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Plan Bolonia: Título vs. preparación.

Tanto padres como profesores (educadores en general), nos enfrentamos a unos retos realmente complicados en estos tiempos. La exigencia, la disciplina, y otros valores que se están perdiendo, dificultan en mi opinión cualquier tipo de labor educativa. Para colmo de males llegó el famoso Plan Bolonia y empeoró aún más el problema de la educación.

Leo en Google+ una entrada de Ricardo Galli relativa a lo que se ha encontrado en sus primeros días de clase correspondiente a un tercer curso, y donde leo frases como:

… Me molesta mucho del Plan Bolonia que haya que tratar con tanto paternalismo a los alumnos …

… si entrase alguien que no me conoce a una de mis clases, saldría escandalizado por el «mal trato» a mis alumnos …

… les doy mucha caña, les digo que no puede ser que no sepan resolver problemas, que parecen unos críos, que no son profesionales, que no saben nada de informática …

En mi modesta opinión, no se trata solo de un problema derivado de un excesivoa paternalismo, me parece que es eso pero también es algo peor. A la juventud actual, creo que se la educa para tener una piel muy fina que les impiden recibir las críticas y aprender de ellas.

Ocurre que tú Ricardo, como educador, tienes la ventaja de gozar de un éxito profesional y mediático no solo importante sino públicamente reconocido. Es decir, de cara a tu alumnado gozas del aurea de una personalidad famosa que te hace admirable a esos ojos,  y probablemente  ese deslumbramiento  te permite jugar ciertas bazas que otros educadores con menos éxito o menos fama, no pueden jugar porque no funcionan igual con ellos.

Tú puedes permitirte abroncar y cantar las duras verdades («maltratar» dices) a tus alumnos, pero no todos los educadores pueden usar esas bazas en los tiempos que corren.

Lo más normal es que esas duras críticas las sientan como insultos en su fina piel porque llevan recibiendo desde hace muchos años demasiado paternalismo y colegueo, así como un exceso de información sobre sus derechos y muy poca información sobre sus obligaciones. El resultado es que en lugar que críos traumatizados por malos tratos, tenemos críos traumatizados por la más mínima cosa. Me pregunto como aguantarían un servicio militar como el que yo pasé y que afortunadamente ya no es obligatorio.

El riesgo de que los alumnos de hoy en día no salgan bien preparados para la vida real es enorme. Dices que parecen unos críos y el problema es que la forma en que están madurando dista mucho de ser la ideal.  Quizás sea porque hay un mayor nivel de intercambio de información entre ellos mismos que compite con la información paterna y con la de los educadores en general.

Me temo que en temas de responsabilidad, sacrificio, esfuerzo etc. madurarán cinco años más tarde que nuestra generación. Quizás empezarán a hacerlo cuando tengan un jefe y descubran una autoridad y una disciplina que puede que ocurra por primera vez en sus vidas.

Para algunos de ellos puede ser tarde descubrir esos valores durante sus primeras etapas laborales, porque este mundo laboral se está haciendo cada vez más exigente y tanto conseguir como mantener un empleo decente por cuenta ajena, resulta cada vez más complicado.

Poco a poco se han ido alcanzando cotas más altas de automatización en la industria y con ello ha ido aumentado la sustitución de mano de obra por maquinaria. Los alumnos de ahora no se van a enfrentar a un mundo fácil cuando terminen y creo Ricardo que los defectos educativos que señalas son muy reales y una auténtica bomba de relojería para sus vidas.

Esta nueva generación de jóvenes corren el peligro de estamparse contra el muro del paro y desde luego no será solo culpa de ellos.

Los que tienen dinero han descubierto que existe un exceso de gente con titulación, y ese muro del que hablo no apareció porque sí.

Ese muro les permite a estos aristócratas de nuevo cuño, que sean sus hijos, los hijos de papas con recursos económicos importantes, los que puedan saltarlo y acceder al mundo laboral de dos formas:

  1. Sin pasar por el filtro de los méritos.
  2. Accediendo a una formación privada muy cara.

Creo que el Plan Bolonia está pensado para eso, para dejar fuera del mundo laborar al la gente con menos recursos.

La gente con mérito siempre tendrá más posibilidades en condiciones de igualdad de títulos, pero el exceso de gente con título, hará que solo los mejor preparados tengan alguna posibilidad.

