La historia de Valnadú.

balnadu

No es Balnadú pero se le parece bastante

Valnadú era un chucho con cruce de pastor alemán que un buen día apareció tiritando y asustado entre los setos del parque de la madrileña Plaza de Oriente  situado entre el Palacio Real y el Teatro Real. Los dueños de algunos perros que acostumbrábamos a pasear por allí le proporcionamos una mantita y algo de comida, y fue recuperando salud y confianza.

Se hizo famoso por lo sociable que era. Tanto mi madre como yo paseábamos a nuestro perro un Seter Irlandés por aquel parque  en compañía de los habituales con sus respectivas mascotas, y Valnadú se unía al grupo para acompañarnos. La Plaza de Oriente era su hogar porque allí fue abandonado. Recibía nuestras atenciones y algo de comida porque era un perro muy listo y cariñoso. Un verdadero maestro en el difícil arte de  hacerse querer.

Lo adoptaron temporalmente los dueños de un chiringuito que había en la Plaza de Oriente y que se llamaba Valnadú. No es coincidencia, es que luego llamaron así al perro por su relación con ese chiringuito.  A cambio de algunas sobras el perro cuidaba el chiringuito por las noches y no permitía que nadie se acercara a él. Tenía muy clara su tarea y la cumplía con una dedicación admirable, pero cuando llegó el mal tiempo el chiringuito fue desmantelado como todos los años. Por la razón que fuera aquellos dueños del chiringuito, le abandonaron, digamos que finalizaron el contrato con el chucho abandonándolo nuevamente a su suerte.

En invierno un vagabundo acostumbraba a dormir en uno de los bancos de la plaza. Prácticamente se metía debajo de un montón de cartones para dormir allí, a la intemperie y a Valnadú se le vio durmiendo todas las noches debajo de aquel banco cuidando de su mendigo. Él se metía debajo del banco donde dormía el mendigo y de noche no dejaba a nadie acercarse. Ni siquiera a nosotros que le conocíamos sobradamente y que le dábamos comida. Gruñía avisando de que se tomaba muy en serio su responsabilidad.

Eso de cuidar se le daba bien y le valió los favores del mendigo durante el invierno. No sabemos quién adoptó a quién, pero también fue una relación temporal. El caso es que al mendigo le venía muy bien esa compañía que le evitaba la posibilidad de ser molestado por algún gamberro o algún borracho.

Valnadú estuvo por esta plaza dos o tres años porque  cuando mejoraba el tiempo y ponían nuevamente el chiringuito, Valnadú acudía nuevamente a prestar sus servicios guardando el chiringuito y al finalizar la temporada lo volvieron a abandonar. No buscó nuevos lugares, siempre tenía a algún benefactor o a algún socio, y no siempre era la misma persona. No le faltó comida, estaba sano y bien alimentado. Sabía convencer a los demás  de lo buen perro que era.

Plaza de oriente

Plaza de Oriente

Tanto es así que fue adoptado por uno de los compañeros que por allí paseaba a su perro, pero Valnadú que siempre supo cual era su tarea, no se adaptó bien esta vez. No le gustaba compartir su amo con nadie y no se llevaba bien con el perro de la casa donde le adoptaron, pero esta vez tuvo mejor suerte,  decidieron no abandonarle. En lugar de eso  le buscaron un sitio,  en el Real Club de Automovilismo porque tenía jardín.

Finalmente uno de los socios de aquel club prendado de la inteligencia y del carácter de aquel animal, decidió quedárselo, y por lo que sabemos fue algo definitivo. Parece que después de varios años de ser utilizado y abandonado, una y otra vez por unos y por otros,  logró un amo digno de él.

Lo más normal es que hubiera sufrido desventuras de todo tipo a manos de algunos gamberros porque con los perros abandonados es lo más habitual, pero su suerte y su inteligencia tuvieron premio.

Esto podría ser un cuento infantil pero ocurrió de verdad,  normalmente estas historias acaban mal, pero cualquiera que paseara sus perros en la plaza de Oriente en aquella época, hace cosa de veinte años, sabe que es cierto.  Valnadú estuvo por allí dos o tres años, los suficientes como para dejar huella en un montón de gente que seguramente quiso adoptarlo pero no se lo podía permitir.

Nunca entendí la crueldad o la prepotencia humana con los animales y la absoluta falta de sensibilidad. Tenemos una ética hecha a nuestra medida y no es de extrañar que hayamos construido un Dios a nuestra imagen y semejanza.  Si yo fuera creyente me preguntaría como demonios de entre todas sus criaturas, Dios mostró esa desmedida e injusta preferencia por el ser humano, pero como no soy creyente, la respuesta a esa pregunta me es innecesaria.

Nunca hagas esto

Los perros premian nuestras injusticias con cariño incondicional. Si tienes perro jamás lo abandones, no solo porque es una falta castigada por la ley con multas que pueden ser importantes, sino porque seguramente la capacidad de tu perro para dar cariño y su fidelidad sea muy superior a la de mucha gente.

Share and Enjoy:
  • Print
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Blogplay
  • Add to favorites
  • Bitacoras.com
  • Meneame
  • MySpace
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • email
  • Live
  • PDF
  • Reddit
  • BarraPunto
  • Diigo

Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el canal RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio.

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

 

Consumo de PHP: 7.59MB; ___ Base de datos: 40 consultas; ___ Tiempo de carga: 1,707 segundos.