No me parece casual que los partidos más beneficiados por la ley electoral sean los más corruptos y los que más tiempo lleven en el poder.

Quizás llevemos demasiado tiempo votando mal y deberíamos empezar a cambiar nuestras costumbres electorales antes de alcanzar una situación de no retorno en lo relativo a la pérdida de libertades.

El voto útil es el que se impone en las urnas, pero no es otra cosa que el voto del miedo y del todo vale. La actualidad viene demostrando que el voto útil (votar opciones mayoritarias aunque no lo merezcan) es un voto suicida.

En lugar de votar al partido idóneo estamos votando al segundo menos malo. Lo hacemos así como mal menor para que nos proteja del que nos inspira más temor, pero las diferencias entre el peor y el segundo menos malo, vienen siendo cada vez más insignificantes y así nos va.

Estamos en democracia y todo el mundo puede votar lo que quiera, faltaría más…, pero desde un punto de vista ético y social, algunos partidos merecerían ser considerados por la gente más sensata como invotables por su reciente pasado político.

Como ya hemos dicho, los ciudadanos ante la falta de normalidad democrática votan lo que menos miedo les da y lo llaman voto útil. Es el peor de todos los votos porque ha permitido a los partidos actuales gestionar su continuidad invocando a los fantasmas del miedo.  El voto útil a convertido a nuestros partidos, en expertos gestores de nuestros miedos para su propio beneficio y para perpetuarse por turnos en el poder.

La actual crisis global no es solo de tipo económico. Sus nefastas consecuencias en todo el mundo tienen mucho que ver con la disfuncionalidad democrática de unos paises cuyos gobiernos han perdido poder ante las grandes entidades financieras y multinacionales.

En España estamos siguiendo los mismos patrones equivocados que en otros países de nuestro entorno. La solución en teoría es sencilla, castigar en las urnas a los que están destrozando el estado del bienestar en su propio beneficio. Será complicado que la situación mejore si en nuestras citas con las urnas no vencemos nuestros miedos.

Estamos votando a partidos que han cedido ante poderosas empresas cuyos intereses poco tienen que ver con el interés general.

Lo primero que necesitaríamos como votantes sería tener clara cuales son las circunstancias que deberían convertir en invotable a un partido con un pasado más que decepcionante. Ciertas prácticas políticas son merecedoras de tolerancia cero en democracia y votar a aquellos que traicionan la democracia es algo que no nos podemos permitir.

Deberíamos marcarnos unos límites estrictos de aceptabilidad que fueran compatibles con una democracia sana:

Cualquier partido afectado por casos importantes de corrupción debería quedar descartado para cualquier votante responsable. La castaza con su aforamiento goza de un régimen jurídico privilegiado que explota para sus felonías. Las personas imputadas y con causas orales abiertas deberían quedar fuera de la posibilidad de presentars a ningún tipo de elecciones. Las listas electorales deberían ser abiertas. La corrupción en España no es el chocolate del loro como se hartaron de decir. Es el cáncer de la política.

CONCLUSIONES:

Estas son unas pocas reflexiones personales y una llamada a la responsabilidad a la hora de votar.

Los partidos grandes se han parapetado bajo unas leyes electorales y bajo una serie de privilegios legales que les favorecen. Cada vez son más antidemocráticos.

El voto a un partido es un premio que debe merecerse y si ninguno lo mereciera, la próxima vez deberíamos declarar ese premio desierto por simple coherencia y sentido común. La buena noticia es que las encuestas auguran un fuerte descenso del bipartidismo en toda Europa en general y en España en particular. No seamos los últimos en quitarnos la venda de los ojos.