Una cruel criba que debería estar situada mucho antes de terminar los estudios y obtener el título que certifique haberlos superado con éxito.

El Plan Bolonia es un plan perverso que atenta contra la calidad de la enseñanza. Un título debería servir para algo y si no es así, lo mejor sería no dar ninguno. ¿Hay peor estafa que ofrecer un costoso título que no vale para casi nada?

 

 

Crisálida Bizarra Films: Los jóvenes y sus estrategias de futuro.

Antes que nada quisiera explicar cual es el punto de partida en el sistema educativo universitario para que se entienda la necesidad actual de los jóvenes de complementar su formación con iniciativas propias.

El famoso Plan Bolonia que tuvo un planteamiento inicial ambicioso y poco realista se ha convertido en un auténtico timo. El Plan ofrece conseguir un grado equivalente al de las antiguas licenciaturas, pero el título de grado es un papel que actualmente no vale para casi nada.

Actualmente la calidad de la formación para la consecución del título es peor y sale más barata a los estados. Gracias a ello,  el máster se convierte en algo necesario para tener opciones reales de trabajar. El máster es un negocio que será una auténtica criba para separar al que ha podido pagárselo del que no favoreciendo a un sector pudiente de la sociedad. Se está convirtiendo el derecho de la educación en un privilegio.

Los estudiantes han sido un colectivo incómodo para los políticos y el Plan Bolonia está cumpliendo el objetivo de tenerlos entretenidos unos años y facilitarles considerablemente la obtención del ansiado título.

Y0 digo que es un timo porque de nada sirve que un título de licenciado de físicas te otorgue el grado que se requiere para ser director de una central nuclear si luego te presentas a una entrevista de trabajo solo con eso. El título se está convirtiéndo cada vez más en un burdo engaño. Los jóvenes que consiguieron el título y que buscan trabajo terminan conociendo el auténtico valor de ese papel.

El timo del plan Bolonia es un invento que retrata la estrutura de poder de la globalización. Las actuales clases dirigentes son un conglomerado de intereses políticos financieros y empresariales que nada tienen que ver ni con el interés general ni con la democracia. Tienen que ver con unos monopolios de ámbito global, que de facto gobiernan los estados junto a la castaza política y que no les interesa elevar el nivel cultural ni profesional del populacho al que pretenden estafar, engañar, manipular y traicionar.

La autoformación como estrategia de grupo de los jóvenes:

La iniciativa partió de estudiantes de Comunicación Audiovisual, que se unieron para aprender lo que el día de mañana sería su oficio, y montaron un grupito denominado Crisálida Bizarra Films.

Al grupo se unieron otros jóvenes que, aún no siendo estudiantes de Comunicación Audiovisual, se integraron en el proyecto,  y entre todos ellos se pusieron a realizar algunos cortos.

Como el objetivo de todo ello era aprender, todos ellos se han ido turnando en sus cometidos y generalmente, en cada producción  la persona que aporta el guión, asume las labores de dirección.  Si leeis el artículo que les dedicaron en Tomelloso.com comprobareis que son jóvenes que están luchando por su futuro, con muchísima ilusión y muy pocos medios:

Asistimos al rodaje de “La fiesta de Javito”

Dirigido por Óscar Dandy, con guión de Mario A. Abundacia y producido por Crisálida Bizarra Films, se graba este fin de semana en Tomelloso

Apenas tienen presupuesto así que en cantidad de ocasiones funcionan gracias a colaboraciones desinteresadas de amistades, familiares y algunos actores que buscan darse a conocer.

Esto no sería posible si el entusiasmo de este grupo no fuera un elemento contagioso y estratégico. (Yo mismo he actuado en uno de los cortos que ya está publicado «La memoria de los Girasoles 2011»).

He de aclarar que Crisálida Bizarra Films no ha publicado más que una parte de su trabajo ya que la condición de inédita de la mayoría de sus trabajos les permite presentarlos a festivales donde se exige ese requisito.

Lo que a mí me interesa es el planteamiento de este grupo de jóvenes. Si no os dan formación ni oportunidades de practicar para lograr una auténtica formación, organizad un grupito de amiguetes con intereses comunes y mucho entusiasmo y poned en marcha algún proyecto.

