Blog multi-temático de Antonio Castro

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Categoría: Autobiografia Página 1 de 3

¿Es el vértigo lo mismo que miedo a las alturas? (una opinión personal).

Mirador del teleférico de Fuente Dé. (Picos de Europa)

Mirador del teleférico de Fuente Dé. (Picos de Europa)

Esta foto corresponde a uno de los miradores más impresionantes que conozco. El suelo es de rejilla y a través de él se puede ver el interminable abismo.

Teleférico de Fuente Dé. (Picos de Europa)

Teleférico de Fuente Dé. (Picos de Europa)

En la foto de la izquierda en la parte superior, ampliando la foto se ve claramente la cabina de la cumbre donde está situado el mirador.

Yo a pesar de mi vértigo insuperable, he estado en ese mirador. Da un cosquilleo desagradable en el estómago al mirar para abajo, pero puedo hacerlo y me gusta el desafío. El secreto en mi caso es tener una mano en la barandilla. Sólo así logro mantener el equilibrio porque padezco vértigo.

Estoy convencido que miedo y vértigo son cosas parecidas pero no creo que se trate de una simple fobia sino de algo más complejo. Yo tengo un vértigo muy fuerte, pero no siempre tengo miedo a las alturas.

Desde joven entendí que los miedos eran algo a controlar, y siempre que he sentido miedo a algo, he hecho por superarlo. Soy una persona prudente, y tengo miedo a morir haciendo una estupidez innecesaria. Una cosa es superar el miedo y otra exponerse a un peligro sin necesidad, y eso siempre lo he tenido muy claro.

Para mí ser temerario es una estupidez o una enfermedad por adicción a la adrenalina.

Contaré algunas anécdotas personales para ilustrar mi afán de superación a los miedos:

1) De joven, asistí a una exposición de serpientes venenosas y quise ver de cerca una de ellas que figuraba como mortal. Tanto me acerqué que la serpiente se lanzó a morderme. Pese a existir un cristal me llevé un buen susto. Lo intenté de nuevo acercándome al máximo al cristal, y no pude evitar que se me cerraran los ojos cuando nuevamente la serpiente se lanzó con fuerza contra el cristal. En el tercer intento conseguí no parpadear.

No es como para vanagloriarse por un logro así, pero creo que ilustra mi forma de ser, en lo que se refiere a superar los miedos.

La siguiente que voy a contar fue más arriesgada.

2) Estando de servicio como ayudante de veterinaria en el servicio militar, trajeron a un mulo herido en una nalga. Era uno de los mulos más malos del cuartel y ya había mandado a más de uno a la enfermería.

El animal venía herido, había sido azotado con una manguera y acuchillado en una nalga por algunos soldados en represalia a su última coz. El animalito había dado una coz a un chaval, y le saltó todos los dientes y le partió la mandíbula inferior. Estuvo en el hospital bastante tiempo. Esto le ocurrió cuando estaba haciendo su servicio de cuadra y era un mulero con experiencia previa a su paso por la mili. Allí teníamos animales muy chungos.

El animal llegó a la enfermería muy agresivo y presa del pánico. Había que colocarle un torcedor en la oreja para controlarlo y poder curarle la herida, pero nadie se atrevía hacerlo.

Había dos sargentos jóvenes expertos herradores profesionales del ejército, eran veteranos, conocían a la perfección todos los procedimientos para hacerse con un mulo rebelde, pero no se atrevieron a acercarse. En lugar de ello me dieron a mí el torcedor para que se lo colocara al mulo que estaba totalmente desquiciado.

Yo sabía como se hacía, y alguien tenía que hacerlo, así que solo era cuestión de sangre fría. Lo tenía todo muy claro, así que aproveché el momento idóneo entre coz y coz para entrar rápidamente hasta la zona de la cabeza y ponerle rápidamente el torcedor. Ya lo llevaba enhebrado en mi brazo, le agarré la oreja y le puse el torcedor aplicando la torsión a la oreja. Eso debería haber bastado normalmente, pero el mulo no se rindió tan fácilmente.

Se puso de lado y me aplastó con todas sus fuerzas contra la pared. No podía respirar. Continué apretando con toda mi alma el torcedor, mientras los demás chillaban como locos y pegaban al mulo para que dejara de aplastarme contra el muro.

