Estamos en un 24% de paro y aumentando. Los políticos en previsión de la reacción popular, se blindan descaradamente recortando aún más nuestros derechos y libertades.

La raquítica ley de transparencia ha quedado en un mero gesto con un valor muy limitado. Llegados a este punto de absoluta indefensión ante la más absoluta desvergüenza política, la pregunta sería como recuperar el concepto básico de la democracia de que la soberanía reside en el pueblo.

Supuestamente nuestros gobernantes son nuestros representantes, pero me temo que a nosotros, los trabajadores venidos a menos, no nos ven como sus representados sino como sus sumisos esclavos porque ¿Elegirías a un representante si te pone como condición los siguientes requisitos?:

  • No podrás despedirme hasta dentro de cuatro años, haga lo que haga.
  • En ningún caso habrá consecuencias penales para mí.
  • Yo decido cuanta gente necesito, quienes contrato y cuanto la pago.
  • Dispondré de todos tus bienes como a mí me parezca.
  • Incluso si decido robarte y arruinarte, no podrás ni denunciarme, ni recuperar tu dinero ni despedirme hasta dentro de cuatro años.

Por el nivel de corrupción y de impunidad de nuestra clase política, en España estamos a años luz de Islandia.

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El gobierno anterior mintió gravísimamente para evitar un descalabro electoral mayor: Europa confirma que el déficit público de España fue del 8,5% del PIB en 2011 y acusan a Rajoy de que mintió haciendo promesas que no tenía intención de cumplir.  Recordemos que Rajoy se disculpó diciendo que la situación que se encontró era muy diferente de la anunciada por Zapatero de cara a las elecciones, cosa que ahora se confirma.

En cualquier caso llama la atención que los recortes continúan protegiendo a los causantes de la crisis y cargan todo su peso sobre la clase trabajadora.

Recortan sanidad, educación, derechos de trabajadores, derechos de emigrantes, libertad de expresión pública, independencia del ente de TVE, indultan a y todo ello adquiere un tufo de totalitarismo salvaje.

En particular la criminalización de la libertad de expresión en estas circunstancias equivale a parapetarse tras el empleo de la fuerza para continuar ignorando el clamor de justicia social.

Recordemos que ya recurrieron en alguna ocasión a infiltrar policías secretos en movilizaciones para justificar un empleo de la fuerza posterior. Están deseando que las movilizaciones se radicalicen para tener la excusa de usar los métodos más expeditivos y brutales para acabar con la libertad de expresión.

Pretenden tipificar como delito los actos convocados a través de Internet que deriven en violencia.

Lo que quiero dar a entender, es que como hipotéticos representantes nuestros, tanto los galgos como los podencos, ya han traspasado todos los límites democráticos habidos y por haber.

Mientras ellos se permiten el lujo de hacer un uso indecente de indultos arbitrarios para sus amistades, el ciudadano carece de un solo instrumento que a modo de freno de emergencia sirva para apear del tren a esta chusma de farsantes y sinvergüenzas decididos a rapiñar lo que puedan durante los interminables cuatro años de mandato.

Estamos pasando de la indignación perfectamente ignorable por esta clase política a unos planteamientos de rebelión y de desobediencia igualmente pacíficos pero más duros La democracia devaluada: sobre la política del miedo en España

Las urnas cada cuatro años ya no bastan porque cuatro años son suficientes para forrarse a costa del pueblo con absoluta impunidad y mandarlo al paro primero y a la más absoluta ruina después.

El pueblo soberano necesita de un freno de emergencia que antes de llegar a situaciones de extrema necesidad como las que estamos empezando a padecer, pueda expulsar  del sistema a aquellos que se sirven de él y que lo convierten en su feudo particular durante cuatro años.