Nunca se sabe donde os llevará vuestro proyecto, pero la alternativa, el Plan Bolonia, os llevará a la consecución de un papel que quizás termine sirviendo para envolver algún chorizo.

 

 

El negocio de la literatura está petándolo.

Sobre el futuro del libro, se ciernen muchas dudas relativas a una posible crisis del negocio editorial tradicional. Estamos en un momento crucial de grandes cambios sobrevenidos por la brusca irrupción del fenómeno de Internet en la sociedad.

Existe un importante debate, sobre el modelo actual de la cultura. Los gobiernos están custodiando con leyes proteccionistas, que unos consideran imprescindibles y otros consideran obsoletas y nocivas para la cultura.

En el centro del modelo cultural actual se sitúa el concepto de copyright que los más tradicionales consideran el Sancta Sanctorum de la cultura. Lo cierto es que este concepto  nació en un contexto muy diferente y su utilidad social empieza a ser discutida desde muchos ámbitos por constituir un freno para la difusión de contenidos.

El contexto del negocio literario ha cambiado muchísimo y este cambio es percibido como amenaza por un mundo editorial cargado de inercias y de concepciones nostálgicas anticuadas. Todas esta concepciones provienen de tiempos donde la dificultad de copia de una obra era suficientemente elevada como para justificar que existiera un negocio de fabricar copias. Hoy en día ya no es así y ese negocio que se tiene a sí mismo como imprescindible solo sirve para sustentar un concepto elitista y extremadamente comercial de la cultura. Son ideas anticuadas, dogmáticas, impopulares y erróneas que están dañando a la cultura con la excusa de que esta debe ser protegida.

Recomiendo leer un texto que fulmina las cansinas falacias divulgadas por el lobby del copyright. El texto no tiene desperdicio pese a que es un pelín largo:

¿Qué es el negocio de la literatura?

  • Autor: Richard Nash
  • http://rnash.com/
  • @r_nash
  • Traducción de Manuel Haj-Saleh del artículo The Business of Literature, The Virginia Quarterly Review (89/2).

Cuando se argumenta afirmando que el sistema actual recompensa el talento, se está cometiendo un grave error. Lo que habría que decir es que el sistema actual y los anteriores, solo recompensan el éxito. Este tiene una componente importantísima de azar, sin perjuicio de necesitar importantes dosis de eso que hemos dado en llamar talento y esfuerzo, pero el éxito no se explica en base al talento o al esfuerzo porque uno de los factores que más favorece el éxito es el propio éxito. Existe una importante realimentación positiva del éxito.

Dicho de otra forma, no consumimos obras netamente talentosas sino obras principalmente exitosas, que secundariamente pueden ser más o menos valiosas. El éxito es un concepto meramente comercial. Este tiene una conexión cierta con la valía de la obra pero esta es más endeble de lo que generalmente se supone. No se puede negar la existencia de ese talento y de un enorme esfuerzo en la mayoría de las obras que triunfan, pero todo intento de establecer una proporcionalidad entre el triunfo comercial de una obra  y cualquier otro factor, es un ejercicio inútil. A lo largo de la historia se han dado casos muy llamativos de falta de éxito:

  • Herman Melville, autor de Moby-Dick fue uno de tantos escritores que murió en 1891 completamente arruinado y olvidado.
  • Bram Stoker tenía 64 años cuando murió arruinado, olvidado, enfermo y demente.
  • Enrique Jardiel Poncela, Falleció, arruinado y abandonado por muchos de sus amigos, el 18 de febrero de 1952 a la temprana edad de 50 años. En su nicho figura como epitafio una frase suya: «Si queréis los mayores elogios, moríos».

Esto debería hacernos reflexionar y preguntarnos ¿Cuantas obras que pudieron merecer el éxito no llegaron a alcanzarlo? El copyright ha condenados al olvido eterno, más obras valiosas que las que ha catapultado a la fama. El copyright es el culpable de la situación de inaccesibilidad de las obras huérfanas, esto es, aquéllas obras en las que los titulares de sus derechos no se conocen o no son localizables. No importa si alguien descubre una de estas obras y la considera valiosa. Nadie se arriesgará a promoverla por miedo a posibles represalias legales.