Al cabo de unos interminables segundos el animal cedió, pero aquello pudo costarme un viajecito a la enfermería. Tuve algo de miedo, a qué negarlo, pero conservé en todo momento la sangre fría, y no dejé de aplicarle el torcedor con toda mi alma en la oreja a sabiendas de que esa dolorosa operación jamás provoca daños permanentes al animal.

No me considero especialmente valiente, pero tampoco me bloqueo fácilmente. Mi actitud de no bloquearme es idéntica ante las alturas, pero no me funciona.

Con el vértigo es muy diferente:
Hace unos pocos años recuerdo que mi hijo y mi mujer se decidieron a caminar por el muro del espigón del puerto en Calpe. El muro tenía unos 80 centímetros de anchura, y por lo tanto parecía muy seguro caminar por allí, pero después de algunos pasos tuve que darme la vuelta.

No era un problema únicamente de miedo, era un problema insuperable de falta de estabilidad para caminar erguido sobre dos patas como lo hace cualquier ser humano. ¿Provocado por el miedo? Bueno, puede ser.

Admito que es todo psicológico, pero en mi opinión, no es sólo miedo, es algo más. Todo comienza a dar vueltas así que es tontería intentarlo. Se trata en mi opinión de un fallo sensorial inducido desde la inseguridad.

Para ponerte en mi lugar, tienes que subirte a una silla giratoria, agachar la cabeza hasta poner el cuello en posición horizontal, y luego hacer que alguien te haga girar con fuerza un buen rato en la silla. Después de eso, levántate (cuidado no te levantes muy rápido) e intenta caminar por un espigón de 80 centímetros de ancho (no me hago responsable).

Yo soy el que cambia las bombillas en mi casa porque a mi mujer le da miedo la electricidad, pero ella no tiene ningún problema de tener ambas manos sueltas cuando se sube a una de esas escaleras, y yo necesito estar apoyado con una de mis manos en algún sitio estable en todo momento.

De esa forma puedo suplir los sentidos que se esfuman cuando estoy en lo alto de la escalera. Hay una componente de miedo o de inseguridad, si fuera electricista seguramente cambiar una bombilla se convertiría en algo natural para mí. La seguridad es algo que se puede educar.

No tengo problema con en los parques de atracciones tipo noria en las que uno viaja bien atado. De hecho, mi atracción favorita es la montaña rusa, y me encantan los giros en vertical. Estándo atado no tengo problemas.

Hay distintos niveles de vértigo. No todo el mundo vale para caminar sobre una viga en lo alto de un edificio en construcción, y todos podemos hacerlo con la viga en el suelo. También el hábito a las alturas influye de manera importante. La inseguridad dispara la reacción del vértigo y la inseguridad puede ser educada y corregida de forma muy progresiva muy progresiva.

Una mala experiencia podría dificultar enormemente la superación de la fobia que se pretende dominar.

Una aciaga noche a la caza de Perseidas.

Todos los años en verano paso algunos días (muy pocos) en el pueblo de mi mujer alojado en casa de mi suegra (por imperativo familiar). Generalmente me aburro a más no poder pero tenía algo en mente. Las tres noches anteriores ni se me pasó por la cabeza intentarlo porque el cielo estaba muy nuboso, pero aquella sería mi última noche en el pueblo de mi mujer. Había que intentarlo, así que salí con mi mujer a la caza de estrellas fugaces.

Era la noche del 12 al 13, día en que Las Perseidas tienen su máxima actividad. Por lo visto un observador ideal (no sabemos quién es) sería capaz de observar en esa noche unos 100 meteoros por hora (esa es la famosísima tasa zenital).

Puesta de sol en el Prado Cañete.

Puesta de sol en el Prado Cañete.

El plan era subir aquella noche al Prado Cañete que en lo sucesivo llamaremos simplemente PC. Bueno… mejor no, PC es otra cosa. El día anterior estuve tomando unas fotos del prado al atardecer mientras una panda de borrachos se dedicaban a dar vueltas a mi alrededor con sus vehículos todoterreno dedicándome toda clase de risas acompañadas de comentarios estúpidos y ofensivos (calvo, gordo, cabrón) por pura diversión borracha y sin venir a cuento de nada. Me entró por un oído (no recuerdo cuál) y me salió por el otro, pero ese día era muy tarde y aquel prado no es un buen lugar para pasar la noche por frío y ventoso.

