les quedan sólo 5 años a esos cabrones. No merece la pena ir hasta allí para que te acribillen.  Tienen un sistema defensivo inexpugnable.

-Al menos nosotros estamos juntos.

-Eso es cierto padre, y continuaremos juntos y unidos hasta el final porque somos una familia y eso es lo que hacen las familias, ¿pero crees que los últimos días de mi asquerosa vida y la de mi familia, me apetece compartirlos con un negacionista?

-No hables así a tu padre.

-Un padre negacionista. Tú y los demás jugasteis irresponsablemente con el futuro del planeta y perdisteis.

Alejandro  se dio cuenta de que sus canas ya no serían respetadas en su propia casa y lloró amargamente en su cómodo sillón. Sabía que el burro de su hijo tenía razón. Quiso pedirle perdón pero no pudo. Ya era demasiado tarde incluso para eso.  No había la menor esperanza para nadie. Se sabía que el planeta estaba sentenciado desde hacía varios años, y a él y a los suyos les estaba llegando el turno. Todos lo tenían asumido desde hace tiempo menos él, pero ahora lo tenía claro. Entraba el verano con furia implacable, el final llegaba y todos sabían que no sería nada agradable.

 

PD 19-en-2010:

El negacionismo en esta historia alude a la responsabilidad individual de cada uno de nosotros, como impulsores de un estado de opinión pública negando hechos que han sidos suficientemente contrastados. Famoso es el caso del primo de Rajoy que en sus argumentos confundía meteorología con climatología trasladando una opinión errónea a la opinión pública por boca de un lider político que podría algún día llegar a tener oportunidad de gobernar y dejarse llevar por informaciones falsas.  La desinformación no es solo una cuestión de blogers incultos ávidos de crear polémicas irresponsables. Estas responsabilidades alcanzan también y de forma muy especial a los profesionales de la información.  Leo en menéame lo siguiente:

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) muestra la falsedad de una noticia publicada en Libertad Digital hace unos días y en la que decían: «Datos de la AEMET: La temperatura en España no ha subido en 70 años». Aquí esta el correo que ha enviado la AEMET a la asociación Globalízate.

La AEMET desmiente una noticia de Libertad Digital

 

 

Un planeta muy poco especial. (Microrrelato)

Un planeta muy poco especial.

Un planeta muy poco especial.

Prólogo:

De alguna manera la idea de que nuestro planeta fuera un planeta muy especial y que la vida fuera un fenómeno único o casi único en el universo es algo que nos acompaña en nuestra soledad.

No hemos localizado aún compañeros biológicos en el universo fuera de nuestro planeta y una noticia que acabo de leer me ha hecho reflexionar. Las super-tierras podrían ser mejores que la Tierra.

¿Y si no fuéramos tan especiales como pretendemos? El microrrelato que me voy a permitir relatar está inspirado en todo esto. Espero que os guste:


Un planeta muy poco especial.

 

-Tzortxic, Por fin estamos llegando a la Resplandeciente Manchada.

Así llamaba Crixvarz a la aquella estrella del tipo espectral G2 que con 4650 millones de años de edad se encontraba casi a la mitad de su vida como estrella.

-Sí. -contestó su amigo Tzortxic, ha sido un largo viaje, espero que merezca la pena.

-Sabemos que posee un planeta doble donde el planeta mayor posee abundante cantidad de agua líquida. -explicó con entusiasmo Crixvarz.

-Sí, pero parece que tiene poco carbono. -replicó Tzortxic retorciendo una de sus puntiagudas y escamosas orejas.

-No seas pesimista. -Espetó Crixvarz.

-Solo te muestro los datos, hemos hecho un largo viaje, pero …

-¡Exacto!, no vamos a volvernos ahora, así que solo nos queda acercarnos y comprobar la naturaleza de este sistema planetario doble, el gran azul y el pequeño gris.

Una vez en la atmósfera del gran azul, descendieron lentamente sobre su superficie. Estuvieron en aquel planeta tres días tomando toda clase de muestras, tanto minerales como biológicas, hasta que por fin decidieron tirarlo todo y regresar a su planeta de origen. Crixvarz estaba muy callado y muy disgustado.

-¿Decepcionado? – preguntó, Tzortxic.

-Sí, ya me avisaste de que aquí no había nada interesante.- contestó Crixvarz con las orejas gachas. Sus cejas bajas por el disgusto casi ocultaban sus enormes ojos anaranjados.

-Bueno, pero al menos hemos encontrado vida superior y una civilización tecnológica ¿no?

-No seas condescendiente. Yo no le daría a eso el calificativo de vida superior y mucho menos calificaría a esos bípedos con gorra peluda de seres tecnológicos. Me han dado ganas de mandarles un recadito, seguro que se están cargando los pocos ecosistemas que es capaz de soportar esta porquería de planeta. Es un sistema muy pobre. Tanta agua para nada. Los océanos están casi desiertos y el terreno seco tampoco tiene demasiada vida. Para colmo la especie dominante solo sabe contribuir a empeorar los débiles ecosistemas de su propio planeta. La llevan clara.

-Sí, es increíble que la densidad de vida animal sea tan baja, la verdad es que es mucho peor de lo que yo esperaba.

-Se puede decir que hemos encontrado otro planeta semidesértico y lo que es peor en franca decadencia. Los muy tontos se van a quedar sin hielo en los polos, y la temperatura continuará aumentado, creo que pueden terminar como su vecino rojo.

-Pero …

-Pero nada, este planeta carece de futuro, no merece la pena ni catalogarlo siquiera en nuestra saturada base de datos, y de esta ridícula exploración ni una sola palabra a nadie.

-Crixvarz, me sorprende mucho que ni siquiera te quedaras algunos pequeños ejemplares biológicos para tu colección privada.

-¿Te burlas?

-Has podido recoger animales y vegetales pero ni siquiera te has molestado en recolectar microorganismos.

-¿Más microorganismos?

-Bueno a ti te gustan, quizás estos tuvieran algo de especial, yo no lo sé.

-Sabes que no. Es un planeta semidesértico como tantos otros, déjalo ya.

Crixvarz, y su compañero Tzortxic activaron la hipervelocidad y marcharon de aquel lugar sin interés.

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