Richard Nash, en el texto que he referenciado anteriormente, comenta lo siguiente:

La inmensa mayoría de los 28 millones de libros impresos que están ahora mismo en circulación no han ganado nada de dinero, y cada pocos años un autor ganará más de 200 millones de dólares: primero Dan Brown y J. K. Rowling, ahora E. L. James. Es extraordinario observar a la gente dar tumbos buscando una explicación a su éxito…

Para mí la explicación está en la realimentación positiva del éxito, y ello no es un mecanismo que introduzca una recompensa justas y equilibradas con criterios puramente culturales y sociales. La frase final de este largo pero denso texto de Richard Nash, finaliza con un párrafo digno de enmarcar.

La cultura del libro está mucho menos amenazada de lo que mucha gente ha escogido suponer, pues la noción de una cultura del libro en peligro ya asume que la cultura del libro es una bestia mucho más refinada, delicada y frágil de lo que realmente es. Al definir a los libros como algo contra la tecnología nos negamos a nosotros mismos, negamos el poder del libro. Restablezcamos la auténtica reputación de la edición; no como una barrera contra el futuro, no como un bastión contra los cambios radicales, no como una ciudadela en medio de los bárbaros, sino más bien como el futuro inmediato, como el agente radical del cambio, como el bárbaro. El negocio de la literatura está petándolo.

 

El valor social y el valor mercantil de las buenas ideas y la propiedad intelectual.

El origen de las ideas:

Si el hecho de olvidar el nombre del que inventó la rueda o el fuego nos privara de esos adelantos, ahora nos acordaríamos de quienes fueron sus inventores, pero no es ese el caso y aunque queramos ser agradecidos con los padres de aquellas revolucionarias ideas, no podemos hacerlo de forma justa porque las ideas no nacen de la nada en la mente de una única mente genial. Las ideas no funcionan de ese modo, tienen un origen difícil de rastrear.

Derechos de autor:
La propiedad intelectual, en mi humilde opinión, es una quimera, pero los derechos de autor son otra cosa. Estos son algo que simplemente existe con un criterio práctico para permitir que los creadores puedan sacar rentabilidad por sus obras en compensación por su trabajo creativo.  De otra forma muchos trabajos que exigen años de dedicación serían imposibles de producir.
Las leyes pueden y deben servir para recompensar a los que hacen aportaciones extraordinarias a la sociedad, pero sin olvidar que se trata de un criterio práctico y revisable, y como tal debe obedecer exclusivamente al interés general.

En este sentido, permitir que la industria de la propiedad intelectual dirija la defensa de los derechos de autor no garantiza el interés general. Garantiza los intereses de los autores, pero no de todos.

El interés de la industria de la propiedad intelectual se centra en una selecta minoría de autores capaces de generar importantes beneficios para la industria.

A nuestros políticos hay que recordarles que el bien común no se mide solo en dinero. La cultura, con independencia de su faceta monetaria tiene un enorme valor social en sí misma.

Tenemos hoy en día no solo Software Libre con una gran implantación social, sino proyectos de Hardware Libre como Arduino, que están penetrando a gran velocidad en nuestra cultura. Arduino tiene la capacidad de convertirse en un fenómeno social que podría conseguir un renovado impulso en la la robótica de gran consumo desde la óptica de hágalo usted mismo.

Los genios son enanos aupados a hombros de gigantes:
Las empresas como Apple son lo que son gracias a los personajes como Steve Jobs que marcaron la diferencia con sus geniales ideas, pero estas suelen funcionar creando cascadas incontenibles de nuevas ideas donde la paternidad resulta dificilmente delimitable.

Microsoft lo petó con su S.O. Windows, pero antes de eso, Apple Lisa convirtió el interfaz gráfico de ventanas y el uso del ratón en un elemento imprescindible de nuestra forma de manejar ordenadores. Esta fue una brillante idea que Apple desarrolló y pulió tras una visita al Xerox PARC en 1979. ¿Quién es el padre del actual sistema de ventanas en los ordenadores? ¿Xerox?, ¿Apple?, ¿Microsoft?, ¿Todos ellos?

Donde reside el valor de una idea:
Para intentar contestar a algo así, permitidme que plantee otra pregunta ¿Estamos en deuda con el inventor del teclado de ordenador?