Cogí un viejo anorak que heredé de mi padre y que tenía yo desde hacía años en casa de mi suegra por si alguna vez lo necesitaba. Era una prenda vieja y destartalada pero de mucho abrigo. También cogí mi riñonera y mi mochila con los bártulos de fotografía (el trípode ya estaba en el maletero del coche). Nos arropamos y fuimos a la plaza de la iglesia donde tenía aparcado mi coche, un Opel Vectra blanco con bastantes añitos pero en muy buen estado. No se veía un alma y una campanada sonó cuando caminábamos por la plaza (eran las once y media).

Salimos del pueblo por la carretera que va a la sierra. Se trata de una vía sin asfaltar y con tramos en bastante mal estado. Los potentes faros del vehículo rompían la negrura de aquella noche sin luna. Nadie más que nosotros circulaba por allí a esas horas, a pocos kilómetros de Checa (que así se llama el pueblo).

Nos tropezamos con un grupito de ciervos que al amparo de la noche habían bajado a alimentarse de los sembrados de cereales. Apenas se divisaba algo más que sus ojos como puntitos rojizos brillando en la oscuridad. Luego, con el coche muy cerca de ellos y con la escasa luz que los faros dejaban escapar por los laterales del chorro de luz principal, pudimos entrever sus graciosos traseros blancos botando en la noche cuando huían de allí.

Después de quince minutos de subir cuestas en mal estado llegamos al Prado Cañete, y comprobamos que no había borrachos en la costa. Paré el coche junto al pajar. Me bajé del vehículo y pude localizar La Osa Mayor, La Osa Menor y La Estrella Polar. Apenas sabría reconocer algo más en el firmamento nocturno, pero eso me bastó para localizar la radiante de Las Perseidas. (Se denomina así al punto imaginario desde el cual aparenta radiar la lluvia de estrellas en el cielo).

Las Perseidas se llaman así porque la radiante se sitúa cerca de la constelación de Perseo, pero la referencia que yo usé no fue esa constelación que no soy capaz de reconocer, sino su situación con respecto a lo que sí conozco. Es decir, la Osa Mayor queda a la izquierda de La Estrella Polar y más abajo que ésta y la radiante de Las Perseidas queda en cambio a la derecha de la misma y a la misma altura que la Osa Polar.

Estaba tomando esas referencias visuales y explicándoselo a mi mujer cuando apareció una estrella fugaz impresionante. No recordaba nada igual, así que en medio de la negrura de la noche, y con ayuda de una linternita, organicé rápidamente mis bártulos para situar mi cámara en el trípode apuntando a algún punto entre la radiante y La Estrella Polar, que también me interesaba encuadrar, ya que con mi cámara pensaba hacer un vídeo timelapse disparando una foto cada siete segundos. La repetición de los disparos se hace con ayuda de un aparatito llamado intervalómetro. La focal en mi objetivo era de 17mm (gran angular) así que pillaba una gran porción de cielo. Lo ideal habría sido un objetivo ojo de pez, pero no dispongo de ninguno.

Una de las dificultades de este tipo de vídeos astronómicos realizados de esta forma consiste en que mirando de noche por el visor de la cámara es imposible ver nada. Todo parece negro. No sabes qué encuadre vas a obtener. Hice algunas fotos previas para corregir el encuadre y confirmar que el enfoque era correcto. También hice mi comprobación de rutina, para asegurarme que nada estropearía el resultado final. Enfoque y diafragma en posición manual, máxima sensibilidad ISO, y dejé la cámara conectada al intervalómetro disparando cada siete segundos (seis de ellos con el obturador abierto).

A la derecha en el horizonte se veía una claridad que sin duda era producto de alguna contaminación lumínica de la zona relativa a algún pueblo, pero no había ningún pueblo importante en las inmediaciones. Tampoco se trataba de Checa. El Sol hacía tiempo que había desaparecido por un punto casi opuesto a éste. Quizás fuera el vecino pueblo de Orea, pero… algún día lo averiguaré.

Dejé aquello echando fotos. Mi mujer y yo nos metimos en el coche, echamos los asientos para atrás. Yo estaba dispuesto a quedarme allí al acecho de la necesidad del cambio de batería de la cámara unas dos o tres horas más tarde, pero a los diez minutos las estrellas empezaron a desaparecer. Se estaba encapotando el cielo.

Intentamos dormir algo, yo metí la mano en el bolsillo del viejo anorak y palpé lo que parecía un caramelo extremadamente blandorro. No lo abrí, era evidente que se trataba de un caramelo putrefacto que llevaba demasiados años en ese bolsillo, así que lo tiré por la ventanilla.

-¿Has visto eso? – me preguntó mi mujer.

-Sí, ha sido un relámpago -respondí contrariado.

La cosa pintaba muy fea, así que media hora después comprobé que no se veía ni una sola estrella y decidí recoger los bártulos y volver a casita a dormir tranquilamente lo que quedaba de noche. No tuve esa suerte, pero enseguida llegaré a eso.

Al llegar a la plaza de la iglesia dejé el coche y me di cuenta de que no llevaba mi riñonera. Estuvimos buscando por la plaza, por el sitio donde antes habíamos tomado el coche. Revisamos el interior del mismo, el maletero, la mochila y nada, no aparecía. En la riñonera llevaba mi cartera, con varias tarjetas de crédito, mi DNI, mi carnet de conducir, otros carnets, mi tarjeta sanitaria, mi móvil, dinero y un montón de cosas más. Pasamos por casa por si acaso se había quedado allí, aunque yo recordaba haber salido con ella, y tampoco apareció.

Al día siguiente tenía que volver a Madrid, así que necesitaba imperiosamente mi DNI y mi carnet de conducir, de lo contrario las vicisitudes desagradables no habrían hecho más que empezar.

-Hay que volver – me dijo mi mujer, y era evidente que teñía razón.

Mi suegra, que por su carácter se preocupaba siempre por todo, con razón o sin ella, estaba en ascuas con aquel incidente. Salimos nuevamente al Prado Cañete en plena noche para ver si localizábamos la riñonera en el lugar donde habíamos estado. Se apuntó a la búsqueda mi hijo y dejamos a mi suegra rezando a San Antonio, que es santo de su devoción y que en mi humilde opinión tiene suerte de estar muerto y evitarse escuchar tantas peticiones banales.

Esta vez subiendo al Prado Cañete nos tropezamos con una cierva seguida de un pequeño Bambi. Ambos cruzaron al trote justo delante de nosotros. Cuando llegamos al Prado puse el coche en varios sitios iluminando con los focos la hierba de la zona donde habíamos estado antes. Dado que habíamos instalado el trípode cerca del pajar, el margen de error para la zona de búsqueda no era muy grande, pero no hubo forma de encontrar la riñonera, así que nos volvimos al pueblo a dormir lo que quedaba de noche. Tampoco fue así, pero enseguida llegaré a eso.

Todas las hipótesis sobre la pérdida de la riñonera me parecían sumamente improbables, casi surrealistas. No podía entender cómo demonios la había perdido. ¿Había alguna posibilidad que se nos estuviera escapando? Yo recordaba, o creía recordar, que había salido con ella de casa, y una riñonera no se cae sola así como así. El enganche era muy seguro. ¿Me la quité en algún momento? La verdad es que no podía recordar habérmela quitado, ni parecía lógica ninguna circunstancia que lo justificara. Todo parecía absurdo. ¿Dónde narices estaría la maldita riñonera?

Cuando llegamos de vuelta y con las manos vacías mi suegra no paró de darnos la castaña bombardeando con toda clase de ocurrencias y de invocaciones a los santos. No paraba de cascar y ya desde mi cama tuve que decirle levantando la voz que si ella no quería dormirse, que por lo menos se callara y me dejara dormir.

A las seis de la madrugada me despertó mi mujer para volver nuevamente al Prado Cañete. Habría estado estupendo que me hubiera dejado dormir un poco más porque cuando llegamos por tercera vez allí, todavía era noche cerrada. La verdad es que en media hora amaneció y pudimos inspeccionar la zona con todo detalle. Incluso localicé el caramelito putrefacto que había tirado por la ventanilla por la noche, así que la zona era esa, y la riñonera no estaba allí. La riñonera no se pudo perder allí. Sólo cabía una posibilidad. La perdí antes de subirme al coche la primera vez. Eso tuvo que ser en la plaza de la iglesia a las once y media.