En tal sentido, el diseño QWERTY (patentado por Christopher Sholes en 1868 y vendido a Remington en 1873) apuntaba a resolver un problema mecánico de las primeras máquinas de escribir. Cuando ciertas combinaciones de teclas al ser apretadas rápidamente, se enganchaban. Para evitar esto, la distribución QWERTY situó a aquellas teclas que eran más proclives a ser golpeadas en secuencia, en lados opuestos del teclado.

Ese maravilloso invento que ha llegado hasta nuestros días, se continua usando pero su vigencia no se debe a los motivos originales. Las consideraciones mecánicas originales carecen de relevancia en la actualidad. Ahora lo seguimos usamos porque en su momento tuvo la fuerza de convertirse en un estandard. De hecho, para un teclado de ordenador actual no parece que QWERTY sea la disposición óptima. Lo valioso es el hecho de compartir un amplio estandard, pero ese no es un valor original con una paternidad reconocible, sino un valor sobrevenido. Toda obra en el momento de nacer ya tiene un valor real y tambien un valor potencial.

En un reciente artículo de Enrique Dans, Apple, la innovación y la apertura, este, ante la caída de ventas del iPhone a favor de Android, nos confiesa lo siguiente: «Lo curioso, lo verdaderamente fascinante para mí, surge cuando estudiamos no el arranque de estos productos, sino su caída». Enrique Dans tiene bastante claro el valor de la redistribución de la información. Basta con leer el título de otro de sus artículos El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar. Por desgracia entre nuestros ministros de cultura nunca tuvimos a un Enrique Dans.

La sesgada visión política sobre la cultura:
La tendencia política a priorizar el valor mercantil en lugar del valor de lo público, termina beneficiado a sectores minoritario muy poderosos de la sociedad aumentando la desigualdad social, el diferencial de riqueza y la pérdida del rumbo de la democracia. No les hemos elegido para eso.

No es una casualidad que los cuatro últimos ministros de cultura: Carmen Calvo, César Antonio Molina, Ángeles González-Sinde y ahora Jose Ignacio Wert, estuvieran entre los peor valorados de los diferentes equipos de gobierno. Un país que se dedica a distorsionar los valores culturales con criterios mercantilistas hace un pésimo favor a la sociedad. Una sociedad medianamente culta no habría votado sistemáticamente a los partidos mayoritarios más corruptos.

Cuando se transmite desde el poder la idea de que el dinero es el bien supremo la corrupción hace acto de presencia. Tanto tienes tanto vales. Lógicamente el dinero que se genera en un país debe pasar por el control gubernamental para que este pueda hacer una redistribución de la riqueza, pero las trampas del sistema permiten una pésima redistribución de la misma.

Nuestros ministros de cultura nunca fueron eso. Fueron ministros de la industria cultural que no solo negaron el valor cultural de Internet sino que lo criminalizaron provocando un retraso tecnológico y cultural muy considerable. Estos ministros, han sido incapaces de entender la naturaleza de las nuevas obras en formato digital. Se ven impotentes ante una riqueza cultural que se genera al margen de su malsano intervencionismo político con afán recaudatorio.

Se ha tratado de imponer por todos los medios posibles el viejo modelo de la propiedad intelectual y del copyright a toda Internet con resultados muy lesivos para la sociedad. Una sociedad que ha clamado durante muchísimos años en reivindicación de sus derechos y libertades de forma abrumadora y con muy escaso resultado.

La manipulación de las ideas a través del lenguaje:
La palabra propiedad intelectual surgió  por la doble necesidad de presentar el plagio de una obra como un robo, y para articular los derechos derivados de las copias impresas de las obras literarias que son las primeras obras donde la industria fue capaz de lograr grandes cantidades de copias de obras.

Por una parte, debería entenderse de una vez por todas que plagio y robo son asuntos muy diferentes. Un plagio es la violación de la paternidad de una obra. Cuando el plagiario hace uso de los derechos de autor que no le corresponden, no está robando la obra, que por intangible no puede ser hurtada, sino que está robando los beneficios de unos derechos que no le son propios. La diferencia es importante.

Por otra, las copias de obras ya no son un asunto circunscrito al mundo de la industria. Cualquier persona en su casa copia obras continuamente con suma facilidad gracias a Internet y a la informática. Lo hacemos en la memoria de nuestro ordenador cada vez que visitamos una página o cada vez que la imprimimos.