Una vez que llegué a esa conclusión mis neuronas encontraron una posible solución al enigma con muy alta probabilidad. Mi mochila y mi riñonera tienen un cierre muy parecido. Yo en el corto trayecto desde la casa al coche no estimé oportuno abrocharme el cinto de la mochila, así que cuando llegué al coche y supuestamente me desabroché la mochila para echarla en el coche, probablemente desabroché en su lugar y de forma inadvertida mi riñonera. Seguramente en el gesto posterior de sacarme la mochila y meterla en el maletero, ésta habría caído al suelo. La razón de que no la encontráramos a la vuelta se explica porque en el transcurso de la hora que estuvimos fuera, alguien pudo encontrarla y cogerla. No cabía otra explicación lógica.

Mi hijo al encender su móvil, confirmó que había recibido una llamada perdida desde el mío poco después de las once y media de esa noche. Intentamos devolver la llamada y mandar mensajes pero nadie respondió. De todas formas era muy tranquilizador, alguien había intentado avisarnos. Mi suegra hizo correr la voz en cuanto pudo y se dedicó a inspeccionar algunas papeleras cercanas por si alguien había echado allí la cartera o la riñonera. Era una buena idea pero no hubo suerte.

Me eché un par de horitas más y cuando me desperté me dijeron que «El Santiago» había comentado que una mujer había encontrado la riñonera y había acudido con ella a El Casino (no es una casa de apuestas sino un bar y lugar de reunión) entregándola a la Guardia Civil, que se encontraba allí.

-¿Veis como funciona el rezarle a San Antonio? – dijo mi suegra toda contenta.

Admito que volví a enfadarme porque me saca de quicio ese tipo de manipulaciones religiosas. Yo puedo respetar todas las creencias de la gente mientras no se intente poner en tela de juicio mi ateísmo. No estaba de humor y fui un pelín cruel con mi suegra recordándole que no tenía nada que agradecer a San Antonio. Yo me llamo Antonio, mi padre que se llamaba igual que yo y murió en el quirófano en una operación de corazón precisamente el día de su santo. ¿Acaso había que achacar la perdida al mismísimo Satán? La manipulación de las leyes del azar para buscar explicaciones metafísicas a todo es algo que me molesta. También le dije a mi suegra que a quien había que agradecer que la riñonera apareciera no era al santo, sino a la persona que la encontró y la devolvió porque no todo el mundo devuelve lo que se encuentra y es de bien nacidos el ser agradecidos.

Fuimos al cuartelillo de la Guardia Civil, pero estaba cerrado y en un cartel venía indicado un teléfono de información general y para urgencias al que llamamos. Nos dijeron que el cuartelillo abría a las 2. Acudimos a esa hora, nos atendieron y nos dijeron dónde teníamos que ir a recuperarla. Un gran alivio.

No quiero terminar esta historia sin mostrar mi gratitud a esa buena señora (F.T.), por su buena obra, y por extensión a toda la buena gente de Checa.

PD: Tampoco fue un fracaso absoluto.

Una vez que pasé las fotos a vídeo me di cuenta de algo. Pese a la brevedad de la toma (media hora haciendo fotos cada 7 segundos dan para 13 segundos de vídeo, de los cuales sólo los 4 primeros dieron para ver estrellas).

Breve timelapse perseida(s) from Antonio Castro on Vimeo.

Pese a todo en el segundo fotograma de este fracaso videográfico, compruebo que sí apareció una diminuta lagrimilla de San Lorenzo situada a la derecha de la Osa Mayor.

Perseida

Perseida

PD sobre Youtube:
El vídeo en Youtube he tenido que borrarlo. Baja calidad de la compresión, y problemas para responder a los comentarios. No soy el único afectado. Sólo me deja responder con respuestas supercortas. Ha empezado a pasar desde hace unos días.

La ley de Murphy y las copias de seguridad. (Una dura experiencia).

Ley de Murphy: Si algo puede salir mal, saldrá mal (y en el peor momento posible).

Realmente esa ley parece que se refiere a mi reciente incidente de pérdida de información, que es el más grave que he sufrido desde que manejo ordenadores personales. De esto ya hace 29 años. Empecé con ordenadores basados en Z80 (en 1981), y en todo ese tiempo he tenido incidentes aislados, pero no recuerdo nada parecido a lo de ahora. Siempre pude recuperar casi todo de alguna forma, pero mi larga experiencia no serviría de nada si no aprendiera desde la humildad de mis propios errores que os ofrezco por si a alguno de vosotros puede evitarle algún día pasar por algo así.

GRUB loading. error: no such partition grub rescue>

GRUB loading. error: no such partition grub rescue>

Como ocurrió:

Hace un par de días un encadenamiento de fatalidades y malas decisiones terminó con el formateo de la partición de unos 720 GBytes que tenía en mi ordenador. Un flamante HP Pavillón Elite HPE-140es con Procesador I7 860, ( GB de RAM, y un disto de un TERA. En el cual instalé Linux Ubuntu (Lucid Lynx recién salido del horno de Ubuntu el 29-abril) sin problemas y llevaba usándolo desde el 19 de febrero sin problemas (Estoy empezando con temas de edición de vídeo que necesitan mucha CPU).

Tenía puesto el arranque dual para poder usar Windows 7 (había reservado una partición para ello) y necesitaba probar un programa en Windows, así que decidí arrancar mi Windows 7, pero vi que existía otra partición en el gestor de arranque figuraba como Windows Vista. Decidí probarla por curiosidad, y ya no volvió a arrancar el ordenador porque el gestor de arranque Grub decía que le faltaba una partición.

Arranqué con Ubuntu desde un CD y vi que faltaba una partición. La partición que yo había intentado arrancar y que para Linux era una partición del tipo Windows Vista, es una partición que HP usa para recuperar el equipo en caso de problemas, y simplemente cogió la partición de Linux y la eliminó.

Todavía existía la posibilidad de recuperar el sistema volviendo a dejar la tabla de particiones como al principio pero usé una herramienta de esas amigables que trae Ubuntu para inspeccionar el disco y viendo la partición libre y la posibilidad de cambiar la tabla de particiones, lo intenté, pero el asistente de mierda de Ubuntu, no solo te define el tipo de la partición y escribe en la tabla de particiones, sino que por su cuenta y riesgo se puso a formatear la partición sin aviso previo cosa que yo no esperaba.

Balance provisional de pérdidas:

Entre los cuatro nos cargamos la información sin remedio. La culpa es de HP, del asistente de Ubuntu, principalmente de un servidor, aunque también del señor Murphy, porque todo ocurrió en el peor momento. Hacía mes y medio que no hacía copia de seguridad, (antes de la migración) y rara vez dejo pasar tanto tiempo. Mi sistema de copias de seguridad se había vuelto muy incómodo porque hacía copias totales no incrementales y ahora yo manejaba una cantidad de información mucho mayor por temas de edición de vídeo.

La sensación inmediata que tuve fue como mirar las ruinas de un incendio. Miles de fotografías de varios Timelapses que costaron muchas horas para hacerlas, muchas horas para programar scripts de postprocesado y horas de trabajo de edición y de postprocesado. También he perdido horas de trabajo en la segunda edición de uno de mis libros (revisión ortográfica), una reestructuración total de los directorios de mi equipo, y muchísimas más cosas, porque los últimos meses han sido de mucho trabajo. Fue tanto trabajo que no encontré el momento de ocuparme de hacer copia de seguridad.

A los fan boys de Windows, esos que están reinstalando cada cierto tiempo por culpa de los virus, sólo les digo que da lo mismo de quien fuera la culpa, he decidido formatear Windows que es una de las cosas que debí hacer. Llevo 15 años usando Linux y por una vez decidí no formatear Windows porque el equipo era caro (1.300 Euros) y quería tener derecho a la garantía, pero eso lo considero un error. Lo cierto es que hay varias causas por las que puede perderse una partición y no sirve de nada centrarse en el hecho aislado de la pérdida de una partición.

No debería haber dejado pasar tanto tiempo entre copia y copia. Ese fue el error más gordo, y lo otro entra dentro de la mala suerte. Cuando la pérdida de datos es importante el usuario tiene siempre mucha culpa sino toda.