Hay que insistir una vez más, por más que las leyes se empeñen en lo contrario, la propiedad intelectual es como un dolor de la branquias en un ser humano.

La propiedad intelectual no existe. Nada puede retener a lo intangible. Si es intangible es inapropiable.

Este debate sobre el concepto de propiedad intelectual, viene de antiguo. El paso de los manuscritos a la venta de obras impresas fue hito importante que impulsó este concepto falaz de sentido de propiedad sobre lo intangible. Cuatro siglos más tarde de la creación de la imprenta de Gütemberg, ya existían controvesias sobre el término. Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América, que ocupó el cargo entre 1801 y 1809 se pronunció sobtre ello en los siguientes términos:

Si la naturaleza ha creado alguna cosa menos susceptible que las demás de ser objeto de propiedad exclusiva, esa es la acción del poder del pensamiento que llamamos idea, algo que un individuo puede poseer de manera exclusiva mientras la tenga guardada. Sin embargo, en el momento en que se divulga, se fuerza a sí misma a convertirse en posesión de todos, y su receptor no puede desposeerse de ella. Su peculiar carácter es también tal que nadie posee menos de ellas porque otros posean el todo. Aquel que recibe una idea mía, recibe instrucción sin mermar la mía, del mismo modo que quien disfruta de mi vela encendida recibe mi luz sin que yo reciba menos. El hecho de que las ideas se puedan difundir libremente de unos a otros por todo el globo, para moral y mutua instrucción de las personas y para la mejora de su condición, parece haber sido concebido de manera peculiar y benevolente por la naturaleza, cuando las hizo, como el fuego, susceptibles de expandirse por el espacio, si ver reducida su densidad en ningún momento y, como el aire, en el que respiramos, nos movemos y se desarrolla nuestro ser físico, incapaz de ser confinadas o poseídas de manera exclusiva. Las invenciones, pues, no pueden ser, por su naturaleza, sujetas a propiedad. – (THOMAS JEFFERSON)

Si absurdo resultaba entonces el término de propiedad intelectual, mucho más lo es ahora en plena era de la información, donde la mayoría de las prohibiciones actúan como meras puertas plantadas en mitad del campo.

Conclusiones:
Es la gente lo que finalmente transforma una buena idea en una idea exitosa y valiosa pero para eso la idea ha de ser buena en su origen. La idea actúa como una chispa capaz de generar un incendio pero esta además de generarse debe caer en el terreno apropiado para su propagación.

El efecto multiplicador del beneficio de una idea está en la capacidad de comunicación que posee el ser humano, pero cero multiplicado por cero es cero. La semilla original también cuenta. No debe infravalorarse ni la chispa inicial ni las condiciones de propagación de esa llama inicial.

Cuando nos olvidamos de que lo esencial es el interés general y enfatizamos unos protagonismos concretos olvidando que son deudores de ideas anteriores (quizás anónimas), distorsionamos el auténtico valor de las ideas que no es otro que el de inspirar nuevas ideas tan valiosas o más que ellas. Eso no significa que debamos olvidar que para que la chispa original se produzca conviene crear unas condiciones de reconocimiento a ese trabajo que permitan la sostenibilidad de los autores.

Beneficiar con las leyes a una industria de la cultura es olvidar que el papel de esta poderosísima industria es de mera intermediación en un mundo donde los intermediarios de la información son cada vez menos necesarios por la presencia de Internet.

Cuando desde la industria se enfatiza un concepto falaz y obsoleto como el de la propiedad intelectual se está desvirtuando la razón de existencia de los derechos de autor. Estos no deberían existir para proteger propiedades privadas intangibles porque nada intangible puede ser apropiable. Los derechos de autor deben existir  para impulsar la sostenibilidad de los autores pero siempre con la vista puesta en el interés general y no intereses comerciales espúrios.

La propiedad intelectual es un concepto artificial que tiene por objeto el control de la difusión de las obras con derechos de copyright con un criterio puramente mercantil.

Existe un interés importante por intoxicar sobre el tema de la propiedad intelectual. La cultura y el negocio de la cultura son cosas diferentes. No se puede permitir que el dinero hable en nombre de los creadores y menos aún en nombre del interés general. En una democracia la sociedad no debe de estar supeditada a los intereses de lucro de un poderoso lobby que desprecia el valor social de la cultura porque solo le interesa su valor mercantil.

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