La solución:

El equipo venía una partición con Windows 7 Premiun original de 64 bits pero he decidido mandarla a la mierda y formatear todo el disco duro. Tener un sistema dual en un equipo es en mi humilde opinión un riesgo, porque los S.O. Windows hacen putadas a las particiones Linux al menor descuido. Eliminar mi Windows 7 también manda al carajo la garantía del equipo pero si quieres usar Linux, la garantía no te servirá porque siempre encontrarán una excusa para no atenderte, así que por duro que te parezca, en la práctica, usar Linux implica muchas veces renunciar a la garantía del equipo. Ya puse una reclamación por teléfono, pero paso página y me olvido del tema, porque hay que seguir adelante y andar con reclamaciones sería derrochar una energía que ahora más que nunca necesito para recuperar lo que pueda. Me espera un mes duro.

Ahora uso todo el disco para linux. Siempre he pensado que tener un S.O. de Microsoft en un ordenador es peligroso y mucho más si lo compartes con Linux. A mi hijo le paso algo muy parecido hace un año en otro equipo HP. Perdió una partición Linux completa. Desde siempre las particiones de Linux son objeto de un uso desconsiderado por parte de Windows. Para Windows una partición Linux es tan respetable como lo pueda ser el espacio libre de tu disco duro.

Después de formatear todo el disco reinstalé Ubuntu, recordaba muchas de las cosas que necesité hacer la última vez para configurarlo a mi gusto e instalar los paquetes necesarios, así que me bastó una tarde. Después de recuperar lo que pude, me puse a trabajar en diseñar un nuevo sistema de respaldo, porque si un sistema de respaldo no es cómodo, tarde o temprano te descuidarás por simple pereza. Con un equipo que tenga mucha información se necesitan políticas de respaldo incrementales muy eficientes.

Nuevas políticas de respaldo:

Para mi respaldo tengo un par de discos duros externos de 1Tera, que los conecto por USB, y estoy probando con el programa Grsync. Un respaldo total de mi carpeta personal (lo tengo todo en el escritorio) me ha tardado 4 horas por ser la primera vez, pero la próxima vez solo copiará los ficheros nuevos y los que hayan cambiado. También borrará los que tenga que borrar. (Renombrar un directorio muy grande supondrá para Grsync borrarlo en la copia y volverlo a crear).

Parece que Grsync va a resultar muy apropiado. La política de respaldos no la tengo totalmente decidida pero pretendo hacer copias incrementales y guardar las tres últimas copias totales mensuales. Viendo lo fácil que me ha sido instalar Ubuntu y dejarlo casi igual que como lo tenía, con un montón de aplicaciones y configuraciones, creo que evitaré hacer respaldos del sistema operativo y trabajaré asumiendo que todo lo valioso tengo que trasladarlo a mi carpeta personal. (Antes tenía cosas en el home de root y en /usr/local).

Pretender salvarlo absolutamente todo sería más incómodo y eso puede conducir a olvidar hacer respaldos con suficiente regularidad.

Recomendación para usuarios de Linux a la hora de comprar un ordenador:

Si quieres usar Linux, recomiendo no compartirlo con Windows en el mismo equipo. Tener juntos Linux y Windows en el mismo equipo yo no lo recomiendo. Dicen que pueden convivir juntos, pero ya son varios los incidentes lamentables de los cuales he sido testigo. No tiene porque pasar nada, pero en mi humilde opinión, es como vivir con una espada de Damocles sobre tu cabeza.

Yo recomiendo:

1) Dedicar un tiempo a hacer una primera instalación dual para comprobar la compatibilidad del hardware, y probar bien el equipo.

2) Formatear todo el disco duro, y eliminar todo el Windows. (si necesitas windows usa un ordenador diferente solo con windows).

3) Si en algún momento en período de garantía ocurre un problema Hardware grave, la forma de recuperar la garantía es formatear todo el disco duro y decir que no tienes ni puta idea de lo que le ha pasado al equipo, y que crees que ha sido algún virus (no es mentir, el virus sería Windows). Los de Windows están muy acostumbrados a ese tipo de fallos y lo que hacen es formatear el equipo, reinstalarlo. En ninguna circunstancia se hacen resoponsable de la pérdida de información así que a la mínima van a lo fácil, que es formatear y reinstalar, y supongo que es el procedimiento estandar de casi todos los fabricantes.

Muy importante:

Jamás menciones la palabra Linux en un tema relacionado con la garantía de tu equipo salvo que viniera con Linux preinstalado.

El pez más viejo y más listo de mi acuario.

Ancistrus de 19..20 años

Ancistrus de 20 años

En este Blog no publicaré artículos dirigidos a acuariófilos expertos sino meros artículos divulgativos que puedan resultar de interes general.

El protagonista de este vídeo es un pez de fondo (ancistrus) que mantengo en mi acuario desde hace nada menos que 20 años y al que denomino cariñosamente el abuelo.

En un artículo de hace 5 años en la web de la Asociación Española de Acuariófilos (AEA), ya hablé de este abuelete que continua gozando de extraordinaria salud. Uso del calabacín crudo en acuariofilia.

Se las sabe todas y se pirra por el calabacín crudo. Los ancistrus son generalmente tímidos de hábitos generalmente nocturnos y les gusta la penumbra. Limpian de algas incrustantes el acuario pero necesitan suplemento vegetal. Este ancistrus ha ido variando su comportamiento. Inicialmente era muy tímido.  Gracias a este vídeo realizado con una Canon EOS 5D Mark II podéis ver que ya no tiene nada de tímido.

Mucha gente se desanima con los acuarios, porque creen que los peces son demasiado delicados, pero eso es porque hay que conocer una serie de normas básicas que ya expliqué en un artículo previo. ¿Cómo se llega a la acuariofilia y en que suele quedar esa aventura?

No todos los peces tienen memoria de pez. Lo de la memoria de dos segundos podría ser válido para algunos peces como el Guppy que a diferencia de muchos otros peces no son ovíparos sino ovo-vivíparos (Los alevines se sueltan a nadar nada más nacer). Un parto normal puede ser de entre 20 a 30 alevines. Estos en mi acuario suelen sobrevivir en una cierta proporción que es suficiente para mantener una población estable desde hace varios años y ello gracias a la abundancia de plantas que sirven de escondite a los más pequeños. Es importante que las plantas que sirvan de refugio a los alevines estén cercanas a la superficie porque estos en la naturaleza buscan las orillas poco profundas donde los peces grandes no pueden acceder.

Relación de especies que aparecen en el vídeo:

Las especies piscícolas que se mencionan en este vídeo son:

Guppy: Poecilia reticulata
Pez arco-iris: Melanotaenia boesemani
Pez arco-iris azul: Melanotaenia lacustris
Pez gato de cristal, Cristal de Java: Kritopterus bicirrhis
Ancistrus (el abuelo)

Las especies de plantas que se mencionan son:

Ambulia: Limnophila sessiflora
Anubia: Anubia barteri
Helecho de Java: Microsorium pteropus
Musgo de Java: Vesicularia dubyana

Comentarios finales:

Las condiciones de mantenimiento en este acuario son agua blanda a PH=7  (La que sale del grifo en Madrid sirve tal cual) y de vez en cuando suplemento con algo se quelato de hierro para las plantas.  La temperatura son 24 ºC que en verano puede subir algo más.

El ancistrus vivió también en este acuario durante algunos años en que me dediqué a la cría de peces disco, en condiciones diferentes a las actuales, la temperatura era de 29ºC yel acuario apenas tenía vegetación.

Al subir el vídeo a Youtube este me ofreció ver un vídeo sobre un Ancistrus, y casualmente en este otro vídeo el Ancistrus come un trozo de pepino imagino que crudo. Compruebo que a diferencia del calabacín el pepino no flota y se puede suministrar sin atar a una piedra. Ancistrus in gevecht met komkommer

PD 23-ene-2010:

Os pongo una referencia que me acaba de llegar de mis amigos de La AEA (Asociación Española de Acuariofilos).

Algo que no menciona este artículo son las enormes diferencias de capacidad de memoria y aprendizaje entre unas especies piscícolas y otras.

Los peces tienen buena memoria

La foto que se incluye en este artículo no es precisamente de los más listos.

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